Un Plan para el Ambiente Cubano (X), Carlos Alberto Martínez Muñoz.

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El Condado, Santa Clara, 8 de marzo del 2013, (FCP). Una de las esferas prioritarias de protección ambiental para cualquier país es la de la calidad del aire. Esta esfera requiere de gran atención, puesto que el aire es el medio con el cual muchas especies del planeta, incluida la especie humana, mantienen sus intercambios fundamentales.

La calidad del aire merece además especial atención por ser este medio propicio para la extensa y rápida propagación de sustancias nocivas que se encuentran en estado gaseoso. Los contaminantes gaseosos son especialmente peligrosos porque, a diferencia de los que se encuentran disueltos en medio líquido, puede resultar difícil o imposible escapar de ellos.

Por añadidura, a través del aire no solo se esparcen gases dañinos para la salud animal y humana, sino también a la salud de las plantas, las aguas y los suelos. El ejemplo más típico son los gases que, al mezclarse con las nubes, generan las lluvias ácidas.

De ahí que el monitoreo, la evaluación y el mejoramiento de la calidad del aire reciban notoria atención de los gobiernos a nivel mundial. En todos los países se implementan indicadores para valorar la pureza de la atmósfera y tomar medidas ante la polución que experimenta.

En el caso de Cuba, la contaminación atmosférica y la calidad del aire han sido de poco interés para el gobierno. El Estado cubano ha prestado menos atención a estos temas, si es que eso es posible, que a la contaminación de las aguas y a la erosión del suelo.

Sin embargo, el Plan Bush sí muestra la importancia de estos problemas ambientales. El informe plantea que el gobierno de los EE.UU. debe proporcionar apoyo para evaluar la calidad del aire y la capacidad de los ecólogos cubanos para dirigir estudios de este tipo.

Luego de esta evaluación inicial, el gobierno de los EE.UU. podría ayudar al gobierno de transición a identificar vacíos de información que se necesiten llenar para realizar la valoración preliminar de la calidad del aire. Con la información aportada, Cuba podría poner en práctica programas estratégicos para atender las preocupaciones más urgentes.

Dentro de este marco de planeamiento estratégico, y basado en las prioridades identificadas por el gobierno de transición, el gobierno de EE.UU. podría maximizar la efectividad de su apoyo. Así, la nación norteña proveería asistencia técnica y potenciaría la capacidad del personal cubano para que esta se convierta en autosostenible.

Sobre las fuentes móviles de contaminación, el Plan Bush también realiza algunas recomendaciones. El gobierno de los EE.UU. ofrece asistencia para desarrollar acciones de mitigación de la contaminación ambiental provocada por los componentes de los combustibles, y por el empleo de un ineficiente y obsoleto parque automotor.

Consideración recibe también, desde el punto de vista de la salud pública, el apoyo al gobierno de transición para la elaboración de una estrategia que conlleve la eliminación del plomo de la gasolina. Amén a las limitaciones económicas que enfrentarán todas estas acciones, su implementación redundará en beneficio del aire que todos respiramos.

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