En el Centenario del Vocablo Jazz, Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 15 de febrero de 2013, (FCP). Surgido en Estados Unidos de América, el jazz es un género musical cuyo umbral ubican los expertos entre finales del siglo XIX e inicios del XX, no obstante, su febril compás hizo que en breve se expandiera globalmente. Cualquiera que haya sido su fecha de origen, durante estos más de cien años ha recibido críticas vivamente exacerbadas y otras de altísimo cumplido.

Nueva Orleans pasó a ser parte de Estados Unidos en 1803, cuando este compró la Luisiana a Francia, territorio que antes había pertenecido a España. De ahí que galos e ibéricos, junto a alemanes, italianos, ingleses, irlandeses, escoceses y holandeses contribuyeron en la formación de la escena cultural de la sureña ciudad.

Los habitantes de raza negra, llegados la mayoría como esclavos del África occidental o de la zona del Caribe, eran también numerosos en la localidad. Precisamente en un contexto cultural tan heterogéneo como este fue donde se originó el jazz.

Ejecutado en buena medida por la población negra del lugar, el jazz cobró vida al fusionarse la música tribal africana con la europea. Este arte musical, según el New Grobe Dictionary of Jazz, “no podría categorizarse acertadamente como música folklórica, popular o “Música de Arte”, pues contiene elementos de las tres“.

A lo largo de su historia pasó de simple música popular bailable a una compleja forma artística admirada en todo el mundo. Parejo a este progreso las posturas hacia él variaron también.

En 1924 un periodista del New York Times lo calificó como “el retorno de la música de los salvajes“. Mientras en 1987 el Congreso de Estados Unidos de América lo consideró un “destacado modelo de expresión individual” y un “excepcional tesoro nacional“.

Por su parte, el pianista estadounidense Herbie Hancock definió esta estimulante música como “algo muy difícil de definir, y muy fácil de reconocer“. Fuera de suelo estadounidense padeció ataques un tanto más radicales, como el del “sabio” Mao Tse Tung, quien lo tildó de “engendro maligno, producto de la decadente sociedad occidental“.

Cuenta el músico cubano “Paquito” D´ Rivera en Con mi música a otra parte , texto del que tomo varios datos para este trabajo, que “cuando Mao capturó Shanghái en 1948 la vida nocturna de la ciudad fue clausurada por ser considerada incompatible con el socialismo“. Hasta se habla de un pianista chino que durante la Revolución Cultural le cortaron ambas manos por no dejar de tocar aquel “engendro maligno“, léase jazz.

Igual a toda nueva expresión artística proveniente de occidente que llegara a suelo bolchevique, la irrupción del jazz en la Rusia de los tiempos de Stalin conoció del embate oficial. A sugerencia de este, a los músicos rusos se les exigió cambiar sus “decadentes” saxofones occidentales por fagotes, oboes u otros instrumentos más a tono con el momento histórico.

Nikita Khrushchef declaró en 1962 que a él no le gustaba el jazz. Nada punible encerrarían estas palabras del gobernante soviético, recogidas por Fred Starr en el libro Red and Hot , si aquel no hubiese declarado en el acto: “Yo creía que era ruido de estática cuando me entraba algunas veces en la radio. Toda la música y el arte es ideológico, y la coexistencia pacífica en el campo de la ideología es traición al Marxismo-Leninismo”.

La tozudez del guerrerista ruso, dice Starr, hizo “que el Dream Café de Kiev dejara de contratar orquestas del género, mientras el club de jazz de Moscú cerró sus puertas en el otoño de 1964 y el manager del Aelita en esa capital fue dejado cesante por diseminar influencias occidentales“. Hasta el musicólogo oficial del Kremlin conoció el despido este propio año, de manos de Leonid Brezhnef.

También en la antigua Checoslovaquia se combatió al límite el sonido jazz. Milán Kundera en su novela La Broma , 1967, escribe muy en serio: “El jazz no solo desapareció por completo de la superficie de nuestra patria, sino que se convirtió en el símbolo del capitalismo occidental y su putrefacción“.

Una tesis como esta, plantea D´ Rivera, la esgrimió en 1970 José Llanuza, el hombre elegido por el régimen cubano para cerrar nuestros “contaminados antros de vicio, música americanizada y corrupción“. Así que ya es de imaginar el calvario de los jazzistas nacionales en aquellos días, máxime cuando el de “Todo en Jefe” se justificaba tiempo después con que “en nuestro país se cometió el error de confundir la ideología con el idioma“.

Para suerte de muchos hoy existe jazz rock, jazz fusión, jazz latino, jazz flamenco, free jazz… y hasta jazz afrocubano. De tan buena suerte también se sabe, contrario a su fecha de origen, el día exacto que se usó por primera vez el vocablo jazz aplicado a la música: el 3 de marzo de 1913. Si bien pronto llegaremos a ese centenario, en aquel entonces el término se usó de modo negativo, pero nadie negara de los altísimos cumplidos que goza hoy.

El músico cubano Arturo Sandoval es uno de los principales exponentes del jazz latino.
El músico cubano Arturo Sandoval es uno de los principales exponentes del jazz latino.

 

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