La Verdadera Integración no Llega (III), Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 1ro de febrero del 2013, (FCP). Durante muchos años la dirigencia cubana ha buscado justificar el fracaso de su modelo económico. Pretende además, explicar la situación de penuria que viven varios países de la región desde sus posiciones ideológicas. Al manido argumento de la deuda externa ahora unen la Globalización, que ellos llaman neoliberal, y el intercambio desigual entre el norte y el sur del continente.

Algunos líderes políticos, junto a la Cumbre de presidentes latinoamericanos y caribeños, convocaron al Foro de los Pueblos. Este nació en Sao Paulo, por iniciativa de Fidel Castro, y constituye un cónclave de la izquierda más extremista. Ellos no buscan la verdadera integración, levantan el estatismo como la fórmula ideal para combatir el Estado de Derecho.

Hasta Evo Morales, el populista presidente de Bolivia, participó en esta otra cita, abanderado como es de los viejos sueños marxistas. El líder cocalero se solidariza con cualquier posición que enfrente a los Estados Unidos de América. El Foro es una alternativa para hacer más viable y de mayor penetración estas ideas en la región.

A pesar de la política antinorteamericana que se quiere impulsar desde la Celac, y que desarrolla la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), el discurso utilizado está agotado. El recetario ideológico convencional para acabar con el atraso y la pobreza en Latinoamérica ha perdido toda capacidad de convocatoria.

Un estudioso de la realidad latinoamericana se preguntaba: “¿Quién puede proponer en serio, como fórmula capaz de concitar nuevas adhesiones ciudadanas, otra reforma agraria, otra nacionalización forzada, otra economía planificada u otra economía centralizada?”. Nos hemos quedado sin recetas, sencillamente, porque atribuimos los males a circunstancias externas.

Es probable que el planteamiento no resulte halagador, llevamos más de medio siglo donde se divulga esto por todos los medios de comunicación. Constituye una asignatura de enseñanza obligatoria la acusación de que somos naciones pobres y subdesarrolladas, lo que se debe a que existen países ricos y desarrollados.

Los ideólogos de la izquierda estigmatizan la Globalización, señalan que esta hace más ricos a los países ricos y más pobres a los países pobres. Muchos escriben libros y ensayos para demostrarlo. De seguro que en esta Cumbre todos los medios de comunicación de Cuba solo reflejarán los discursos de aquellos mandatarios que fijen su posición antinorteamericana.

Como se ha manifestado en esta Cumbre, los países presentes en la misma cuentan con 550 millones de habitantes y 20 000 millones de kilómetros cuadrados de extensión. Poseen abundante riqueza potencial, además exhiben universidades que tienen cerca de 500 años de fundadas, y núcleos urbanos formados cuando Chicago era solo una pradera.

Ya muy pocos en esta Cumbre latinoamericana y caribeña, con la excepción de los presidentes de los países integrantes del Alba y otros pocos que bailan al compás de los petrodólares, se autocalifican de nacionalistas y antimperialistas. Son jefes de Estado y de gobierno que gustosamente aceptarían en sus países a las multinacionales.

Existe una corriente que hoy recorre América Latina, alimentada por el mandatario venezolano, quien acusa a las trasnacionales de ser las responsables del saqueo económico y del atraso de la región. Ellos gritan, con más pasión que reflexión, “yankee, go home” a la ITT, Chase Manhattan o la ESSO Standard Oil. Ese es el yanqui que la izquierda quiere ver lejos de su frontera.

Varios políticos liberales plantean: “Yanqui es la forma de instalar una prótesis, de marcar señales de tráfico, de celebrar fiestas, de organizar un manicomio, un cuartel de bomberos, un ejército, una estación de radio, un aeropuerto, una universidad, un almacén de víveres, una biblioteca. Yanqui es el método de luchar contra las enfermedades”.

Prosiguen en sus reflexiones: “Yanqui es la forma de regir el comercio, de contabilizar las pérdidas o las ganancias, de distribuir el agua y la electricidad o de instalar las líneas telefónicas. Yanquis en suma no son únicamente los artefactos que pueblan nuestra existencia. Lo importante, de nuestra época, no es tampoco que las multinacionales, dominen el comercio mundial”.

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