La Genuina Iglesia (II), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 22 de febrero de 2013, (FCP). Para referirse a la Iglesia, el libro de Apocalipsis en su primer capítulo utiliza simbólicamente el término candelabro. El profeta Zacarías tuvo una visión en la que un ángel le preguntó: “¿Qué ves?“, y él respondió: “He mirado, y aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro” (Zac.4.2).

Este candelabro tenía siete lámpara de aceite de oliva, las cuales estaban a un mismo nivel y ordenadas bajo un depósito en forma de tazón del cual fluía el aceite para mantener llenas las lámparas. Las mismas representan al pueblo de Dios, que da plenitud de luz al mundo debido al abundante derramamiento del Espíritu Santo, simbolizado por el aceite.

Por medio de esta ilustración, el Altísimo nos deja ver el patrón para Su Iglesia por el cual debe medirse. Ni la fuerza militar, ni el poder político, ni la fortaleza humana y ni un payaso populista, pueden realizar la obra de Dios. Los creyentes (La Iglesia) pueden cumplir Su propósito solo en la medida en que se dejen guiar por el poder del Espíritu Santo.

Jesucristo comenzó su ministerio terrenal en el poder del Espíritu (cf. Lc.4.1, 18), y la Iglesia establecida fue capacitada por el Espíritu Santo el día de Pentecostés. Así se cumplió la palabra de Zacarías dada siglos antes: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zac.4.6).

Volvamos a reformularnos la cuestión: ¿Qué es aquello que justifica y que conmueve a Dios para mantener a un instrumento y le pueda llamar Su Iglesia? No es que tenga una gran historia, no es que tenga una gran membrecía, no es que aparentemente sea exitosa, sino que constantemente habite la misma vida divina en ella, como la manifestación distintiva de la presencia de Dios.

Nosotros, como hijos de Dios nacidos de nuevo, debemos vivir como un testimonio al mundo de que Cristo habita corporalmente en medio nuestro, o sea, las personas deberían ver el reflejo de Jesucristo en nosotros. Es en esto en lo que se basa el Todopoderoso para llamarnos Iglesia, “pues como él es, así somos nosotros en este mundo” (1Jn.4.17).

Al leer los capítulos 2do y 3ro del libro de Apocalipsis, nos podemos percatar de que todas estas iglesias fueron levantadas por el Señor, por tanto muchas de sus prácticas eran del agrado de Él: Aborrecían las obras de los malvados, habían puesto a prueba a falsos apóstoles, hablaban verdad, habían trabajado arduamente, habían permanecido fieles y otras.

Pero también tropezamos con que en cinco de estas siete iglesias, existía una serie de puntos en los que se alejaban del propósito divino al ser contrarios a la voluntad del Altísimo. Aquello que encontramos dentro del pueblo del Señor opuesto a la vida de Dios, se constituye en una “fortaleza“, desde la cual el Diablo “se levanta contra el conocimiento de Dios” (cf. 2Co.10.4-6).

Tristemente, al suceder semejante incidente, el testimonio de vida del instrumento de Dios queda anulado y la obra del pueblo del pacto dirigida al propósito eterno de Jehová, es inoperante. Si no son tratados estos asuntos, solo van a traer muerte a la cristiandad, y podremos seguir como “buenos religiosos”, pero desde la óptica del cielo no seríamos más parte de la Iglesia.

¿Será posible que una congregación, que por mucho tiempo haya sido cristiana, en algún momento pueda dejar de ser un representante de Dios en la tierra? El propósito del Maligno es producir muerte, por lo que su ataque esta dirigido hacia la Iglesia y tratar de producir una mala representación del Altísimo, para que muchos no puedan escapar de la condenación.

En esta descripción encaja perfectamente el caso de la Iglesia Metodista cubana, la cual es dirigida por un obispo corrupto, instrumento del Gobierno castrista y mantiene sometido a muchos con la astucia del engaño. Funestamente, no es este el único caso de las iglesias evangélicas en nuestra Isla, que de cristiana solo les queda el nombre.

Quizás algunas tengan fama, tengan buenas obras, tengan grandes espectáculos para mostrar y hasta tengan gran poder económico, pero lo que es vital, lo que justifica que sean llamadas iglesias, es que Jesucristo sea visto a través de ellas. No es la historia, ni si tienes éxito, es que las personas puedan ver a Cristo en nosotros lo que nos forja como La Genuina Iglesia .

 Zacarías, representado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.
Zacarías, representado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

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