Un Nuevo Bodrio de Traición (XLVIII), Guillermo Fariñas Hernández.

Coco.jpg

La Chirusa, Santa Clara, 8 de marzo del 2013, (FCP). Después de aquello resultó explicita la traición alevosa del gobierno castrista representado por su Policía Política, por lo que Los Ayunantes de Santa Clara por fin entendieron que aún tendrían que padecer mucho. Este, sin lugar a dudas, fue un duro y esclarecedor golpe bajo para ellos, y también para la disidencia interna cubana.

La alteración del orden, por la alevosía cometida por las autoridades represivas, duró varias horas, donde los engañados Ayunantes junto a sus familiares y a sus hermanos de lucha e ideas dieron rienda suelta verbal a su indignación. Desde una visión psicopatológica de lo sucedido allí, sin dudas que nos encontrábamos ante una Catarsis Colectiva.

Los represores ante aquel arranque de valentía y temeridad se replegaron cobardemente, como manera de evitar la solidaridad que generó tanto engaño. Se hace necesario reconocer que los trabajadores del hospital, los visitantes y hasta los acompañantes de los pacientes, se pusieron de parte de aquellos burlados sin escrúpulos.

Aquel centro sanitario se transformó en una tribuna popular, desde donde se gritó y se dijo de todo versus los gobernantes, sin temor a las consecuencias. Una postura peligrosísima en el tipo de régimen totalitario y cerrado que desgobierna en Cuba, en el cual el control social sobre la ciudadanía se ejerce a través del terror y el miedo.

Un exoficial de la DGCI involucrado en los hechos rememora: “… después del intento de regresar a Los Ayunantes a prisión, se creó un altercado de gran magnitud y repercusión en el propio hospital y con rapidez se dio la orden de no intentar sacarlos de inmediato, porque había que esperar a que se calmaran los ánimos para evitar males mayores…”.

Al final de la noche del 24 de febrero de 1998, varios de los que habían ayunado, encabezados por José Antonio Alvarado e Iván Lemas, comenzaron a elucubrar regresar a la postura de huelga de hambre. Por desgracia, entre estos valientes compatriotas no existió unanimidad en cómo reaccionar ante el engaño sufrido.

Existieron dos vertientes en cuanto a la respuesta a dar por parte de Los Ayunantes de Santa Clara. La primera de ellas, y que fue finalmente minoritaria, consistía en volver a la abstinencia de alimentos; mientras la segunda, que fue mayoritaria, se reducía a aceptar el regreso a prisión, porque ya ellos tenían el status de Refugiados Políticos.

Daula Carpio Mata, como líder formal de aquel grupo de temerarios militantes del Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, afiliado a la Fundación “Andrei Sájarov”, dijo una cosa muy sabia: “Creo que debemos hacer lo que acordemos aquí entre nosotros, pero es esencial, que si vamos a volver a hacer huelga lo hagamos todos y si no, no la hace nadie”.

Por suerte para el gobierno castrista en aquel colectivo de valerosos compatriotas prevaleció la segunda de estas actitudes y se impuso el legítimo deseo de todo ser humano a huir de una sociedad totalitaria como la cubana. Los Ayunantes de Santa Clara, indignados, esperaron a que los vinieran a buscar para llevarlos a prisión y veían a esta como un honor por su desafío al régimen.

Esa tensión duró los dos días siguientes, que fueron jornadas en las cuales se hacía tiempo para ser desalojados de un momento a otro. Donde los familiares más allegados a Los Ayunantes de Santa Clara en unión de opositores pacíficos se dividieron en turnos de vigilancia para intentar conjurar lo que sucedería con los cívicos protestantes.

En horas de la noche del 26 de febrero de 1998, alevosa, planificada y sincronizadamente, pasadas las 10: 00 pm, la Sala # 10 del Hospital Viejo de Santa Clara fue asaltada por miembros de la Brigada Especial de la Policía Nacional Revolucionaria (BE-PNR). Había llegado la hora de tomar venganza a los oficiales Raúl Fernández y Eduardo Castellón.

Aquellos forzudos arremetieron con todo el odio que ha caracterizado históricamente a los órganos represivos castristas, nosotros, sus adversarios políticos no violentos, resultamos vapuleados físicamente sin resistirnos siquiera. Para ello fueron apagadas sin previo aviso todas las luces en aquel centro de salud.

Recuerdo que en mi caso particular, me encontraba a esa hora en el pasillo exterior que dividía a la Sala #10 de la Sala #8 y me despedía de Los Ayunantes de Santa Clara hasta el próximo día. Al no haber iluminación resulté proyectado sin consideración alguna contra el piso y en un primer momento se me tomó como un Ayunante más, pues caminaba aún con muletas de antebrazos.

Se me aplicó una dolorosa llave de inmovilización a mi brazo derecho y un trio de musculosos policías me arrastraron por todo el piso hasta sacarme del hospital. En las afueras el tráfico vehicular de la calle Cuba estaba paralizado por el operativo policial y se me lanzó dentro de un microbús marca Mercedes-Benz de color gris.

Ya allí, un policía, excondiscípulo mío en Los Camilitos, apellidado Sarduy, me increpó agresivamente: “Coco; yo te respeto, pero tú sabes lo que es hacer una huelga de hambre para qué liberen a los asesinos de Rolando Pérez Quintosa”. Lo que le desmentí inmediatamente, y cuando comencé a explicarle la verdadera razón del ayuno me sacaron del vehículo al instante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s