Un Nuevo Bodrio de Traición (XLIII), Guillermo Fariñas Hernández.

Coco.jpg

La Chirusa, Santa Clara, 1ro de febrero del 2013, (FCP). La Visita Oficial de Su Santidad Juan Pablo II a Cuba pasó y la imagen de crueldad, intolerancia y violencia proyectada durante años por el gobierno castrista se atenuó un poco. Resultó magistral la manipulación de las circunstancias internacionales adversas al régimen totalitario de Fidel Castro, y cómo este logró disminuir el rechazo de la opinión pública internacional.

Al terminarse este evento histórico en la Cuba contemporánea, de inmediato se cursaron las órdenes precisas por parte de las más altas instancias del Ministerio del Interior (Minint) para terminar con el ayuno en Santa Clara. Pero cuando todo estaba preparado para desatar una represión brutal y ejemplarizante se dio una contraorden.

Esta provino del mismísimo Fidel, quien sin dar explicación de ningún tipo dijo, a través de sus más cercanos acólitos, que había que esperar. Una orientación que resultó asimilada con reservas por los represores de oficio, entre ellos el oficial Raúl Fernández Mederos, quien pidió otro Conducto Reglamentario, al que no se le dio curso y se le dijo que esperase.

Un exoficial de la DGCI recuerda respecto a esto: “En una conversación en el Club del Minint, con unos cuantos tragos de más, y tras terminarse el tema de los Ayunantes de Santa Clara, el propio Raúl Fernández aseguró que cuando vino la contraorden pensó que lo prometido a él en La Habana había sido traicionado y por eso iba a renunciarle al Mando Superior…”.

Prosigue: “…Control Interno, que sabía las intenciones de Raúl Fernández, se adelantó y concertó con la Dirección Política del Minint en Villa Clara para evitar esto, y a este como Jefe del Departamento de Enfrentamiento a la Actividad Subversiva Enemiga se le citó y se le puso la coyunda: ¿Usted confía o no confía en la Dirección de nuestra Revolución?…”.

Continúa: “… y Raúl tuvo que aceptar que no estaba confiando en los máximos dirigentes de la Revolución y se retractó ante la Dirección Política y el Delegado del Minint en Villa Clara, el general de división Pascual Rodríguez Braza, quienes le aseguraron que era necesario esperar un poco y espaciar entre el escarmiento a los Ayunantes y la Visita del Papa Juan Pablo II…”.

Termina: “…Con las nuevas órdenes dadas, el hoy coronel Rubén Álvarez Pérez, propuso al Mando Superior crear un clima de distensión entre los Ayunantes y sus familiares, para eso se les entregaron por parte de la Dirección de Inmigración y Extranjería del Minint los Pasaportes Oficiales y los Permisos de Salida Definitiva del País (Tarjetas Blancas) a los Ayunantes”.

Este gesto distendió perceptiblemente la tensión en el seno de quienes ayunaban y se encontraban entre la vida y la muerte. A partir de ese momento cometieron otro error esencial, creyeron que ya podían confiar en sus represores. No tuvieron en cuenta para nada que ellos se encontraban dentro del territorio nacional y la influencia de la opinión pública es relativa.

A partir de ese momento, se comenzaron a hacer insinuaciones de parte de Raúl Fernández Mederos y Eduardo Castellón para que los Ayunantes de Santa Clara empezaran a alimentarse, mientras que el Agente “Félix” los respaldaba. Casi todos los familiares fueron sensibilizados a favor de la dejación de la huelga de hambre.

De una manera sutil, estos histriónicos oficiales del G-2, pues es bueno reconocerles sus dotes actorales, mostraron públicamente que ellos habían perdido ante la resolución, la inteligencia y la valentía de los Ayunantes. Lograron convencer, tanto a los huelguistas como a sus más cercanos consanguíneos, de que la Seguridad del Estado podía ser derrotada impunemente.

Todo esto chocó con la opinión de los Asesores de la Huelga, quienes al no estar involucrados emocionalmente, como sí lo estaban los familiares de los Ayunantes, éramos mucho más difíciles de manipular emotivamente. Personalmente considero que la oposición pacífica interna en general era muy novata y por eso todos pagamos la novatada.

Yo, como amigo personal de Iván Lemas Romero, pude influir sobre él para que no comieran hasta que no estuvieran fuera de Cuba. Esto desató una fuerte polémica entre unos Ayunantes que estaban de acuerdo con Lemas Romero, y otros que seguían a Daula Carpio Mata, quien creía que el barraje mediático era tal, que el gobierno perdería más de incumplir lo prometido.

Librado Linares García, Armando Ocaña Salcines y Omar Pernet Hernández consideraban que los huelguistas no deberían comer sin antes salir del país. Lázaro García Cernuda, quien fungía como máxima autoridad del PPDHC-AFAS en libertad, tampoco fue partidario de comer antes de salir de la Isla.

Un martes 20 de enero de 1998 se discutió el tema entre todos Los Ayunantes de Santa Clara y los oficiales de la Policía Política Fernández y Castellón, con la presencia del médico a cargo Luis Esteban Terry. También se dejaron entrar a ese debate a algunos familiares que se pronunciaban a favor de que se comenzase a comer.

Fui anulado durante mi tratamiento diario de fisioterapia en el Hospital Universitario “Arnaldo Milián Castro”. Allí mi compañero de armas, el teniente coronel de la Contra Inteligencia Militar (CIM) Pavel Martínez, me pidió que le contara las injusticias por las que me puse contra la Revolución. Cosa que hice, y por la cual llegué tarde a la reunión donde se acordó comer.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s