La Genuina Iglesia (IX), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 12 de abril de 2013, (FCP). Donde quiera que sea establecido el reino de Dios, con la presencia transformadora de la Divinidad, todas las cosas son restauradas de su estado de desorden a un nuevo orden de vida, el cual es de acuerdo a la voluntad del Todopoderoso. Esta renovación de toda la creación comenzó con un acontecimiento extraordinario: El sacrificio de Cristo en la cruz.

Aquellos que por la fe han aceptado a Jesucristo como su salvador mediante la revelación de la Palabra de Dios a sus vidas, son transformados en nuevas criaturas y trasladados al Gobierno de Dios por el Espíritu Santo. Pablo sentenció: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2Co.5.17).

Para este propósito fue concebido desde el cielo el instrumento de la Iglesia, mediante el cual es establecido el reino de Dios en la Tierra y desplazado a su vez el de las tinieblas, promotor de la muerte y el desorden. Si una determinada congregación no puede mostrar claras muestras de esta transformación, es porque algo no funciona bien.

El creyente, bajo la obra del Espíritu, es mudado en una nueva persona a la semejanza del Altísimo. La carta a los efesios lo explica de forma sencilla: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef.2.10).

Las Sagradas Escrituras nos traen al conocimiento de que lo único eficaz para subvertir el viejo orden de confusión y muerte, que ha reinado después de la entrada del pecado en la humanidad, es la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Quizás suene desenfrenado, pero “…la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan… es poder de Dios” (1Co.1.18).

La verdadera Iglesia cristiana es aquella que, en cualquier parte del Planeta esté ubicada, tiene una viva representación del orden divino, en el cual hay vida y libertad, y que a su vez es el modelo al cual los cristianos deben ser conformados. Es insuficiente si las personas solo oyen a cerca de esto, es necesario que vean aquello en lo cual no existe muerte.

Trágico ejemplo para la comunidad de Santa Clara resulta el encuentro sostenido entre la Unión de Jóvenes Comunista (UJC) con jóvenes religiosos, publicado por el “periódico Vanguardia” del día 23 de marzo del 2013. De más está decir que dicha reunión, entre otras cosas, terminó con una ponencia y una reflexión sobre los cinco espías, supuestos antiterroristas cubanos.

Cualquier individuo al ver esta noticia podrá percibir varias imágenes, como que estos dos grupos podrán tener creencias diferentes, pero al parecer tienen un mismo discurso y similares objetivos en los cuales se unen. Las personas podrán ver cualquier cosa, pero nunca captarán el orden divino, pues allí no está la vida celestial, esto es solo una cortina de humo.

Mientras Jesucristo era bautizado en el río Jordán, “hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mt.3.17). Así que Jesús es el patrón del nuevo orden (Reino de Dios) en que debemos ser transformados, Él es la representación de la nueva creación y es eso lo que debe ver el mundo, “el que tiene oídos para oír, oiga” (Mt.11.15).

Si las personas que nos rodean no han alcanzado a distinguir a Cristo a través de las vidas transformadas de aquellos que comúnmente nos llamamos cristianos, es porque sencillamente somos una mala representación de la Iglesia de Jehová. En algún momento dejamos de ser bendición para convertirnos en instrumentos de maldad, no existe una tercera posición.

En el mensaje a las siete iglesias que están en Asia, que se encuentra en el libro de Apocalipsis, encontramos situaciones que fueron señaladas por oponerse al propósito de Dios. Las iglesias recibieron reprensiones por admitir prácticas maléficas en su seno, y no solo eso sino que corrían el riesgo de ser desechadas como iglesias de Su reino (cf. Ap.2.5).

Resistir el pecado y toda impiedad que trate de penetrar la Iglesia es tarea de todo cristiano consagrado, cuando esto pasa a un segundo plano le damos entrada a Satanás quien traerá muerte y destrucción. Así que Dios debe tener en los creyentes la representación del orden celestial, que atestigua una nueva vida, los que así viven son parte de La Genuina Iglesia .

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