La Verdadera Integración no Llega (VI), Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 22 de febrero del 2013, (FCP). América Latina y el Caribe se enfrentan a grandes desafíos en un entorno cargado de incertidumbres. Persisten muchos de sus dirigentes en continuar con sus posiciones estatistas y antimercado. Levantan barreras contra la Globalización, el libre mercado y se empeñan en crear una fuerte corriente antinorteamericana en esta parte del hemisferio.

Los críticos de la Globalización son harto conocidos, son una mezcla de marxistas derrotados en sus concepciones, unidos estos a los que sueñan con el restablecimiento del Socialismo Real. Argumentan con frecuencia que esta es responsable de la mayoría de los males del mundo, como la pobreza, los bajos salarios y la corrupción política.

Esta tendencia no pudo predominar en la concluida cumbre de la Celac, a pesar de las presiones ejercidas por los países integrantes del Alba. Como tampoco la influencia que en muchos de los gobernantes asistentes ejercen los petrodólares chavistas. Cuando los economistas hablan de Globalización, se refieren a los recientes incrementos en el volumen del comercio.

Desde los tiempos de Adam Smith, los economistas de casi todas las escuelas han estado a favor del libre comercio. El comercio hace posible que las personas produzcan más por la especialización, la división del trabajo y los procesos de producción a gran escala. Este permite también la rápida diseminación de los avances tecnológicos.

Cuando las economías son más abiertas, pese a lo manifestado en la Cumbre por una minoría de mandatarios, a los gobiernos con políticas monetarias inestables y regulaciones costosas, se les hace más difícil atraer capitales. En una economía abierta, los resultados económicos que se obtienen son superiores a los de una economía cerrada.

Terminada la Cumbre con el nombramiento del nuevo presidente pro tempore, Raúl Castro, los promotores de la misma, comenzaron una nueva cruzada. El grupo del Alba, insistió en sus ataques al gobierno de los EEUU, y las relaciones económicas que mantiene con la mayoría de los países de la región. Según ellos, estas son de explotación y no de colaboración.

Estos gobernantes aprovecharon el escenario que le brindó este encuentro para lanzar furibundos ataques contra el Fondo Monetario Internacional. Pretendieron ignorar todo lo que el organismo financiero ha hecho para sanear sus Cuentas Corrientes, eliminar el Déficit Presupuestario, y orientar sus economías hacia el progreso y el desarrollo.

Con la sola excepción del dictador cubano, los mandatarios presentes en esta cita, todos fueron electos en elecciones democráticas. Resulta lamentable que muchos de estos presidentes cambien las constituciones con gran frecuencia, a través de negociaciones opacas, para lograr la extensión de sus mandatos, aunque se revista de supuestos apoyos populares.

Venezuela, Ecuador, Nicaragua, han modificado sus Cartas Magnas para facilitar la reelección de sus presidentes. En Bolivia, Evo Morales habló de las intenciones de reelegirse en el poder en el 2014, y para ello debe modificar la Constitución. Como se ve, estos dirigentes de la izquierda latinoamericana están muy lejos de acatar una filosofía constitucional.

Es inaceptable que por las presiones de esa izquierda gobernante en varios países latinoamericanos, Cuba tenga su asiento en este concierto de naciones. ¿Qué se puede esperar de un país donde impera una dictadura brutal hace más de medio siglo? El gobierno cubano es enemigo abierto de las democracias representativas y constituye la expresión más completa del totalitarismo.

Por eso en el discurso del dirigente cubano, como también en el de los representantes del Alba, se reiteraron las mismas añejas falsedades. Repitieron con insistencia estos personajes, que se debe cambiar el orden económico internacional. Levantaron en sus intervenciones en esta Cumbre una y otra vez lo del trato desigual, como también lo de los precios justos e injustos.

No quieren admitir que las sociedades más exitosas en términos de desarrollo son las que han conseguido crear las condiciones del cambio institucional permanente. El éxito de los países desarrollados radica en sus instituciones políticas. Mejorar la calidad de las instituciones parece un desafío inesquivable para las políticas de desarrollo en América Latina.

Desde los tiempos de Adam Smith, los economistas de casi todas las escuelas han estado a favor del libre comercio.

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