La Fe Salvadora (III), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 21 de junio de 2013, (FCP). Indiscutiblemente existe la posibilidad de que un ser humano, aunque se llame cristiano, pueda estar apartado de los recursos de Dios. Si consideramos la fuerte declaración del escritor de “La Epístola a los Hebreos” al abordar el tema de la fe: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios” (He.11.6), comprenderemos que sin la acción de la fe estamos separados del Todopoderoso.

Muchas son las concepciones erróneas que existen sobre la fe, pero es necesario saber que esta no es de origen humano, no es una fuerza externa con la que se puede manipular al Altísimo, es un don de Dios (cf. Ef.2.8-9). No es necesario pagar nada para tenerla, la única condición para ser portador de ella es haber nacido de nuevo.

Es por medio de la fe que un individuo pude ser conducido a una nueva vida de bendición y de abundancia en Dios, y que alguien puede ser trasladado del reino de las tinieblas a la comunión con Cristo. Pablo dijo: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen” (2Co.3.18).

El Creador usa este proceso de transformación para lograr hacer de sus hijos e hijas instrumentos o canales mediante los cuales Él pueda manifestarse y traer vida, esperanza y consuelo a un mundo en decadencia. Cualquiera puede ser parte del ejército de Dios, solo será necesario atreverse a vivir en Su perfecta voluntad por la fe.

Así lo ha determinado Dios en su sabiduría, Él tiene todo el poder para transformar este complicado mundo, pero ha determinado que esta empresa sea llevada a cabo por mortales que se dejen usar por la fe para bendecir a otros. Esto es verdad también para Cuba, Dios busca cubanos que vivan por fe para usarlos en cambiar esta adolorida nación.

Este procedimiento es el mismo, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Cada vez que Dios llamó a alguien para alguna obra, ejercitó su fe para llevarlo a hacer la diferencia en su generación y concebir lo imposible. Hoy, por tanto, no es diferente para con los que creemos, Dios busca individuos que crean que los cambios son posibles.

Abraham es uno de los grandes paradigmas de Las Escrituras, fue escogido por el Todopoderoso para ser el padre de una nación, el mensaje fue: “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia“. No pudo ver cumplida esa promesa, pero llegó a ser el padre de la fe porque “creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Gn.15, 5-6).

A cualquier época que nos refiramos, la función de la fe es la misma, ella nos hace actuar rectamente, nos posiciona en el lugar exacto para ser útiles al Creador y nos proporciona la perspectiva correcta para permanecer en Dios. Es por la fe que podemos soportar tanta presión de las circunstancias diarias y no desenfocarnos de que Dios es más grande que todo eso.

Hay un punto que merece cierta consideración, y es el hecho de que esta fe, que es un don de Dios, no es estática o rígida, sino que es dinámica y además necesita renovarse con la vista en la gloria de Dios (cf. 2Co.3.18). Siempre estará presente aquella fuerza negativa que trata de hundirnos en las tinieblas, la fe en Dios nos levanta para salir victoriosos.

Tan importante es la sustancia de la fe en el creyente, que Jesucristo dejó una desafiante pregunta para la historia con el claro objetivo de que meditemos en semejante realidad: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lc.18.8). La preocupación que se agolpaba sobre el Hijo de Dios era para que Su rebaño no menguara en la fe.

Esta pregunta del Mesías indica manifiestamente que a medida que se acerca el momento de su retorno en el final de los tiempos, la maldad será tan generalizada que muchos que militaban en la Iglesia se apartarán de la genuina fe. Esto no es extraño, Jesús dijo que “… por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mt.24.12).

Mientras nos acercamos al fin de la historia, si consideramos el texto bíblico, todos los cristianos debemos recapacitar en cuanto a nuestra perseverancia en la fe, si nuestros tiempos de oración son suficientes y eficaces para mantener activa la fe. No nos dejemos absorber por esta vida al punto de olvidar Su retorno y el consecuente enfriamiento de nuestra fe.

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