El Paquete Está Trabaja’o, Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 25 de enero de 2013, (FCP). Pese a que el aparato censor del régimen apenas puede controlar todo cuanto quisiera, en lo que va de año ha generado un nuevo método de coacción a la libertad de información. Como quiera que sus primeros signos asomaron antes de acabar el 2012, recientemente fue que este escribidor conoció del nuevo freno gubernamental.

Ahora que la sección oficial, encargada de velar qué se trasmite por televisión y qué no, se prepara para asumir los retos que pueda suscitar el posible descanso pacífico de Hugo Chávez, es que se pone en práctica esta nueva técnica al más puro estilo del “mccarthismo“. Con la diferencia de que los “cazadores de brujas” nacionales ya tienen experiencia suficiente y atenúan un tanto la vigilia.

Como una telepantalla gigante que anhela someter la individualidad a la razón estatal, el drama del “hermano mayor que siempre te vigila” se muestra una vez más. Y si George Orwell concibió esta frase 65 años atrás para desmitificar un Estado totalitario, dotado de un sistema de vigilancia que restringía hasta la libertad interior, su puesta en escena y ulterior proyección acá no es ni mucho menos un debut.

A inicios del pasado año conocí de una oferta audiovisual ilícita llamada El Paquete, en la que por 30 pesos cubanos tendría acceso a buena parte de la producción actual de documentales, películas y de lo que ocurriese en el mundo deportivo foráneo. También se incluían reality shows, series por capítulos, espacios noticiosos y hasta algún que otro programa sobre Cuba.

Aparte de la exigua suma de dinero, el proveedor del Paquete solo exigía un dispositivo digital para “transporte”. De tan buena suerte poseía un disco externo de 150 GB, y también un selecto grupo de colegas dispuestos a asumir los gastos con tal de conocer sobre la actuación de peloteros y boxeadores cubanos en otras latitudes, principalmente en los Estados Unidos.

Durante décadas, mi apetito por el séptimo arte me hizo “correr” tras filmes nominados o premiados por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood o por la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas estadounidense, pero la mayoría de las veces hube de conformarme solo con la noticia. Y en el mejor de los casos con ver la cinta tiempo después.

Por ello, cuando escuché que la frecuencia del Paquete era semanal no dudé en hacerme cliente, pues como el contenido de este era lo “último” de la semana anterior, estaría solo a siete días de atraso respecto a las personas del mundo libre. Nada, que desde aquel entonces me supe más que enterado de lo “último”.

Además de mis filmes y documentales no olvidaba la “cuota” de los colegas que financiaban El Paquete, quienes una vez enterados que este incluía programas del Canal 41 de Miami empezaron a solicitármelos y se olvidaron un poco del quehacer deportivo de los criollos exiliados. Tampoco dejé de traerles Caso Cerrado y Mini Novelas a mi parentela femenina.

Como tenía el “transporte” y el vínculo con el “hombre” del Paquete, era yo quien lo buscaba, así fue casi todo el 2012 esta actualización informativa, en la que de un lado evadía la censura oficial y por otro me hacía cómplice de piratería, puesconsumía un producto al que le eran violentados los derechos de autor. Pero como Cuba es un país “bloqueado”, pienso que nada judicial suceda por esto.

Antes de finalizar el año noté que el Paquete traía el policíaco El Tabo, trasmitido acá a fines del siglo XX y donde se exhorta a colaborar con el aparato policial de la Isla, y el humorístico Los Amigos de Pepito, ambos de factura nacional. Esto me pareció raro, pero no tanto como la ausencia de los programas emitidos por el citado Canal 41, como A Mano Limpia, María Elvira y otros por el estilo.

Sin ahondar en el porqué de tales supresiones e inclusiones, así como en el valor estético de uno y otro de los espacios antes citados, consulté a algunos proveedores del Paquete sobre esto. Unos desconocían el motivo, pues “eso venía así de La Habana“, mientras en otros todo seguía normal. Sin embargo, la aclaración “oficial” me la brindó un oficial del Ministerio del Interior (Minint).

De más está decir el preámbulo que encerró esta “desclasificación”, pues recién se lo habían leído y no debía de contarlo, pero todos sabemos que la única misión de estos informes súper secretos es para que se sepan. “Hasta donde sé“, me contó el oficial, “el paquete lo está bajando el Minint y ya viene trabaja´o“.

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