Un Plan para el Ambiente Cubano (IX), Carlos Alberto Martínez Muñoz.

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El Condado, Santa Clara, 1ro de marzo del 2013, (FCP). En el caso de las operaciones mineras, el Plan Bush hace otro aparte. Según el documento, en los programas de desarrollo económico de una Cuba libre debe de reconocerse que las tierras que hoy en día se explotan con ese fin fueron expropiadas a ciudadanos americanos en 1959.

Se analiza que Cuba posee el 37% de las reservas mundiales de níquel más cobalto y cromo, y que el níquel y el cobalto representan el 90% de los minerales que el país exporta. Además se extraen otros minerales, tales como hierro, cobre, manganeso, plata y oro.

El petróleo cubano es escaso y tiene un alto contenido de azufre en forma de sulfuros, que corroen las refinerías, por lo cual este renglón es poco atractivo para la inversión extranjera. A pesar de todo, la producción se había incrementado hasta 15 millones de barriles en la fecha en que se elaboró el Plan Bush.

Entre las recomendaciones, se plantea que EE.UU. podría ayudar a diseñar las medidas necesarias para la reclamación de la actividad minera a cielo abierto. Incluso podría proporcionar ayuda técnica en el control de la erosión, la administración de aguas y la ingeniería de las obras mineras, aspectos deficientes en la actualidad.

Otro de los temas que se analiza en la esfera de administración de la tierra, es el de la sedimentación, la erosión y la compactación de los suelos. Señala que Cuba se encuentra grandemente afectada por el problema de la desertización, con el 76% de los suelos agrícolas dañados por este proceso.

Plantea que luego de la caída de la Unión Soviética se redujo la utilización del tractor en la agricultura, al detenerse la importación de petróleo soviético, hecho que puede haber influido en la disminución de la compactación de los suelos. La aparición de la iniciativa de la agricultura orgánica urbana puede haber reducido la erosión.

EE.UU. podría proporcionar ayuda en numerosos aspectos relacionados con la sedimentación, la compactación y la erosión de suelo, así como asesorar prácticas de conservación. Con el cambio de sistema político se prestará especial atención a los efectos dañinos que producen los agroquímicos sobre la salud y el entorno.

Con la “desunión soviética” y la pérdida de los suministros de petróleo subsidiados, se redujo dramáticamente el área de cultivos bajo irrigación. La escasez de agua para la agricultura es uno de los principales problemas que se enfrentan en Cuba.

Al instaurarse un gobierno de transición, se abrirían posibilidades para intercambiar experiencias de información, diseño y aplicación de buenas prácticas agrícolas, basadas en la información disponible sobre los suelos. También se proveería ayuda para transferir y adaptar tecnología de irrigación a las condiciones de la agricultura tropical.

Debe tenerse en cuenta que el modelo agrícola predominante en Cuba hasta la mitad de la década de los 80 estuvo basado en el uso intensivo de pesticidas químicos. A pesar de que la contaminación por esta causa debe haberse reducido en las dos últimas décadas, EE.UU. puede ayudar a implementar medidas para proteger las aguas superficiales y subterráneas.

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