La Genuina Iglesia (XI), Antonio Raúl Machado García.

Antonio.jpg

Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 26 de abril de 2013, (FCP). La verdadera Iglesia está formada por aquellos creyentes que permanecen unidos, no por una unidad organizacional sino por coyundas espirituales, las cuales solo están basadas en la comunión con Cristo. Jesús oró por sus discípulos y dijo: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn.17.21).

Jesucristo no pide que sus seguidores “lleguen a ser uno” sino más bien que “sean uno“, lo cual implica una acción continua, o sea: “sean uno constantemente“. La unidad bíblica del creyente descansa, según el propio Jesús, en una comunión mutua con el Padre y el Hijo y en mantener una misma actitud hacia el mundo, la Palabra y la presentación del evangelio a los perdidos.

Manipular dicha unión con fines netamente políticos afines al Gobierno Comunista imperante en nuestra Isla, como es el modo de proceder del Consejo de Iglesias, no es más que una blasfemia contra los designios divinos establecidos en las Escrituras. No parece su discurso el de una iglesia sino, más bien, el de una entidad del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

El ministerio terrenal de Jesucristo ha sido la revelación más extraordinaria de la Divinidad, pues “Dios fue manifestado en carne” (1Tim.3.16) en la consumación del Plan de Redención para la humanidad. En el tiempo pasado, el Todopoderoso había hablado por medio de los profetas, pero en los postreros tiempos por medio del Hijo (cf. He.1.1-2).

Debe existir entre los creyentes y Cristo una profunda unidad, como la que existe entre Dios Padre y Dios Hijo, que es condición ineludible para ser incluido en la verdadera Iglesia, si se ausenta esto de cualquier grupo comúnmente conocido como cristiano, es un fraude espiritual. “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (Ef.5.32).

Manifestado en carne” es una expresión que sin duda esta dirigida a Jesucristo, y la misma es una referencia a que la naturaleza divina había sido revelada en la persona del Mesías. En la oración sacerdotal Jesús dijo: “Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti…” (Jn.17.8).

Una fuerte relación que implica un fluir de vida entre Jesús y los que creemos en la obra del Altísimo, es lo que fundamenta la verdadera unidad de la Iglesia de Cristo. “Yo en ellos…” nos habla de un grupo de personas conectadas como un organismo vivo que se expresa a través de un cuerpo llamado Iglesia, para cumplir el propósito del Creador (cf. Jn.8.23).

Según las Sagradas Escrituras, el cristiano que se ha entregado a Dios es aquel a través del cual la Divinidad manifiesta Su vida. Pedro, el apóstol, lo explicó de esta manera: “por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina…” (2Pe.1.4).

Los seres humanos nunca llegaremos a ser deidades, aunque no pocos se lo creen, pero es una maravillosa realidad que la Iglesia es el cuerpo formado para que Cristo venga a morar en el. Esto nos indica que debe haber una continuidad de la manifestación de la naturaleza divina al hombre, o sea, el mundo debe ver a Cristo a través de nosotros, como vio a Dios en Cristo en el pasado.

Fácil es percibir esta revelación, tenemos el ejemplo de Felipe cuando le dijo a Cristo: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta“. Felipe había sido un poco torpe para escuchar y la divina respuesta no se tardó: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn.14.8-9).

Sencillo, de la misma manera que Jesús le dijo eso a Felipe, nos dice a los cristianos del presente que las personas deberían ver a Cristo a través de la Iglesia, hoy no es diferente el propósito de Dios. Esta enseñanza quedó expresada cuando el apóstol Pablo enunció: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1Co.12.27).

Que haya una demostración continua de la naturaleza divina entre los seres humanos, es la determinación del Todopoderoso, y para esto Él plantó un instrumento en la Tierra: El gran ejército de todos los lavados con la sangre de Cristo. Lo que fue visto en Jesús debe ser visto también en los cristianos de hoy, si en verdad representamos a La Genuina Iglesia .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s