Un Nuevo Bodrio de Traición (XLIX), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 15 de marzo del 2013, (FCP). Fui sentado a la fuerza en la acera frente al Hospital Viejo por órdenes expresas del coronel Freddy Castillo Véliz, jefe provincial de la DGCI en Villa Clara. Y para que no me convirtiera en un “peligroso” pacifista contrarrevolucionario, fui rodeado por cuatro fortachones con uniformes de color azul, los cuales estaban mucho más asustados que yo.

Desde aquel privilegiado sitio pude ver toda la rudeza y abusos físicos que fueron aplicados contra Los Ayunantes de Santa Clara, a los que sacaban cargados entre 3 y 4 policías o miembros de la Unidad de Operaciones de la Seguridad del Estado. Todo parece indicar que las indicaciones eran, sin distinción de sexo, humillar corporalmente a los rebeldes no violentos.

Pero también, en la premura de los represores pude denotar un inefable terror que ellos sentían hacia estos luchadores pacíficos, y a este tipo de lucha. Con el tiempo, me percaté que los punitivos solo modelaban la profunda inseguridad del Sistema Totalitario Castrista con respecto a esta modalidad de lucha pacífica.

Ante mi pasaban aquellas escenas como un filme de acción y donde no se me permitió intervenir, pues el en aquel entonces capitán de la Policía Política Eduardo Castellón me había identificado al sacarme a la luz y les dijo a los de la Brigada Especial que yo no era Ayunante. Fue por eso que no sufrí las golpizas que les daban ante mí ojos a ellos, los que antes ayunaron.

Aquellos uniformados se ensañaron con Los Ayunantes de Santa Clara, incluidas las mujeres, los casi 5 meses de ira e impotencia contra una acción cívica como la ejecutada hasta ese momento. Aquel constituía el momento para sacar de sus conciencias las conductas crueles o animalescas que todos los hombres y mujeres llevamos dentro.

Aunque todavía no lo conocíamos, los represores frente a nosotros estaban altamente aterrorizados frente a un método de Desobediencia Civil que ellos ya pronosticaban se iba a extender dentro de las filas de los prodemócratas cubanos. Sus distintos Equipos Multi Disciplinarios de Análisis Operativo (EMDAO) así lo aseguraban.

Mis hermanos de luchas e ideas fueron montados en unos automóviles militares y lanzados a la oscuridad de las ergástulas, como un fallido intento de que estos fueran olvidados. El objetivo que se buscaba era que su ejemplo no se propagara entre la potencial y mayoritariamente ciudadanía desafecta de la región central país.

Pero para desgracia del totalitarismo castrista ya el daño estaba hecho, pues la cobertura mediática dada a este evento desde el exilio resultó fatal para la futura estabilidad política del régimen. A partir de este primer ejemplo grupal los ayunos comenzaron a ser valorados como una manera plausible de exigirle al gobierno castrista ciertos derechos.

Recuerda un exoficial de la DGCI: “… después del Ayuno de Santa Clara se nos impartieron varias conferencias por oficiales venidos desde La Habana, quienes nos aseguraban que debíamos priorizar entre nuestra agentura la desestimulación de cualquier otro intento de realizar ayunos, porque se podía convertir en algo muy peligroso para el orden interior del país…”.

Prosigue este exoficial: “… también se nos explicó que cada uno de nuestros Agentes por Convicción, debían desprestigiar a todo contrarrevolucionario que poseyera tendencias a ejecutar huelgas de hambre o ayunos, estas descalificaciones siempre estarían basadas en la estabilidad psíquica de los propensos a ayunar y se proporcionarían los datos al respectos…”.

Continuó: “… estos expertos en huelgas de hambre nos llenaron la cabeza con lo peligrosas que estas podían ser, porque era un método usado por los contrarrevolucionarios que no necesitaba de muchos recursos materiales, y llamaba la atención de la opinión pública internacional inmediatamente, pues solo se necesitaba de resolución personal y una buena motivación”.

Terminó: “… incluso a nivel nacional se les indicó a los agentes infiltrados identificar a todo contrarrevolucionario que tuviese la más mínima inclinación a hacer huelgas de hambre y se creó un Banco de Referencia Nacional sobre este aspecto, después se organizó todo un Grupo de Análisis a nivel del Alto Mando que monitoreaba a los potenciales huelguistas…”.

No obstante a todo esto, la Huelga de Hambre como método de enfrentarse a la dictadura de Fidel Castro se ha afianzado cada día dentro de la Disidencia No Violenta Interna. Los ejemplos en el batallar diario de la Disidencia Interna sobran y aunque se han visto estrepitosos fracasos en este bregar, han existido modestos triunfos que dan esperanzas.

Pero a veces, es muy doloroso observar como son desconocidos los pioneros en Cuba de la Huelga de Hambre Colectiva en la Calle, que fueron históricamente Los Ayunantes de Santa Clara. Desgraciadamente su temeridad ha caído en el olvido y sobre todo no se estudian por parte de potenciales huelguistas de hambre los errores y aciertos de Los Ayunantes de Santa Clara.

Es mi modesta opinión, que Los Ayunantes de Santa Clara con su osada acción contestataria de hace casi 16 años, lograron dos cuestiones fundamentales para la democratización en Cuba. Algo que cambió radicalmente la percepción y ejecución de la lucha no violenta, pues se comenzó a dejar las posturas panfletarias por las temerarias.

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