La Furia de la Feria contra el Libro Libre, Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 1ro de marzo de 2013, (FCP). Varios eventos culturales de actualidad, pese a la imagen plural que irradian, en ocasiones parecen que fueron concebidos para legitimar errores de décadas pasadas. Con la Feria Internacional del Libro pudiera darse el caso, pero la ausencia de títulos nacionales y foráneos críticos con aquellos que en la Cuba post 1959 nos han “sugerido” qué leer y qué no, anula esta posibilidad.

Buena parte de los volúmenes vendidos estos días en Santa Clara, como parte de la 22da edición de dicha Feria, carecen de una cotidianidad creíble y no son portadores de la agonía política que amarga hoy al pueblo cubano. Si bien es cierto que estas realidades no tienen porqué tratarse en todos los tomos puestos a la venta, ¿por qué comercian los que abordan odiseas de naciones no afines al oficialismo?

Para nadie es un secreto que quienes acuden a la lectura, ya sea a través de libros, periódicos o revistas aumentan sus conocimientos, y los que se informan solo por la televisión no pasan de poseer una cultura superficial. ¿Confirma acaso esto que con la llegada del televisor se hizo más torpe la humanidad?

Ahondar a través de renglones, párrafos o capítulos, en un asunto que tal vez desconozcamos del todo, sin duda nos aportará un vínculo más recíproco con la sabiduría, pues el saber crecerá a medida que nos introducimos en los detalles de la temática en cuestión. Ahora bien, ¿y si en este afán intelectualoide nos sumergimos en la literatura basura?

Quizás las respuestas a cada una de las anteriores interrogantes las encontremos en la antigua hipótesis de que los conocimientos raras veces llegan a ser dañinos. O tal vez las hallemos en estas célebres palabras de Günter Grass: “La literatura da voz a los perdedores, a quienes no son protagonistas de la historia“, porque esta “vive de las crisis y su misión es profanar cadáveres“.

Cuando acudimos a una feria de tanta importancia para el libro cubano oficial como esta, la cual se niega aun a reflejar la pluralidad del mundo insular que habitamos, descubrimos que dentro de la propia nomenclatura del poder existe sectarismo contra el saludable universo informativo que regalan los libros. O sea, es como si participáramos en una furia contra el libro libre.

Indagué sobre cualquier manual o escritor que haya profundizado en el contexto adverso que vive el país y advertirá cómo allí solo le facilitarán textos con alusión a desajustes sociales acaecidos en otras partes del planeta. Situación que sin dudas hace que nuestros literatos escriban solo sobre trágicos acontecimientos políticos ocurridos en la arena mundial, para garantizarse así su no desaparición del mundo literario.

Sobre esta especie de intolerancia cultural en la literatura de la Cuba Revolucionaria es bueno argumentar que ello no es ni mucho menos un tema nuevo. Desde los cierres de periódicos en 1960, por criticarle errores al proceso político nacido entonces, hasta la recién encarcelación de Ángel Santiesteban, Premio de Novela Casa de las Américas y Alejo Carpentier, confirman lo anterior.

Hace exactamente un año comenté en esta misma columna, que la Feria del Libro gozaba de buena salud y que como espacio cultural no necesitaba un estudio a fondo. Doce meses después aseguro que la desmedida afluencia a ella no representa un justo referente de la voluntad ciudadana hacia el hábito de lectura, sino que más bien responde a una acción automática, pues estas multitudes raras veces se notan en las librerías o bibliotecas diseminadas por la ciudad.

De todo lo anterior deduzco que aunque los libros posean mayor protagonismo informativo que cualquier otro medio, los estantes colocados en derredor del parque Vidal vienen a hacer la tarea asignada decenios antes a las brigadas de adoctrinamiento rojo. Aun así, no es del todo erróneo acudir a la Feria a adquirir algunos libros y después ensanchar el tema que nos interesa por otras vías, como pueden ser las Bibliotecas Independientes.

Buena parte de los volúmenes vendidos estos días en Santa Clara, como parte de la 22da edición de la Feria del Libro, no son portadores de la agonía política que amarga al pueblo cubano.
Buena parte de los volúmenes vendidos estos días en Santa Clara, como parte de la 22da edición de la Feria del Libro, no son portadores de la agonía política que amarga al pueblo cubano.

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