La Fe Salvadora (I), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 7 de junio de 2013, (FCP). Nadie puede ser salvo por hacer buenas obras ni por grandes esfuerzos por cumplir los mandamientos de Dios, ningún esfuerzo propio, por colosal que sea, puede lograr el favor del Todopoderoso. Pablo, el apóstol, declaró: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef.2.8-9).

Debemos partir del siguiente punto de referencia: La Biblia es la Palabra revelada de Dios, y la apropiación de Sus promesas es un asunto de fe y solo sobre esta base es que el Altísimo puede operar en los seres humanos. Quizás sea un tanto chocante para los que solo creen en lo que tienen delante de sus ojos, pero las Escrituras así lo establecieron.

Cuando el apóstol, inspirado por el Espíritu Santo, instituyó que la fe es “don de Dios“, esta quedó fuera del terreno de lo ordinario y natural, o sea, la fe que salva no es la misma que usó para creer en el futuro mejoramiento de la economía. La salvación se produce como un don de la gracia de Dios, pero solo se obtiene por la respuesta humana de la fe.

Primeramente significa que todo el género humano está bajo la gracia del Creador, todos pueden ser partícipes de la salvación, pero dependerá de hacia dónde dirigimos nuestra fe. En segundo lugar significa que si has nacido de nuevo, la fe que se activó en ti como hijo(a) de Dios es la misma que estuvo en cada hombre o mujer de la Biblia.

Demostrar esto es fácil según el apóstol Santiago, quien escribió del “profeta de fuego” lo siguiente: “Elías era hombre sujeto a pasiones semejante las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses” (St.5.17). La fe es creer lo que Dios es, y cualquiera puede llegar hasta ese punto de estatura espiritual.

El escritor de “La Epístola a los Hebreos” lo confirmó cuando declaró: “Porque sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (He.11.6). El Todopoderoso determinó que el único camino para presentarse ante Él con toda confianza es el de la fe.

Nos han conducido a creer erróneamente que los hombres y mujeres del tiempo bíblico ejercieron un tipo de fe diferente a la que podemos poner en práctica nosotros en la actualidad. Elías, el profeta, era un ser humano con los mismos temores, dudas, pasiones y sentimientos que los nuestros, pero a través de la fe en Dios se convirtió en uno de los gigantes de la Biblia.

Tanta pseudoenseñanza bíblica fluye hoy en nuestras iglesias, que el creyente debe estar alerta para no recibir ninguna sustancia nociva a la fe. Por ejemplo, creer en la omnipotencia del destino, como hacen los fatalistas, está en desacuerdo con la Biblia porque presupone que tanto lo bueno como lo malo ya está determinado y que de nada valen las oraciones de fe.

La fe real nos demanda a orar hasta el punto de “tocar a Dios“, y luego volver al altar de la oración diariamente para llegar al conocimiento revelado de que el Todopoderoso está a nuestro lado, porque lo prometió. Cuando nuestra fe se enfría y comienza a ser superada por el temor, debemos volver a la oración fervorosa, pues Su presencia es lo que vence al temor.

Un caso muy elocuente tenemos en Moisés, quien recibió tremenda encomienda cuando Dios le dijo: “… te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel” (Ex.3.10). Él tenía los mismos temores y dudas que tú y yo enfrentamos, pero Moisés hizo la diferencia al no permitir que sus temores lo controlaran al obedecer al Altísimo.

Por otro lado, es engañoso pretender que no existen dudas en nuestras vidas para “cuidar” una imagen de supuesta fortaleza. No importa lo que digan los teólogos y los maestros de última revelación, siempre vamos a tener que enfrentar algún momento en el que tengamos que vencer la incertidumbre, por algún nuevo desafío que nos desequilibra.

Es por medio de la fe que podemos alcanzar victoria en cualquier área de nuestra vida por muy imposible que parezca la situación, el temor de parte del diablo vendrá contra tal posición. Cuidado con la prédica de muchos parlanchines que prometen cualquier tontería, la victoria depende de lo que tú sigas, el temor o La Fe Salvadora.

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