Un Nuevo Bodrio de Traición (XLV), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 15 de febrero del 2013, (FCP). A partir de ese momento, comenzó la cuenta regresiva de la felonía en ciernes por parte de la Seguridad del Estado castrista versus Los Ayunantes de Santa Clara. Porque a pesar de las sonrisas que les profesaba el mayor Raúl Fernández Mederos, este ya empuñaba con fuerza la sica de los que apuñalean a traición.

La propuesta jugada más cínica vino del ahora coronel Rubén Álvarez, quien jamás les dio la cara, pero siempre fue la mano que meció la cuna. Por orientaciones expresas de este punitivo, los oficiales Mederos y Castellón le propusieron a Los Ayunantes que les proporcionarían una dieta alimentaria especial por parte del gobierno.

Estos mencionados como desalmados represores entre “comprensivas sonrisas”, les plantearon a quienes ayunaban que el Mando Superior había indicado restablecerlos físicamente. Estos estaban muy deteriorados, y no los dejarían salir del territorio nacional hasta que la deteriorada imagen de Los Ayunantes de Santa Clara no fuera restablecida.

Por desgracia para Los Ayunantes de Santa Clara, ellos mordieron el anzuelo una vez más y percibieron en esta última afirmación, la confirmación de que querían sacarlos lo más rápido posible del país. Por eso accedieron a restablecerse con prontitud, para abandonar ya mejor restablecidos este infierno en vida en que el totalitarismo ha transformado a Cuba.

Para ello, la Dirección de Aseguramientos del MININT les comenzó a suministrar alimentos desde sus privilegiados y bien surtidos comedores. Aquello era algo inverosímil, en tempranas horas de la mañana arribaba un oficial del MININT a la Sala # 10 y les informaba sobre las distintas ofertas para desayuno, almuerzo y comida.

Cada uno de los que habían estado en huelga de hambre escogía su menú para el almuerzo y la comida de ese día, así como el desayuno de la próxima jornada. Ante esta avalancha de buenos nutrientes los desgarbados cuerpos de Los Ayunantes de Santa Clara se comenzaron a restablecer con rapidez y la lozanía regresó a sus rostros otrora famélicos.

Sería bueno recordarle a los lectores, que en aquel año 1998 la ciudadanía cubana de a pie se enfrentaba a un Periodo Especial Recrudecido, donde el pan nuestro de cada día eran los apagones eléctricos, la falta de transporte y sobre todo la alimentación carencial. Algo que hacía tener una autopercepción colectiva de una nación de hambrientos.

Esta situación antes descrita solo se comenzó a revertir levemente con el triunfo en Venezuela del presidente Hugo Chávez en 1999, cuestión que estaba aún por venir. Pero en el momento que se ejecutó la huelga de hambre en la capital de la central provincia de Villa Clara, para nada se exagera al afirmar que pasaban hambre la mayoría de los cubanos.

Como asesores de la Huelga de Hambre, permanecimos junto a ellos en ese supuesto periodo de bondad y lontananza de los represores respecto a sus reprimidos, pues estábamos casi seguros que la traición por parte del gobierno vendría. Como le gustaba decir al hoy exiliado Omar Pernet Hernández: “Al zorro no se pone a cuidar el gallinero, porque siempre le sale el instinto“.

Pero a la misma vez, como asesores del ayuno teníamos sentimientos encontrados, porque deseábamos equivocarnos para que nuestros hermanos viajasen a continuar en la batalla por la Democracia Representativa en la diáspora. Mientras que veíamos con impotencia como Los Ayunantes de Santa Clara caminaban hacia el engaño y la emboscada.

De los represores, solo daban la cara Raúl Fernández y Eduardo Castellón, y ellos supieron ocultar magistralmente sus intenciones malignas. En la superficie todo era amor y comprensión entre opositores y represores, estos últimos se transformaron en la práctica en unos mandaderos de los Ayunantes de Santa Clara.

Un exoficial de la DGCI del Ministerio del Interior ya retirado, recuerda al respecto: “Un domingo en el Club del MININT de la Carretera de Malezas el mayor Castellón dijo ante un grupo de colegas: Estoy haciendo el papel de recadero de estos hijos de p…, pero cuando llegue el día de destrozarlos lo haré con mis propias manos, ellos me van a aprender a respetar…“.

Prosigue: “… y cuándo le preguntamos ¿Y si no llega la orden Castellón?, este nos contestó: De verdad que si la orden del Mando Superior no llega, es una basura de p… y entonces habrá que inventar la orden o pedir la Baja de Servicio, porque a la Revolución se defiende o se pierde todo defendiéndola y yo soy un revolucionario verdadero c……“.

Una señal de peligro vino el 18 de febrero de 1998, porque la capitana Mercedes Luna, hoy teniente coronel, quien era la directora de la prisión Guamajal-Mujeres de Villa Clara, llegó para devolver a la cárcel a Ileana Peñalver Duque y Lilian Meneses Martínez. La militar adujo que según la Evoluciones Médicas de las pacientes, estas ya no debían seguir ingresadas allí.

Finalmente arribaron Raúl Fernández y Eduardo Castellón y desautorizaron a la oficial de la Dirección de Establecimientos Penitenciarios (DEP) del MININT y esta se retiró. Pero para todos quedó bien claro, que el cumplimiento o no de la palabra dada pendía de un fino hilo, que era la eticidad del engañoso gobierno castrista.

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