Un Nuevo Bodrio de Traición (L), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 22 de marzo del 2013, (FCP). La primera ya está referida aquí, ellos lograron sacar las legendarias huelgas de hambre grupales o personales del Presidio Histórico Anticomunista de las cárceles castristas hacia las calles cubanas. Una cuestión que ya se había realizado, pero con protestas individuales y su mérito consiste en haber tenido la primicia de hacerlo de una manera colectiva fuera de las ergástulas.

El segundo de los logros que trajo la realización de este ayuno y la publicidad mediática que atrajo sobre sí desde el exterior, incluso al interior de Cuba, puso por primera vez a la región central de la Isla en los primeros planos de Oposición Pacífica Interna. Una postura privilegiada que aún ostenta en los menesteres prodemocráticos.

Esta era una posición que hasta ese momento solo había ostentado la ciudad capital del país, La Habana. De pronto, y por unos meses, el ombligo del anticastrismo en este archipiélago se centró en otro lugar que fuera la ciudad capital de todos los nacionales. Ello por supuesto que sentó un precedente para otros sitios que vendrían después.

La solidaridad internacional y nacional que se conquistó por aquellos temerarios días, todavía perdura en estos tiempos. Aunque ya quedamos aquí pocos de los protagonistas y testigos de aquella hombrada democrática, nadie pone en duda que desde aquel instante se perfiló el camino de siempre tratar de ser una piedra en el zapato de la dictadura castrista.

Como mismo la consolidación de un núcleo opositor auténtico, y no ninguneado por la Seguridad del Estado en el centro de Cuba, constituyó una dura pelea prodemocrática. Tras las lecciones negativas o positivas que arrastró la constitución de la Comisión #11 de Concilio Cubano, internacionalmente se comenzó a fijar la vista aquí en Las Villas.

Pero creo modestamente que eso no fue suficiente para catapultar al antiguo territorio de Las Villas a una posición de vanguardia en las conductas contestatarias de los patriotas cubanos que se enfrentan al castrismo desde adentro. Esto solo se alcanzó con el Ayuno de Santa Clara contra la espuria causa judicial contra Daula Carpio Mata.

Al igual que los nombres de Los Ayunantes de Santa Clara son prácticamente desconocidos para los opositores no violentos actuales, porque el tiempo pasado, la desidia de muchos y las tareas acuciantes de este momento no nos permiten regresar a la historia. Algo que nos hace perder la tradición narrativo-proselitista de los que batallaron antes que nosotros, para continuar hoy.

También por la inmediatez cotidiana se han perdido los nombres e identidades de todos prodemócratas de estos territorios centrales, quienes tomaron y alzaron las banderas al salir al exilio, Los Ayunantes de Santa Clara. Después de ser regresados a sus penitenciarías estos valientes cubanas y cubanos, otros continuaron con esas mismas banderas.

Después de desmantelado el Ayuno de Santa Clara, los núcleos opositores de mayor importancia que quedaron fueron los radicados en los municipios de Camajuaní y Placetas de la provincia Villa Clara. Estos se transformaron en los más fuertes de la región central, y aunque ambos poseían características muy distintas de lucha cívica, se complementaban entre sí.

Camajuaní tenía y aún tiene a Librado Linares García al frente del Movimiento Cubano Reflexión (MCR). Esta organización se caracterizó por priorizar al trabajo intelectual y proselitista, aunque también realizaba acciones en las calles. Se pudieran destacar al ensayista poeta y politólogo Joaquín Cabezas de León y al también poeta Juan Carlos Recio.

En Placetas, el liderazgo lo llevaba Berta Antúnez Pernet, hoy exiliada, opositora que era secundada por un grupo de lujo como María Elena Alpízar, Alejandro García, Pedro Herrada, Omar Pernet y Amado Ruiz Moreno. Aquí trabajaban nucleadas varias entidades contestatarias y se caracterizaban por ejecutar temerarias acciones en las calles.

Por su parte, en la municipalidad de Caibarién, se comenzó a consolidar una agrupación independiente, con excelentes relaciones y orientaciones con la de Camajuaní, la Asociación Nacional de Balseros. Su líder era el siempre íntegro y después exprisionero político del Grupo de los 75, Margarito Broche Espinosa, ahora exiliado.

Mientras tanto, en la capital provincial Santa Clara, todo era más difícil, puesto que la entidad opositora con mayor cobertura mediática y de patrocinio material del exilio era el Movimiento Acción Democrática (MAD). Era un ente contestatario que había sido creado por verdaderos anticastristas y al estos exiliarse resultó copada su dirigencia por el G-2.

Esta agrupación la dirigía formalmente Luis Ramón Hernández Rodríguez, pero bajo las cuerdas de Juan Francisco Fernández Gómez, devenido agente “Félix” del G-2, quien decía la última palabra allí. Este constituía un escollo difícil de superar, porque su credibilidad por ser preso político del Presidio Histórico era aún muy alta.

Primero como parte del Movimiento Cubano Reflexión y después independiente, personalmente yo traté de conjugar como opositor la labor intelectual con la lucha en la calle en una agrupación opositora auténtica para Santa Clara. Ello trajo que los seguidores de Luis Ramón Hernández me tildaran de disidente “loco” e inmaduro.

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