Un Nuevo Bodrio de Traición (XLVI), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 22 de febrero del 2013, (FCP). Después de esa supuesta “falsa alarma” Daula Carpio Mata como jefa que era de aquel grupo de hombres y mujeres temerarios ante la dictadura, sostuvo dos conversaciones exploratorias con Mederos y Castellón. En las cuales ellos con alevoso y premeditado cinismo le aseguraron que saldrían al exterior lo más pronto posible.

Ya a esa altura del juego Los Ayunantes comprendieron, aunque tarde, que ellos habían malogrado su principal instrumento de presión sobre el gobierno, el martirio o no de sus vidas a punto de ser perdidas en aquella abstinencia de alimentos. Entendieron finalmente que su recuperación física los hacia vulnerables y sobre todo reprimibles de nuevo.

Para evitar cualquier mal entendido, y como se iba a conmemorar la fecha patria del 24 de febrero, Los Ayunantes de Santa Clara acordaron en reunión no dejar pasar la efeméride. Ya la mayoría de los que se recuperaban tenían una postura de suspicacia y determinaron poner a prueba la palabra empeñada por las autoridades competentes.

Por eso Daula Carpio les informó con varios días de antelación a los oficiales de la Policía Política, que acudían a diario al hospital, que ellos harían un modesto homenaje. Ni Raúl Fernández Mederos y mucho menos Eduardo Castellón le hicieron objeción alguna, por el contrario estuvieron muy de acuerdo con la actividad en preparación.

Es importante recordarles a los lectores, que aún estaba muy reciente el derribo de dos avionetas civiles y desarmadas de la organización “Hermanos al Rescate”, en aguas y cielos internacionales. Además de la tradicional jornada sobre la última guerra independentista nacional del Siglo XIX, conocida como Grito de Baire, en esa fecha de 1895.

Así se citaron a muchos de los opositores de Santa Clara y otros municipios aledaños a la ciudad, para que estos acudieran a la hora de la visita hospitalaria reglamentada. Se pretendía hacer un modesto homenaje a los asesinados en las avionetas de “Hermanos al Rescate” y también respecto al Grito de Baire.

Mientras más invitaciones se cursaban a los disidentes, mayor era la comprensión por parte de Raúl Fernández Mederos y Eduardo Castellón. Estos represores de oficio solo le pidieron a Daula Carpio Mata, como máxima dirigente de Los Ayunantes de Santa Clara que ella era, que la actividad contestataria no trascendiera las paredes de la Sala # 10 del Hospital Viejo.

Con aprensión y sospecha se percataron estos valientes y temerarios anticastristas, que desde las 48 horas antes del 24 de febrero de 1998, los asiduos oficiales de la represiva dejaron de visitarlos. El médico a cargo, el Especialista en Medicina Interna Esteban Terry, al indagar por estos uniformados fue informado que se encontraban fuera de la provincia.

Casi 24 horas antes de la fecha señalada, empezaron los arrestos en los municipios a los opositores que pretendían participar en la actividad conmemorativa ya programada. Así de golpe y porrazo nos enteramos que nuestros hermanos de ideas de Caibarién, Camajuaní, Cifuentes, Manicaragua y Placetas no los dejarían participar.

Daula Carpio Mata e Iván Lemas Romero determinaron proseguir en el cometido de homenajear lo planificado, pues como me aseguró Iván en la noche del 23, en vísperas de la traición: “… mi hermano ya estamos crucificados, así que lo único que nos queda es morir con las botas puestas, porque retroceder ahora sería de cobardes”.

Recuerdo que esa noche y madrugada, de 23 para 24, casi no se durmió entre los Ayunantes de Santa Clara, sus familiares y los opositores que estábamos más cercanos a ellos. En lo personal, yo me fui para mi casa cerca de las 11: 00 pm, pues estaba a la espera del zarpazo por parte de la represiva.

Al amanecer, ya se sentía una inefable tensión en el ambiente del Hospital Viejo, todos miraban a Los Ayunantes de Santa Clara como si fueran camino al patíbulo. Lo más interesante es que nadie decía nada al respecto, pero la tensión se respiraba entre el personal médico y paramédico que atendía a los protestantes.

Una cuestión sumamente sospechosa fue que el galeno al frente del tratamiento clínico de los Ayunantes de Santa Clara no se presentó tras la Entrega de Guardia, como todos los días. Ante el asombro de todos los implicados en aquel ayuno, durante la mañana el profesor Esteban Terry no hizo acto de presencia en su sala, ni ante sus pacientes.

Todo esto cambió repentinamente con la dinámica rutinaria de la Sala # 10 del Hospital Viejo, antiguo San Juan de Dios, porque los otros médicos aterrorizados ni se acercaron por el cubículo donde se encontraban Los Ayunantes de Santa Clara. Esa mañana, estos defensores cívicos de la Declaración Universal de Derechos Humanos no fueron atendidos por nadie.

Entre tanto, las horas pasaron con rapidez y se acercó el medio día, por lo que ya la hora de la visita hospitalaria también, y con ella la actividad contestataria planificada. Yo, al pasar como cada día antes de seguir para mis ejercicios de fisioterapia, decidí quedarme, pues me extrañó que el profesor Esteban Terry no diera la cara.

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