La Genuina Iglesia (X), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 19 de abril de 2013, (FCP). Para formar parte de la Iglesia de Dios se requiere, como algo estrictamente necesario, una vida que sea expresada diariamente por medio de la persona del Espíritu Santo. Es una necesidad ineludible que seamos llenos del Santo Espíritu, pues “cuando miramos la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2Co.3.18).

La realidad es que no podemos, aunque lo intentemos con todas nuestras fuerzas, capacidades y habilidades, vivir una vida agradable delante del Creador si no es con la ayuda de la tercera persona de la Trinidad. No existe la más mínima posibilidad de ser conformado al orden de vida, al cual Dios desea conducirnos, por medio de nuestra voluntad y aparte del Espíritu de vida.

A medida que experimentamos la proximidad, el amor, la justicia y el poder de Jesucristo mediante la oración y el Espíritu Santo, se experimentará en el creyente una transformación progresiva a Su semejanza. “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones” (2Co.4.6).

Esto es lo extraordinario del poder subversivo de Dios, que nuestras vidas estaban bajo la muerte por el poder de Satanás y el Altísimo cambió las cosas, pues el apóstol declaró: “Y él os dio vida a vosotros cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef.2.1). Dondequiera que al Todopoderoso se le permita habitar, una transformación para vida se producirá.

Muchas congregaciones y denominaciones enteras se encuentran sumergidas bajo un desorden de muerte que los incautos no notan por estar cubierto por un manto religioso, y mediante este proyectan una fachada de iglesia. Sabemos que esto es posible y real, pero Dios no está en ese engaño “porque las obras de sus manos son verdad y juicio” (Sal.111.7).

El que escribe fue victima de un complot organizado por un grupo de estos “campeones religiosos” de la Iglesia Metodista en Cuba en junio del 2011. Al ser expulsado por el agente Alcolea, pastor nombrado para Sta. Clara, le pregunté: ¿Cuál es mi pecado? y él solo me contestó que me tenía que retractar de mi opinión respecto al pastor Yordi Alberto Toranzo.

La mayoría de estos místicos se autoconvencieron, aunque están en una posición falsa, de que ellos se hallan en lo correcto, por lo cual son las personas más difíciles de alcanzar para sacarlas de la muerte espiritual. Ellos usan las Escrituras, hablan de Dios, hablan en lenguas, diezman, participan de Santa Sena, pero la vida del Altísimo está ausente.

Todo el poderío limitado de Satanás lo dirigió contra Cristo en su ministerio terrenal para que Él actuara por cuenta propia independiente del Padre, pero esto fue rechazado por el Mesías. Los cristianos contemporáneos debemos saber que si actuamos, nos movemos o hablamos sin un sometimiento al Espíritu Santo, estamos alejados de Dios y el fin de este camino es muerte.

Quizás tengamos las mejores intenciones, quizás nos parece que nuestros motivos son correctos, pero también es verdad que muchas cosas religiosas hechas para Dios no han sido inspiradas por el Espíritu Santo y solo han traído maldición. Cuando Simón vio que por mano de los apóstoles se daba el Espíritu, él ofreció dinero para hacer lo mismo, pero fue reprendido (cf. Hch.8.18-24).

Para aquellos que “edifican” en el nombre de Dios, cuando en realidad usan ese nombre para beneficio de unos cuantos, es necesario que se arrepientan para que vengan tiempos de refrigerio y no de juicio. Las Escrituras enseñan que “la obra de cada uno será manifiesta…, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (1Co.3.13).

Aunque edifiquemos con estricta disciplina y mucha religión, si la obra no se lleva a cabo de acuerdo al modelo de Dios e inspirada por el Espíritu Santo, la misma no va a ser tomada en cuenta. El hombre en su estado natural solo puede producir una rancia religión, que será puesta a un lado porque no procura ningún fruto para la gloria de Dios, sino para la vanidad humana.

Hay solo una cosa que puede llevar a cabo la obra del Todopoderoso, y es aquello que procede del Espíritu Santo “porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1Co.2.10). Hay demasiados cristianos que hacen, según su propio juicio, lo mejor que podían hacer, pero esto no es suficiente, pues debe fluir la vida en La Genuina Iglesia .

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