Un Nuevo Bodrio de Traición (LII), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 5 de abril del 2013, (FCP). Este proyecto casi se malogró al yo ingresar a prisión en octubre del 2002, cuando caí en una provocación orquestada por el Primer Sustituto del Delegado del Ministerio del Interior en Villa Clara, coronel Leandro Garnica. Con él establecí un pulseo personal respecto a la desobediencia civil y la toma de las calles en la Ciudad de Marta Abreu.

Este alto oficial del Minint me lo había prometido un mes antes, cuando en una Asamblea de Candidatura al Poder Popular expliqué a mis vecinos durante casi una hora qué era el Proyecto Varela y su sustentación en la propia Constitución Socialista vigente. Después, como para rematar, los invité públicamente a que anularan sus votos en las próximas elecciones.

El objetivo consistió en sacarme de circulación de las calles de Santa Clara, porque aunque la Contrainteligencia todavía no conocía nuestros planes, ya comenzábamos a convertirnos en paradigmas de la desobediencia civil en la vía pública. Algo que ponía contra la pared al grupo de Luis Ramón Hernández, el cual abogaba por ejecutar acciones dentro de las casas.

Resulté agredido el día 17 de octubre del 2002 por el ya destapado agente “Félix” de la Seguridad del Estado y por desgracia para la causa no actué con la ecuanimidad necesaria y le respondí a su ataque. En mi ofuscación aún creía que tenía derecho a hacer lo que haría cualquier ciudadano, aplicar a mi favor la Legítima Defensa.

Aquello resultó en mi tercera Prisión Política. Por mi decisión errada, muchos planes que ya estaban casi a punto tuvieron que posponerse, y al grupo de “tanques pensantes” que permanecieron en libertad los embargó la incertidumbre.

Desde el propio momento de mi arresto les informé a los represores que me declaraba en huelga de hambre y sed, pues como Ciudadano Cubano había sido agredido primero y ante la ley poseía todo mi derecho a ejercer mi Legítima Defensa. Creo que esto impidió que no se tomaran represalias físicas contra mi persona por parte de la Seguridad del Estado.

Como primera instancia de arresto estuve en la Unidad Provincial de Investigaciones Criminales y Operaciones de la Seguridad del Estado (Upico-DSE) en Villa Clara. A los pocos días se me trasladó hacia la Upico de la provincia y a mi supuesto delito se le trató de dar una connotación de Delito Común, para desacreditar mi imagen como opositor anticastrista.

A pesar de la continuación de mi abstinencia de alimentos me pasaron hacia la prisión “La Pendiente”, localizada en la zona suburbana oeste de la ciudad de Santa Clara. Allí primero me introdujeron en el Destacamento # 4, con presos altamente peligrosos, quienes en su inmensa mayoría se solidarizaron conmigo. A los pocos días me encerraron en una celda de castigo.

De la celda de castigo tuve que ser llevado a la Enfermería de la ergástula, porque ya mi organismo perdía fuerzas minuto a minuto. Después tuve que ser trasladado a la Sala # 13 de Penados que existía en el Hospital Viejo, antiguo San Juan de Dios de Santa Clara, debido a que mi estado de salud se deterioró ostensiblemente.

Estuve muy grave en tres ocasiones en la Sala de Terapia Intensiva de ese centro sanitario santaclareño y si no terminé finalmente en la necrópolis de mi ciudad natal, fue por el esmero, profesionalidad y humanismo del personal médico y paramédico. En lo personal yo ya había dado mi vida por perdida y trataba que fuera sin mostrar miedo y sí con mucha dignidad.

Sin embargo, mi estado de salud se mantenía precario y mi percepción psíquica del asunto no ayudaba en nada a cambiarla, pues yo ya daba mi muerte como una cosa segura. Según el coronel de la Seguridad del Estado Luis Mariano Lora ellos valoraron que para evitar otro mártir anticomunista era necesario sacarme del contexto en que me había habituado en Santa Clara.

Ya a finales del mes de noviembre del año 2002 fui trasladado con el consentimiento de mi familia hacia la siempre “tenebrosa” Sala de Penados de Delitos contra la Seguridad del Estado, ubicada en La Habana. Esta se localizaba dentro de los predios del Hospital Militar “Dr. Carlos J. Finlay” en el barrio de Marianao.

Allí permanecí en huelga de hambre y sed durante 12 largos y angustiosos meses, donde se me trató de quebrantar psicológicamente para que claudicara ante mis represores. Durante este periodo fui llevado a Santa Clara y allí condenado a 7 años de privación de libertad, el día 1ro de abril del 2003. Después se me regresó a la misma institución en la capital del país.

En el mes de enero del 2004 se me aplicó, sin yo pedirlo, una Licencia Extrapenal para evitar mi muerte. Si contamos los meses de octubre y noviembre del 2002, para agregárselos a los 12 en que permanecí en la Sala de Penados de delitos Contra la Seguridad del Estado del Hospital Militar, me mantuve con este estatus autodestructivo por 14 meses.

Al arribar a mi casa en Santa Clara fui visitado por todos los involucrados en el proyecto de hacer de esta ciudad y de la región un verdadero foco de la oposición pacífica interna. En mi fuero interno surgió un gran orgullo hacia ellos, pues en ninguno había menguado en lo más mínimo el deseo de tomarle definitivamente al castrismo las calles de la ciudad.

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