Así Piensa el Cubano de Hoy (II), Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara Villa Clara, 17 de mayo del 2013, (FCP). La experiencia no sirve para nada a aquellos que marchan a contrapelo de la historia. Los acontecimientos de los últimos años aconsejan que se debe tener en cuenta y evaluar en cada momento el papel de las personalidades en el contexto nacional e internacional en que desarrollan sus actividades, y su incidencia en los futuros cambios que se proyectan.

Las organizaciones disidentes que funcionan en el país constantemente tienen que reevaluar la marcha del acontecer nacional e internacional, y fijar posiciones al respecto. El pueblo debe conocer con profundidad qué considera la oposición sobre las medidas que adopta el régimen castrista sobre la esencia de la llamada actualización del Modelo Económico Cubano.

Obligan a fijar posición temas como la ampliación del Trabajo por Cuenta Propia, las nuevas modalidades del otorgamiento del Crédito Bancario y la entrega de tierras estatales ociosas en usufructo a particulares. También la incipiente libertad de comercio, traducida en la oferta y demanda de productos agropecuarios e industriales, como expresión de las tibias reformas.

El gobierno de Raúl Castro, y sus amigos en el extranjero, resaltan estas medidas como pasos del régimen para la democratización del país. Resulta censurable la posición adoptada por sus aliados en Ginebra, los cuales ignoraron las realidades angustiosas que vive el país caribeño y aprobaron el informe presentado por Cuba a esa Comisión con algunas recomendaciones.

Los cubanos piensan en sentido general que por parte de los representantes de algunos gobiernos miembros de esa comisión de Derechos Humanos, con sede en Ginebra, hubo hipocresía pero además traición. Aprobaron un informe cargado de deformaciones y tergiversaciones, donde se ocultó la falta de libertades y de respeto a la dignidad humana que sufre el pueblo de este país.

Aquí, pese a las denuncias que se formulan constantemente, siguen cometiéndose violaciones de todo tipo. Se arrestan a las Damas de Blanco para impedir que asistan a misa en la Iglesia, detienen a los opositores pacíficos por rendirle homenaje a un mártir de la libertad, y reprimen violentamente a un disidente por tratar de defenderse de una turba fascista en un acto de repudio.

Estos y otros hechos relativos a la violación de la dignidad humana caracterizan el panorama nacional, los cuales no fueron denunciados por los países comprometidos con Cuba en su irracional política antinorteamericana. No obstante, 11 millones de compatriotas, después de 54 años, continúan con los alimentos, la ropa, el agua y la electricidad minuciosamente racionados.

Votaron estos representantes de varios gobiernos latinoamericanos, como Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Uruguay, Perú, Venezuela y otros países del área y de África, basados en conveniencias políticas y económicas. No obstante, la representación de Estados Unidos acusó al gobierno cubano por sus violaciones de la Declaración Universal y de los Pactos Internacionales.

¡Qué devotas amistades las del totalitarismo castrista! El gobierno genocida de Siria y los reformadores de las Constituciones latinoamericanas para perpetuarse en el poder. Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa, todos ellos aupados con la ayuda de los Petrodólares, los cuales impulsan en esta región del planeta el apoyo irrestricto a la dictadura de los hermanos Castro.

Así piensa el cubano, quien no acepta que estos gobiernos en Ginebra se presentaran como ignorantes de la realidad cubana. No existe libertad civil, libertad política, libertad de expresión y difusión del pensamiento, libertad de entrar y de salir del territorio nacional, de reunión, de asociación y de sindicalización.

Estas libertades públicas están consagradas en la Constitución de Cuba pero no se han cumplido bajo el régimen de los Castro. Son incontables las medidas coercitivas que menoscaban la facultad natural del ser humano de actuar de una manera u otra, y también la de no actuar siempre que ello no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.

Cabe afirmar sin temor a incurrir en errores, y así piensan los cubanos, que todas y cada una de esas libertades han sido violadas por el régimen de Castro. Esto hace inevitable la confrontación entre una Declaración Universal que procura frenar los abusos de poder y un régimen intrínsecamente orientado hacia un uso irrestricto de sus atributos: Gobernar sin libertad.

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