Un Nuevo Bodrio de Traición (XLII), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 25 de enero del 2013, (FCP). Sí, porque los vengativos represores y el Estado Totalitario que ellos defendían no podía darse el lujo de dejar las cosas así, ellos tenían que dar una lección de crueldad a los rebeldes Ayunantes de Santa Clara. Porque quienes tomaron el poder en 1959, por cierto que aún gobiernan, no podían dar muestra alguna de debilidad ante una ciudadanía insatisfecha.

La Revolución Fidelista y sus gobernantes no podían y todavía no pueden ser desafiados ni cívica ni políticamente, y por ello no se puede dejar pasar nada de esto. Por todo eso, de una manera fría y hasta despiadada, el poder totalitario se aseguraría de que los Ayunantes de Santa Clara la pasarían muy mal y por eso esperaron con rencor.

Pero no era el momento adecuado para reprimir, pues la Huelga de Hambre se había extendido en el tiempo mucho más de lo planificado y por tanto se acercaba un acontecimiento trascendental para el Sistema Totalitario Castrista. Una visita que de ser bien manejada le proporcionaría un cuantioso crédito al gobierno castrista.

Era un paso bien pensado para comenzar a eliminar el aislamiento internacional en que estaba enfrascada la dictadura castrista en lo político y económico, desde el momento que se había derrumbado el Campo Socialista Europeo y la Unión Soviética. Además, hacia solo tres años que el pueblo se había lanzado a protestar a las calles y se podía repetir de un momento a otro.

Aún no había tomado el poder en la República de Venezuela el salvavidas nombrado Hugo Rafael Chávez Frías, y el régimen fidelista se sostenía con la complicidad del gobierno socialista español de Felipe González. Pero este sostenimiento era precario, porque varios países de la Unión Europea cuestionaban esta conducta cómplice.

En el primer mes de 1998, el gobierno cubano sería anfitrión de Su Santidad Juan Pablo II y se necesitaba proyectar una imagen de tolerancia dentro de Cuba, inclusive con sus enemigos políticos como eran los disidentes internos. Razón por la cual reprimir antes o durante la visita de la cabeza de la Iglesia Católica Mundial sería contraproducente.

Por ello, el Viceministro Primero y General de División del Ministerio del Interior Carlos Fernández Gondín, ordenó a sus subordinados posponer la aplicación del planificado escarmiento, hasta que pasara la aureola de la necesaria visita. Una orden que no fue totalmente comprendida por el teniente coronel Raúl Fernández Mederos.

Incluso, este ya nombrado teniente coronel solicitó un Conducto Reglamentario para entrevistarse con el Jefe de la Dirección General de Contra Inteligencia (DGCI) en La Habana, pues no estaba de acuerdo con las órdenes recibidas. Al regresar de la capital vino satisfecho y dijo en una reunión: “… solamente estamos cebando el anzuelo”.

A los disidentes se les permitió conversar libremente con quienes se interesaban por ellos e incluso entre el personal médico y paramédico del Hospital Viejo de Santa Clara se hicieron insinuaciones de matrimonio con Los Ayunantes para salir del país. En esos tiempos el capitán Eduardo Castellón y el teniente coronel Fernández Mederos eran solo sonrisas y comprensión.

Durante el periplo de Su Santidad por la Isla se relajaron las tensiones entre reprimidos y represores en Santa Clara y territorios aledaños, porque en la propia ciudad, junto a Camagüey, Santiago de Cuba y La Habana, se celebrarían Misas Públicas. Estas celebraciones se dieron con miles de participantes y el gobierno ganó en imagen ante un mundo que observaba.

Estos “represores de oficio” alentaban e instaban a los familiares de los Ayunantes de Santa Clara a acelerar los pasos migratorios y a facilitarles cualquier atraso de la pérfida burocracia cubana en los documentos requeridos. Viabilizaron pasajes en las congestionadas terminales de ómnibus o de trenes para ir a entrevistarse en la capital de Cuba con diplomáticos yanquis.

De golpe y porrazo los represores se transformaron en sus “Ángeles de la Guarda” para salir del país como Refugiados Políticos. Actitudes que se miran ahora con el paso del tiempo, como contraproducentes, pero en aquellos momentos eran un paso de avance, puesto que los fuertes adversarios políticos tenían que negociar con los débiles.

Mientras, ante la sede diplomática norteamericana en La Habana, reconocidas personalidades opositoras, como Gustavo Arcos Bergnes, abogaban de buena fe por la salida acelerada de los Ayunantes de Santa Clara. Paralelamente, el gobierno ordenaba a su agente Odilia Collazo Valdés que influyera en la SINA para la expatriación de estos oponentes pacíficos.

Las cosas llegaron a inesperados niveles de facilitación por parte de los represores. El propio Raúl Fernández Mederos, Jefe del Departamento de Enfrentamiento a la Actividad Subversiva Enemiga en Villa Clara, condujo sin esposas ni otro acompañante a Daula Carpio Mata desde la prisión de Guamajal-Mujeres hasta un estudio fotográfico para hacerle su Foto de Pasaporte.

Esta cínica y hasta burlesca actuación de los sicarios fue tan convincente, que la madre de Iván Lemas, la señora Teresa Romero, una católica de toda la vida y Maestra Normalista, nos decía a todos los presentes: “¡Qué educados son Raúl y Castellón! Ellos son tan humanos, y se preocupan de que todo se resuelva rápido”.

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