La Escasa Especie de los Valientes (I), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 1ro de febrero de 2013, (FCP). Aquellos hombres y mujeres extraordinarios que día a día luchan contra la adversidad y no se dejan absorber por esta, sino que se levantan por encima de la misma para continuar en sus empeños, siempre serán un enigma para el resto de los mortales. Serán objeto de admiración de muchos, otros encontrarán algo que criticar, pero a todos servirán de modelo.

Un líder, para ser amado y seguido por otros, debe poseer ciertas características o dotes que lo capaciten para trazar el camino por andar. A su vez, este debe tener la destreza de convencer a sus seguidores, no por imposición, sino por medio de la persuasión y el ejemplo, para emprender alguna buena y perdurable obra.

En el año 722 antes de Cristo, la Biblia nos habla de la caída del reino del norte, constituido por 10 tribus de Israel y gobernado por el rey Oseas, a manos de Salmanasar, monarca del imperio Asirio. Cayó Samaria, su capital, y sus habitantes fueron llevados cautivos a diferentes ciudades del imperio (cf. 2Re.18.9-11).

El reino del Sur, compuesto por las tribus de Judá y Benjamín (cf. 1Re.12.21) y cuya capital era Jerusalén, estaba encabezado por uno de los pocos monarcas que marcaron pauta en la historia de Judá. Hablamos de Ezequías, quien “hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre” (2Re.18.4).

Por largos años, el pueblo del reinado del sur se mantuvo en una hipócrita actitud religiosa respecto a su fidelidad al Dios del Cielo y la tierra. Ellos asistían al Templo a las ceremonias que habían sido instituidas por el propio Señor, pero a su vez rendían culto idolátrico a otros dioses en los lugares altos, lo cual el Todopoderoso repudió.

El profeta Isaías recoge en su libro la reprensión del Altísimo: “Hastiado estoy de holocaustos de carneros… No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación… Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecida mi alma” (Is.1.10-15). Se necesitaban valientes, como en todas las épocas, que dieran el mensaje de Dios al pueblo.

Jehová encontró un corazón valiente y dispuesto en el rey Ezequías, quien, nada más tuvo oportunidad, “quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés” (2Re.18.4). A pesar de no ser medidas populares, tomó el riesgo al ser lo beneficioso para la bendición del pueblo.

Actualmente muchas iglesias cubanas se encuentran en estado de tibieza y de acomodamiento a las normas del mundo, que cada vez más se asemejan a la sociedad que la rodea. Profesan seguir a Cristo, pero con los hechos lo niegan. Los ojos del Altísimo buscan líderes dispuestos a correr riesgos sin temer a las consecuencias, que lleven Su mensaje para que muchos sean despertados.

Ezequías, puesto que “en Jehová Dios de Israel puso su esperanza“, tuvo la osadía de mantenerse firme, no solo contra la corrupción de la nación sino también frente a la amenaza extranjera, pues “se reveló contra el rey de Asiria, y no le sirvió” (2Re.18.5-7). Este monarca es considerado, después del rey David, como uno de los más importantes que gobernaron en Judá.

Algunos años después, y por alguna razón no especificada, el rey asirio Senaquerib invadió nuevamente a Judá con un formidable ejército “y acamparon junto al acueducto del estanque de arriba” (2Re.18.17). Los generales asirios intentaron amedrentar a Ezequías y al pueblo, por medio de la burla y la blasfemia contra Dios (cf. 2Re.19.19-37).

Una vez más fue puesta a prueba la integridad y la valentía de este siervo de Jehová, que frente a la amenaza del invasor clamó a Dios, y pidió al profeta Isaías que orara también por Jerusalén y por el remanente del pueblo del pacto (cf. 2Re.19.2-4). La respuesta divina fue por medio de un ángel que provocó la muerte de 185 000 soldados asirios y Judá fue librada (cf. 2Re.19.35).

Cuando llegan los problemas y las circunstancias se tornan fuera de control, los creyentes debemos hacer tal como Ezequías hizo: Accionar cubiertos con la oración y la confianza en el Todopoderoso. Digno de imitar es el ejemplo dejado por este monarca, quien entró en la lista bíblica de la escasa especie de los valientes.

 Escultura del rey David en la Basílica de Santa María la Mayor.
Escultura del rey David en la Basílica de Santa María la Mayor.

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