Lo que No Debemos Olvidar Nunca, Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 5 de Abril del 2013, (FCP). Cuando se realiza un balance de los acontecimientos ocurridos en los primeros días del mes de enero de 1959, surge inevitablemente el lado sombrío y engañoso de la revolución. Se sucedían los hechos de sangre y se daba paso al clamor de venganza. Entre el frenesí revolucionario y la excitación del pueblo, se vislumbraba el régimen de terror que acababa de ser instaurado.

Lo sucesos de aquella temprana época y cada uno de los hechos que conmovieron a la opinión pública internacional, forman una página negra en la historia de Cuba. Se fusilaba en cualquier lugar, al descampado, en fortalezas y cuarteles militares. Miembros del ejército derrotado y supuestos esbirros e informantes fueron ejecutados en juicios sumarísimos.

La Prensa daba cuenta de militares hallados muertos, de esbirros asesinados y de gente que huía. El 2 de enero Ernesto Guevara ordenaba la ejecución sin previo juicio de varios militares en Santa Clara, también se fusilaba sin proceso a otros militares en las ciudades de Pinar del Río, Guantánamo, Matanzas y Camagüey.

El 1ro de mayo de 1959 carteles y pancartas pedían fusilamientos para los contrarrevolucionarios y conspiradores. Meses antes, en una masiva manifestación, una gigantesca multitud gritaba “¡Paredón, Paredón, Paredón!”. Triste y ominosa señal de un pueblo que así perdonaba la abominable práctica de las ejecuciones extrajudiciales.

Resulta interesante señalar que ni el dictador derrocado Fulgencio Batista Zaldívar, ni ninguno de sus principales sicarios, fueron ejecutados. A los fusilamientos masivos de los batistianos siguieron los fusilamientos recurrentes de los que el régimen calificaba de contrarrevolucionarios, es decir, de cuantos osaban oponerse al naciente comunismo totalitario.

Perdieron aquí sus vidas tres antiguos comandantes del Ejército Rebelde (Humberto Sori Marín, William Morgan y Plinio Prieto). Murieron varios capitanes, clases y soldados de ese mismo ejército, jóvenes cristianos que luchaban contra el materialismo, y otros muchos que aspiraban a restaurar la esencia de la revolución de los humildes y los principios de la Constitución de 1940.

No hay un día en el calendario, en este más de medio siglo de gobierno totalitario, en que no sea posible conmemorar la ejecución de uno o varios cubanos. No hay pueblo de la Isla que no haya hecho su contribución a esa interminable cosecha de sangre. El territorio de la antigua “Las Villas” presentó una fuerte y tenaz resistencia a la naciente y feroz tiranía.

Verdad irrefutable es que en las revoluciones que registra la historia siempre hubo un período inicial de terror. Ello fue siempre un fenómeno temporal. La Revolución Francesa, que acuñó el término “gobierno por medio del terror”, lo vivió sólo un año y dio paso a la reacción termidoriana. La revolución rusa lo prolongó durante toda la época de Stalin.

Solo en Cuba, afirma un estudioso de la realidad cubana, el terror latente o manifiesto, multiforme y recurrente, ha durado 54 años y por el momento ha dejado de aplicarse la pena de muerte. Los fusilamientos, según este autor, fueron el anticipo de un nuevo sistema de gobierno llamado a alternar ejecuciones y cárceles con la propagación de un miedo interminable.

Este politólogo se refería a que siempre a lo largo de la historia los vencidos sufren el rigor de los vencedores, y los opositores corren el riesgo de ser enjuiciados. El más elemental respeto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos asimismo exigía que a los cubanos acusados se les reconociera el derecho a que se presumiera su inocencia mientras no se probara lo contrario.

Lo sucedido en Cuba, a lo largo de estos 54 años, es cosa muy distinta de ese esquema de protección de los derechos humanos. Miles de cubanos han sido, en efecto, ejecutados por tribunales militares, revolucionarios o populares que no eran competentes, ni pertenecientes a un poder judicial independiente.

Nunca deben ser olvidados estos relatos de 54 años de cruenta tiranía. Es necesario mantener viva la memoria histórica, para que estos hechos no se repitan y nunca más vuelvan aquellas pantomimas de juicio en las que predominaban el odio y la venganza. Muchos que iniciaron la revolución fueron luego devorados por ella. Como hizo Saturno.

En 1959 se fusilaba en cualquier lugar, al descampado, en fortalezas y cuarteles militares.

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