Un Plan para el Ambiente Cubano (XIII), Carlos Alberto Martínez Muñoz.

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El Condado, Santa Clara, 29 de marzo del 2013, (FCP). Al hacer referencia al sector de los recursos históricos, naturales y culturales, el Plan Bush reconoce que, hasta ese momento, Cuba había ratificado 25 tratados internacionales de carácter ambiental. En virtud de lo antedicho, se han declarado siete sitios de Patrimonio Mundial y seis Reservas de la Biosfera.

Los convenios internacionales vinculantes que el país ha firmado tienen su reflejo en la Constitución, en el artículo 27, el cual consagra la protección del medio ambiente por el Estado y la ciudadanía. Hoy por hoy es uno de los artículos más pisoteados de la Carta Magna.

En el Plan Bush se reconoce además la importancia de la biodiversidad que atesora el archipiélago cubano. El territorio cuenta con los ecosistemas más diversos del Caribe, donde crecen el 1% de todas las plantas del planeta y prolifera una de las barreras coralinas más importantes del mundo.

A pesar del ambicioso plan para la protección de áreas terrestres y marinas, los recursos culturales y los históricos, el proceso de decisión creado no promueve el respeto por ellos. Como bien asevera el Plan Bush, la administración de estos recursos sirve a los intereses políticos del régimen de Castro.

Con relación al sector de Áreas Protegidas, hace notar que Cuba cuenta con numerosas áreas de significación nacional y local. No obstante, muchos de estos parques naturales existen solo en papeles, pues no tienen equipos de trabajo, planes de manejo, ni fronteras identificadas.

Afirma que la infraestructura de la mayoría de las áreas protegidas no es adecuada para el turismo, y que muchas no cuentan con el personal idóneo. Solo 33 áreas de importancia nacional tienen capacidad para la realización de estas actividades.

Denuncia que las áreas protegidas son fuertemente afectadas por el turismo. Entre los impactos negativos de hoteles, sus carreteras y vías de servicio, cita el corte del flujo entre lagunas y el mar, la contaminación de los arrecifes de coral, el agua y las playas, la afectación a la fauna y la propagación de especies introducidas, entre otras.

Es por las mencionadas afectaciones, que el gobierno de los Estados Unidos debe ofrecer ayuda técnica y entrenamiento a una Cuba libre para mejorar sus parques y desarrollar una infraestructura ecológica. El personal de la conservación podrá ser entrenado en muchos de los principios de administración aplicados en los EE.UU.

Por solicitud de Cuba, el gobierno de los EE.UU. podrá a mediano y largo plazos estimular relaciones de hermanamiento entre parques de ambos países. La colaboración entre las áreas protegidas de las dos naciones será de especial importancia para la protección de especies migratorias de la fauna.

Varios tipos de entrenamiento, dirigidos a hacer más gratas las experiencias de los visitantes a los parques, a mejorar el acceso público y los programas de educación ambiental, podrán beneficiar al personal de las áreas. También recibirán atención los programas de relaciones públicas y la capacitación a los guardabosques.

En la práctica, la ayuda costaría aproximadamente 60 000 dólares por visitas de dos semanas a determinadas áreas, y 30 000 dólares por igual período de tiempo para visitas de asistencia técnica. Con suficiente financiamiento, se podrían ofrecer 12 cursos de asistencia técnica al año durante varias semanas.

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