Las Organizaciones Progubernamentales, un Caso Cerrado, (I) Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 8 de marzo del 2013, (FCP) En muchos países en el mundo existen organizaciones de diversos matices, que mantienen objetivos bien definidos dentro de la Sociedad Civil. El papel jugado por las mismas es de suma importancia y crece en la medida en que los problemas enfrentados por la humanidad se vuelven cada día más difíciles y complejos.

El Calentamiento Global, el incremento inusitado de la población mundial, las epidemias, la hambruna y las violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos, constituyen el programa de acción de las organizaciones humanitarias independientes. Su papel no supeditado a las orientaciones oficiales eleva su responsabilidad, su autoridad y el prestigio ante la nación.

Pero en la vida real no sucede así, en Cuba no existen asociaciones independientes legales, incluso hasta muchas órdenes y congregaciones religiosas viven pendientes de lo que orienta la oficina de Atención a la Religión del Partido Comunista. Por lo tanto se pueden contar con los dedos de las manos las Organizaciones verdaderamente No Gubernamentales que existen en Cuba.

Los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP), la Federación Estudiantil Universitaria y de Enseñanza Media, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y otras que funcionan en el país, las controla políticamente el Estado.

Con razón se afirma que estas entidades son las poleas trasmisoras de las orientaciones del Partido Comunista de Cuba (PCC). Cada una de ellas tiene su papel específico en el proceso por el que transita la sociedad cubana. Mediante la aplicación de la política, que la dirección del país les impone, contribuyen al más férreo control que se ejerce contra la población.

La CTC que agrupa a los veinticincos sindicatos nacionales antes federaciones de industrias, ha sido un elemento clave en el control totalitario sobre la Clase Trabajadora. Este proceso de adocenamiento del movimiento obrero, que lo ha incapacitado para situarse junto a otros sectores de la sociedad en la vanguardia de la lucha por la democracia, comenzó a partir del año 1959.

Un veterano dirigente sindical ya fallecido, manifestó en una ocasión lo siguiente: “En ningún momento anterior a 1959 Castro había expresado su propósito de instaurar en Cuba una república de trabajadores. Ni siquiera había dado muestras de interesarse de modo especial por el bienestar de obreros y campesinos. Jamás se involucró en las luchas campesinas”.

Continuaba: “Jamás se asoció con grupo sindical alguno dentro o fuera de la CTC. Cuando ingresó en la política lo hizo para denunciar los vicios de la política tradicional y enfrentarse a la dictadura de Batista. Sus aisladas referencias a los problemas sociales podían haber sido suscritas por cualquier líder político moderado.”

Proseguía: “Castro desconocía, por otra parte, las necesidades, prioridades y aspiraciones de los obreros y campesinos, pues él nunca trabajó ni como asalariado ni por cuenta propia. ¿Qué le había hecho pues cambiar su orientación? ¿Por qué se dedicó desde el primer momento a hacer avanzar su proyecto de una república socialista de trabajadores?”.

La respuesta es sencilla: por las grandes posibilidades que a su ambición ofrecía la idea de la dictadura del proletariado. Quien llegaba al poder en medio de un gran vacío político había abrazado el marxismo desde muchos años atrás. Según él, había fortalecido esa creencia a través de sus lecturas durante 20 meses que pasó en la prisión.

Fidel aspiraba a ejercer un poder absoluto y encontró en el marxismo-leninismo y en su etapa de la dictadura del proletariado, el pretexto y la ocasión para hacer efectivos sus propósitos. La clase trabajadora y el sindicalismo serían los medios que iba a utilizar para prolongar indefinidamente los poderes que ya detentaba en 1959.

Para ganarse el apoyo de la clase obrera empleó a fondo sus actitudes demagógicas y adoptó múltiples medidas calificadas de populistas. Aplicó sus habilidades para fomentar el odio hacia la nación y el gobierno norteamericano. Desde los primeros días procuró halagar a la clase obrera, atribuyéndole un gran papel en la lucha contra la tiranía Batistiana.

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