Un Nuevo Bodrio de Traición (XLVII), Guillermo Fariñas Hernández.

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La Chirusa, Santa Clara, 1ro de marzo del 2013, (FCP). Pasada la 1:00 p.m. se presentaron ante Los Ayunantes de Santa Clara dos de los vicedirectores del hospital, de estos una mujer apodada Petunia y el otro apellidado Quintana. Ambos dirigentes administrativos venían con una expresión extraverbal de pocos amigos y los acompañaba otro médico de baja estatura, piel blanca y complexión fuerte.

Quintana fue quien habló y les informó a los Ayunantes de Santa Clara junto a sus familiares, que el doctor Esteban Terry había sido sustituido en sus responsabilidades para con ellos. Para proseguir con el tratamiento clínico a ellos, la dirección del Hospital Viejo de Santa Clara, antiguo San Juan de Dios, había designado a otro especialista.

Ellos venían acompañados por el médico y también Especialista en Medicina Interna Elvis López, quien trabajaba en ese mismo centro asistencial, pero en otro servicio. Los ayunantes de Santa Clara se percataron que detrás de aquel remplazo habría una trampa, pero todavía no la conocían.

El doctor Elvis López se aseguró bien e inmediatamente, que a partir de ese momento todos los allí presentes conocieran las pretensiones de aquella permuta. Este galeno, antes que se retiraran la pareja de vicedirectores, en un acto de total falta de Ética Profesional expresó: “… yo sí no soy Terry, que tiene la mano demasiado blanda, yo vengo a terminar con este relajo…”.

Casi de inmediato, Elvis López se dirigió hacia el buró donde radicaba la Central de Enfermería de la Sala #10 y ya allí le solicitó a la Secretaria de Sala, con una autoridad que rozaba la prepotencia, las Historias Clínicas de cada uno de los Ayunantes de Santa Clara. Se las puso debajo de su brazo izquierdo y se encaminó hacia el cubículo de los protestantes cívicos.

Con una parsimonia macabramente estudiada, el doctor Elvis López se paró frente a la cama ocupada por cada uno de los ayunantes y repitió la misma frase: “… después de estudiar su caso tengo el criterio clínico de que se le debe dar el Alta Médica…”. Y así en menos de cinco minutos todos Los Ayunantes de Santa Clara ya estaban de Alta.

Allí ardió Troya como asegura la frase popular, porque los que ayunaron junto a sus familiares y algunos de los pocos opositores pacíficos que se encontraban dentro del Hospital Viejo de Santa Clara, comenzaron a gritar consignas anticastristas. Se oyeron ante el asombro de todos: “Abajo Fidel”, “Fidel asesino”, “Abajo la dictadura”, “Viva la democracia” y muchos otros.

Inmediatamente, la Sala #10 resultó rodeada por efectivos militares y paramilitares, todos ninguneados por la Seguridad del Estado. En ese momento aparecieron los hasta ahora escondidos rostros de Raúl Fernández Mederos y Eduardo Castellón, precisamente ellos eran quienes estaban al frente del operativo represivo.

La alteración del orden y la vociferación ante el alevoso engaño fue de tal magnitud, que los pacientes en el área de Consulta Externa corrieron hacia el lugar y se solidarizaron con los Ayunantes de Santa Clara ahora traicionados. La aglomeración de personas en aquel lugar fue inmensa y le ató las manos a las fuerzas represivas.

También algunos de los trabajadores de servicios del propio Hospital Viejo de Santa Clara comenzaron a protestar ante la maniobra engañosa, pues la propia Daula Carpio Mata poseía una gran ascendencia allí. Ella, tras abandonar por problemas personales la Universidad Pedagógica “Félix Varela” de Villa Clara, había laborado durante varios años en aquel hospital.

Los que protestábamos éramos: Los Ayunantes de Santa Clara, sus familiares que sumaban cerca de 10 personas y alrededor de 30 disidentes pacíficos presentes allí para la conmemoración del 24 de febrero. A ellos se sumaron unas 40 personas solidarias con quienes ayunaron y ahora el gobierno los engañaba al incumplir la palabra dada.

Un exoficial retirado de la DGCI del MININT aseguró al respecto: “… ese día 24 de febrero de 1998, cuando se había ordenado desde el Alto Mando del Ministerio del Interior, se cometieron varios errores garrafales, pues el médico asignado a los contrarrevolucionarios por ser militante del PCC, quien era de apellido Terry se negó firmar las Altas Médicas a Los Ayunantes…”.

Y continúa: “Este médico, sin tener una información previa sobre lo que se pretendía hacer, porque se había valorado por el Equipo Multidisciplinario que su postura hacia Los Ayunantes era de franca confraternización y sensibilización personal con el caso, este médico se había convertido en un aliado emotivo de los que ayunaron, por lo que debimos sustituirlo antes…”.

Prosigue: “… al médico se le citó a la Dirección y allí se le pidió que les diera las Altas Médicas a los que ayunaron, este se negó de plano y planteó que su criterio clínico era recuperarlos unos 30 días más, allí se discutió con él durante horas, pero este se mantuvo en sus trece durante toda la mañana, hasta que se determinó sustituirlo por un médico más cooperador…”.

Termina: “…también fue errática la manera brusca en que se les informó a los que ayunaron y a sus familiares, potenció que aquello se transformara en una situación explosiva, que se nos pudo ir de las manos y aumentar proporcionalmente un enfrentamiento donde nuestras fuerzas no pudieran controlar la situación en un área tan concurrida como un hospital”.

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