La Genuina Iglesia (XIV y final), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 17 de mayo de 2013, (FCP). El Nuevo Testamento designa a la Iglesia como la congregación del pueblo de Dios en Cristo, que se reúne como ciudadanos del reino de Dios con el propósito de adorar al Todopoderoso por todas Sus obras. Jesús declaró: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt.16.18).

Polémico texto el citado anteriormente debido a la creencia de muchos de que Jesucristo fundó la Iglesia sobre Pedro y que lo puso como cabeza, esto es producto de una mala interpretación del pasaje. Pedro, del griego petros, significa una piedrecita, luego sigue roca, del griego petra, que significa una roca enorme o un acantilado rocoso.

Cuando Jesús dijo: “sobre está roca edificaré mi Iglesia“, se refirió a la sólida confesión, que un instante antes Pedro había pronunciado. “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista…, Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt.16.13-16).

Unos años después, el propio apóstol Pedro dejó bien claro que ni él, ni ningún otro apóstol, era la piedra fundamental del edificio de Dios, sino solo Jesús. “Acercándoos a él (Cristo), piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa…, Y el que creyere en él, no será avergonzado” (1Pe.2.4-6).

Las puertas del Hades” representan a Satanás y toda la iniquidad que constantemente batallan por destruir la Iglesia del Señor Jesucristo, pero la promesa divina es que ellas “no prevalecerán” contra el pueblo de Dios. No significa que las pruebas, el error doctrinal, la apostasía o la inmoralidad no alcanzarían a ningún creyente o denominación.

Predicciones hechas por el propio Jesús nos alertaron que muchos se apartarían de la genuina fe, y Él advirtió a las iglesias que abandonen la fe del Nuevo Testamento, para que renuncien a su pecado, pues correrían el riesgo de quedar fuera de Su Reino (cf. Ap.2.5, 12-29). O sea, la promesa del versículo 18 no incluye a los que niegan la fe, ni a iglesias desajustadas a la Biblia.

Es posible que en una congregación ocurra la apostasía, que se vuelva “tibia“, y que los falsos maestros se infiltren en ella, a pesar de todo esto, según la promesa bíblica, la Iglesia no puede ser destruida. Dios siempre tendrá un remanente de creyentes y de iglesias que permanecerán fieles al evangelio original de Cristo y Sus apóstoles.

Como un ejército comprometido en un conflicto de tipo espiritual, se encuentra la Iglesia en este mundo. Esta lucha por las almas se libra con la espada y el poder del Espíritu, quien esgrime la Palabra viva de Dios para liberar a las personas del dominio del maligno y conducirlas a una vida de bendición y abundancia que el Todopoderoso les proveerá.

Ella está llamada a ser una expresión contundente de la verdad, la cual defiende contra los que tratan de tergiversarla malévolamente para sacar ganancia y ventajas personales. Pablo exhortó a Timoteo por carta y le dijo: “Para que si tardo, sepas como debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1Ti.3.15).

Existe una esperanza futura, por la cual vive este pueblo, que le da una fuerza y confianza extraordinaria, dicho anhelo está centrado en el retorno de Cristo por todos los redimidos. De la misma manera que Jesús ascendió a los cielos, es seguro que volverá de la presencia del Padre para llevar a sus seguidores al cielo, y así estar para siempre con Él (cf. Jn.14.3).

La Iglesia tiene dos características interesantes, ella es visible e invisible. La visible está compuesta por todas las congregaciones locales, que a su vez están mezcladas con creyentes fieles y también con falsos (cf. Ap.2). La invisible la integran los verdaderos creyentes unidos por una fe viva en Cristo y por el Espíritu Santo que los guía.

Este es el verdadero pueblo de Dios que demuestra, y demostrará, el poder del Reino y del Altísimo contra Satanás, el pecado, las enfermedades, la influencia demoniaca y todo aquello que denigra la existencia del ser humano. Así es la iglesia que será partícipe de todas las grandísimas promesas de Dios, hemos hablado de La Genuina Iglesia .

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