Anatomía de un Concierto de Pedro Luis Ferrer (I), Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 29 de marzo de 2013, (FCP). Cada uno de los conciertos que ofrece Pedro Luis Ferrer trae consigo altas dosis de guaracha, un hondo lirismo, así como también un fuerte sabor a cubanía. Además de este profundo sentir poético, y criollo aroma presente en sus presentaciones, la obra musical de este guitarrista, compositor y cantante, natural de Yaguajay, Sancti Spíritus, es todo un canto a la contemporaneidad.

Vigente sobre todo en sus textos, esa actualidad ha hecho que durante las escasas cuatro o cinco ocasiones que le he visto actuar nunca haya experimentado el sentimiento de apatía que usualmente aflora cuando ciertos espectáculos no son de mi agrado. De tan buen azar, la última de estas gratas vivencias la tuve el pasado 21 de marzo en el Teatro “La Caridad”.

Ese día, y como parte de una gira que antes conoció Camagüey y a su natal Sancti Spíritus, y coincidente con la fecha fijada por la Unesco para celebrar el Día Mundial de la Poesía, Pedro Luis Ferrer se presentó en Santa Clara. De esa suerte, lo trazado por dicha entidad respecto a “consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo” tuvo en Ferrer un fiel defensor.

La actuación que tenía preparada para esta ciudad, según él: “tierra de muchos trovadores, donde como muy poquitos lugares de Cuba se mantiene un movimiento trovadoresco tan fuerte“, la inició con Estimado Mario Agüé. Guaracha de su autoría, sobre la cual comentó que llegó a escuchar en una ocasión de “la voz de nuestra querida Celia Cruz“.

Finalizada la canción aclaró que había repetido dos veces una misma estrofa, y que había omitido otra, desliz que bien pocos repararon, pero que una vez explicado sirvió para que se le “castigase” con un fortísimo aplauso. Quizá el público local actuó así, por lo poco habituado que está a que se le expliquen ciertos errores. Como por ejemplo, los que cometen los gobernantes.

A este “hit” siguieron otros de honda huella poéticacomoTonada del ciquitraque, Dime, bolero trovadoresco interpretado por su hija, y Reiteración.Luego entonó: “íntima, salsa china, encendedor y bombones/ pastelitos de guayaba, colchón de cuna, condones“, estribillo de un pregón-guaracha que no interpretó, pero que hizo saber al público que se hallaba ante un versátil cantautor.

En la guaracha, festivo género musical llegado a Cuba junto al teatro español, lo principal es el texto, y Pedro Luís lo sabe muy bien. Por ello en Sin comé, parte del soundtrack de la película Melodrama, el momento más jovial fue cuando se le oyó esto: “en la luna cuando ma´ se puede estar un me´, dos me´, tres me´, cuatro me´ quisa´, pero cinco me´, cinco me´ no se puede estar“.

Nana para un suspiro,incluida en el CD “Rústico”, de 2005, es de esas canciones que el juglar compuso para su hija, pero que califica “patrimonio de la familia“. Aun así, aquella noche Lena compartió ese legado familiar como si de nada de valor se tratase, como si la dulce fragancia manada de su suave voz hiciera de esta interpretación una herencia difícil de cuidar por ella sola.

Sobre la influencia ejercida por su abuela Inocencia Pérez un su vocación artística dio fe en unas palabras previas a La trabazón, composición que tiene como antecedente inspirador algo de aquello que le escuchó a ese ser amado. En esta pieza musical expuso como la tartamudez, “eso que nos da tanta risa a veces, pero que es muy difícil para quien lo padece“, ha servido de hilo inspirador a otras creaciones musicales.

Con la poesía musicalizada Qué misterio hay en ti, unos de los versos más bellos del poeta, el tema del amor inundó el alegre teatro. El más dulce de los sentimientos humanos se adueñó del auditorio no más se escuchó: “Qué misterio hay en ti que me obliga a soñar y mentir, es acaso que guardas el sol, te bebes la luna y tal vez te conviertes en ave y me das, en el vuelo del amanecer, una forma de ser para ti como nunca he podido yo ser…“.

Resulta difícil abordar toda la realidad cubana en apenas dos horas de función, pero intentar moldear ciertas aristas de una sociedad machista como la nuestra, fue lo que se planteó el bardo con Maridos majaderos. Canción que de inmediato acaparó la atención del sector femenino presente en el vetusto recinto, sobre todo por el guarachero estribillo “abajo los maridos tan majaderos…“.

Pedro Luis Ferrer con parte de su grupo.

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