El Día y la Hora Nadie lo Sabe (IV y final), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 25 de enero de 2013, (FCP). Al continuar en la búsqueda de las señales que bíblicamente anteceden al fin de todas las cosas, nos encontramos con la predicación del evangelio de Jesucristo. Dios desea que todos los países tengan la oportunidad de escuchar las “Buenas Nuevas” de salvación: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo… y entonces vendrá el fin” (Mt.24.14).

Solo después que este evangelio haya sido correctamente predicado en todas las naciones, entonces comenzarán a tener lugar aquellos eventos del fin. Es el “evangelio del reino“, pues es el evangelio apostólico predicado en el poder y la justicia del Espíritu Santo. Pablo declara que: “otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Ga.1.8).

No es que hay otro evangelio, la Biblia afirma claramente que es uno solo: “el evangelio de Cristo” (Ga.1.7), y que este ha llegado al hombre “por revelación de Jesucristo” (Ga.1.12). Cuando se trata de mezclar en el evangelio enseñanzas, doctrinas o ideas de personas, iglesias o tradiciones no bíblicas, se puede “pervertir el evangelio de Cristo” (Ga.1.7).

El aporte negativo brindado por parte de la Iglesia cubana a la depravación del evangelio en esta carrera de los últimos tiempos, es muy significativo. Es muy triste la posición tomada por un amplio sector del cristianismo en la Isla, que está dispuesto a mezclar el evangelio con cualquier cosa, hasta con el comunismo, con tal de mantener “buenas relaciones” con el Gobierno.

Tarea del cristiano consagrado al Altísimo es la de predicar, sin hacer acepción de personas, en “todas las naciones” fiel y constantemente hasta que el Señor regrese para llevar a su Iglesia al cielo (cf. Mt.28.19-20, 1Ts.4.13). Los creyentes debemos vivir apercibidos con el inminente retorno de Cristo, y la gran comisión de seguir en la difusión del evangelio.

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mt.24.37). Las declaraciones en cuanto a Su regreso tienen una doble referencia: a la primera etapa de Su retorno en un momento desconocido (cf. Mt.24.42), y a la segunda etapa que sería después de la tribulación, cuando Él destruirá a los malos y reunirá a los justos en Su reino (Ap.19.11-20.4).

La reiterada advertencia del Señor Jesucristo de que siempre sus discípulos tienen que estar preparados para su retorno, debe entenderse como referida a su voluntad de llevar a los salvos de la Iglesia al cielo, este evento se conoce como el Arrebatamiento (cf. Jn.14.3). Al instante de efectuado este suceso comenzará el periodo terrible de tribulación (cf. Mt.24.21).

Jesús declara terminantemente que su regreso por sus seguidores que habitan la tierra antes de la tribulación, y que permanezcan fieles a Su Palabra en la proclamación de “Las Buenas Nuevas”, tendrá lugar en un momento inesperado y sin advertencia. Enfatiza Jesús en reiteradas ocasiones el elemento sorpresa de su retorno en este discurso sobre “Las señales del fin“.

Tocante a la venida de Cristo con poder y gloria para establecer juicio al mundo, donde “aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra” (Mt.24.30), será esperada y prevista (cf. Lc.21.28, Mt.24.33). Se producirá una gran batalla en el lugar conocido como Armagedón (Ap.16.16).

En el regreso de Cristo por su iglesia el elemento sorpresa está presente. Respecto a este evento la Biblia enseña que “los muertos en Cristo resucitarán primero“, y que aquellos que vivamos en ese momento, “seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1Ts.416-17).

Los acontecimientos y señales durante la tribulación crearán una actitud de certidumbre y expectativa para aquellos cristianos que se encuentren en medio de la tribulación, a diferencia de la actitud de sorpresa para los cristianos que vivimos a la expectativa del arrebatamiento. Esto se convierte en un elemento positivo para mantenerse apercibido.

Por causa de esta enseñanza bíblica, los discípulos devotos debemos estar preparados “porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mt.24.44). El regreso de Cristo, en un momento desconocido, va a ser tan inesperado “como ladrón en la noche” (1Ts.5.2), es por eso que “el día y la hora nadie lo sabe” (Mt.24.36).

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