La Genuina Iglesia (VIII), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 5 de abril de 2013, (FCP). Cristo, el Dios eterno, dejó el cielo por un espacio determinado de tiempo para venir a habitar entre los hombres, la naturaleza humana y divina se unieron en Él, y desde su nacimiento Satanás trató de destruirlo. Es por esto que el rey Herodes, lleno de cólera, ordenó la matanza de los niños menores de dos años en la ciudad de Belén y sus alrededores (cf. Mt.2.16).

Algunos años pasaron y encontramos un nuevo ataque del enemigo de las almas contra el Mesías, esta vez Jesús se encontraba en un prolongado ayuno en el desierto. De este enfrentamiento el Hijo de Dios salió victorioso con una fuerte reprensión hacia su atacante: “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mt.4.10).

El Padre de mentira quería romper el vínculo tan estrecho que existe entre Dios el Padre y Dios el Hijo, porque al quebrarlo entonces podría destruirle. Un nuevo ataque se generó en la sinagoga de la ciudad de Nazaret. Después de declarar proféticamente el cumplimiento de las Escrituras en Él, un grupo de airados israelitas quiso arrojarlo por un despeñadero (cf. Lc.4.16-30).

La mayoría del pueblo judío de aquel entonces no comprendió la visita mesiánica, y Juan apuntó una de las declaraciones más tristes de Las Escrituras: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo…, pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron“, porque “los hombres amaron más las tinieblas que la luz…” (Jn.1.9-11, 3.19).

Jesucristo es la personificación de la auténtica vida, su testimonio es luz para todo el mundo, en otras palabras, la verdad, el propósito y el poder de Dios están a la disposición del género humano por medio de Él. La Iglesia debe ser el canal para la manifestación de esa vida, la cuestión es: ¿Permitiremos que Cristo se manifieste, o solo seremos una organización de debate?

Imperativo es para el ser humano conocer que la vida, en sentido espiritual, solo puede ser alcanzable en virtud del sacrificio en la cruz del Señor Jesucristo. En la carta a los filipenses Pablo escribió: “… a fin de conocerle (a Cristo), y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Fil.3.10).

Cuando una iglesia se convierte en el profeta de Dios para su nación, de su seno brotará la vida como un manantial, y las personas lo sentirán sin necesidad de que nadie les cuente. Evidentemente esto es algo que agita al reino de las tinieblas que inmediatamente envía sus hordas infernales contra todo lo que huela a vida celestial.

El pasado cuatro de abril se cumplió un aniversario más de aquella formidable marcha cristiana acontecida en nuestra ciudad de Santa Clara en el año 2010, en la que participaron diversas iglesias evangélicas. La presencia del Altísimo se podía palpar, pero las huestes de maldad del Gobierno imperante se dejaron sentir con sus respectivas represalias contra algunos pastores.

La verdadera iglesia está puesta en medio de la humanidad para ser una voz que se escuche, para que todos sepan como acceder a la vida, no olvidemos que Jesús dijo: “… Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn.10.10). Una “iglesia” de entretenimiento no representa ninguna amenaza para el enemigo de las almas.

En virtud de lo que Él hizo en la cruz, y al creer en Su obra expiatoria, tenemos acceso a la vida eterna, a la vida en abundancia, y esto se hace real progresivamente en el peregrinar de los creyentes. Mientras el poder de la cruz trata con un individuo, más será expresada la vida de Dios a través de esa persona, la cual será como una luz sobre un candelero (cf. Mt.5.14-16).

Con la irrupción del pecado en la creación, Adán fue traspuesto en otro hombre que ya no expresaba lo que el Creador deseaba, este suceso también afectó toda la creación, la cual está sumida en un gran desorden de muerte. Jesús vino a restaurar el orden divino y si una iglesia no funciona para este propósito “no sirve más para nada, sino para ser echada fuera” (Mt.5.13).

Muchas instituciones ostentan nombres de iglesias cristianas e históricas, pero no hay un fluir de vida en ellas, son solo un sistema religioso que no sirve de lumbrera al mundo. Los cristianos debemos ser una expresión y conducirnos como un testimonio de que Jehová Dios levantó a Cristo de entre los muertos, solo así estaremos incluidos en La Genuina Iglesia .

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