Un Plan para el Ambiente Cubano (XII), Carlos Alberto Martínez Muñoz.

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El Condado, Santa Clara, 22 de marzo del 2013, (FCP). En el Plan Bush se hace referencia al tema de las reacciones de emergencia ante derrames de petróleo y productos químicos. El necesario enfrentamiento efectivo a este tipo de desastres ha cobrado especial relevancia en los últimos tiempos.

Como resultado del incremento de la transportación marítima de petróleo, han aumentado también las colisiones entre naves de carga y barcos tanqueros. Otras fuentes de contaminación, como las averías de plataformas petroleras, se encuentran sobre el tapete.

Cuba se halla bajo riesgo constante de sufrir un desastre ambiental de esta naturaleza, pues se encuentra en un área de intenso tráfico marítimo y de activa prospección y explotación petrolera. La ocurrencia de fenómenos meteorológicos extremos, como los huracanes, ensombrece aún más el panorama.

Incidentes relacionados con barcos tanqueros han tenido lugar en Cabo Corrientes y Cienfuegos, en 1980 y 1992 respectivamente. El gigantesco derrame provocado por la plataforma de la compañía British Petroleum fue para Cuba la adversidad más reciente y alarmante.

No obstante, tal y como se señala en el Plan Bush, la infraestructura de reacción ante estos siniestros es vieja o inexistente, debido a las decisiones presupuestarias y de compra de equipos. Sin infraestructura ni equipamiento, la contención de los derrames es imposible.

A pesar de las limitaciones tecnológicas, Cuba es firmante de convenciones y protocolos de alcance regional sobre protección ambiental marina. Un buen ejemplo es el Convenio para la Protección y el Desarrollo del Medio Marino en la región del Gran Caribe.

Varias áreas protegidas marinas y marino-costeras han sido creadas en el país para proteger ecosistemas frágiles. Sin embargo, la infraestructura, los recursos y el personal con que cuentan para llevar a cabo las acciones de manejo son insuficientes.

El gobierno de los EE.UU. estimulará la ratificación de acuerdos relativos a la conservación de los hábitats marinos. Especial atención deben recibir las fuentes terrestres de contaminación marina y la polución originada por los buques.

Ambos gobiernos implementarán acuerdos operativos en cuanto a la reacción a los derrames de petróleo, que incluirán un proceso concreto y definido de notificación. Se establecerá un protocolo de reacción conjunta, órdenes cooperativas y procesos de control en situaciones de reacción conjunta.

Tanto Cuba como Estados Unidos se beneficiarán con esta cooperación bilateral. Indudablemente el gran ganador será el mar Caribe, con las numerosas especies que lo habitan y las poblaciones costeras de las dos orillas que de él dependen para su sustento.

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