La Fe Salvadora (IV), Antonio Raúl Machado García.

Antonio.jpg

Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 28 de junio de 2013, (FCP). La fe se puede adormecer en nosotros y, por tanto, volverse inactiva cuando nos cargamos de mucha actividad religiosa, al pensar que es más importante servir a Dios, y queda descuidado el altar de la oración. En tal posición, cualquier creyente funcionará incorrectamente como discípulo de Cristo, y podrá tener un discurso religioso pero sin la vida del Todopoderoso.

Semejante idea no es del todo descabellada si analizamos que los propios discípulos del Maestro quedaron sorprendidos en una ocasión cuando la fe, que hasta ese momento habían ejercitado, en un momento no funcionó: “Y reprendió Jesús al demonio… Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?” (Mt.17.18-19).

La divina respuesta no se hizo esperar: “Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible” (Mt.17.20). Ellos lo habían puesto en práctica con anterioridad, pero ahora algo salió mal y ellos quisieron saber.

Parece que sus actividades se habían vuelto rutinarias y confiaban más en lo que ya sabían que en la intervención del Altísimo. Jesús les dijo que tenían fe para echar fuera demonios, pero que esa fe se encontraba inoperante debido a que solo se basaba en acciones repetitivas que, al parecer, todo era hecho correctamente, pero simplemente no funcionaba.

Continuó Jesús y les dijo: “Pero este género no sale sino con oración y ayuno” (Mt.17.21). La enseñanza ahora es dirigida hacia las prácticas de estas disciplinas como los medios mediante los cuales la fe puede ser activada. El ayuno trata con los deseos carnales y pecaminosos, mientras que la oración levanta la nueva creación en la persona salva.

Algunos enseñan erróneamente que estas acciones encierran una especie de méritos para con el Creador, no podemos olvidar que en le plan de redención no funciona “por obras, para que nadie se gloríe” (Ef.2.9). Otros actúan como si Dios necesitara de nuestro ayuno y oración cuando en realidad somos nosotros los necesitados para que la fe sea renovada.

Los cristianos apegados a la Escrituras creen en la verdad de que cuando un individuo es salvado del reino de las tinieblas y su fe es activada, entonces será un instrumento en las manos de Dios para cambiar las vidas de otros, para sanar a los enfermos y liberar aquellos atormentados por malos espíritus. Nada de esto faltó en el ministerio de Jesús y los apóstoles.

Todo esto solo viene a la realidad cuando la fe se encuentra en la correcta posición donde ella fluya sin impedimento y sin ser reducida por el descuido del altar de la oración al ser seducido por la práctica de otras actividades. Cuando nos dedicamos a la oración con la creencia de que Dios esta ahí y la fe es liberada, algo va a suceder para la gloria del Todopoderoso.

En su extraordinaria visión, el profeta Ezequiel vio un río de aguas salutíferas que salían del Templo de Dios con un caudal cada vez más ancho y profundo, que daban vida y fertilidad a todo lo que tocaban (cf. Ez.47.1-12). Descripción similar a la declaración de Jesús cuando dijo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Jn.7.38).

Este es el modelo del Altísimo para su Iglesia, de la misma manera que en las riberas de este río prosperaban arboles con nuevos frutos, y sus hojas funcionaban para la sanidad de las naciones, así la Iglesia debe ser un agente sanador en todo lugar. Estos árboles simbolizan personas en las que fluye la vida celestial y se mueven en la voluntad de Dios.

Cuando la fe se descuida y se desenfoca del modelo bíblico de Dios para Su Pueblo, será causa de la restricción de la operación del Espíritu Santo, quien es el que convence “al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn.16.8). Solo la presencia de Dios en una congregación, a través del espíritu Santo, es la que puede persuadir a un individuo de la necesidad de su alma.

Si en la proclamación del evangelio los enfermos no se sanan, los demonios no son echados o no ocurre salvación de almas, lo cual implica un cambio de vida radical, el problema radica en que ha sido limitada la obra del Espíritu de Dios y por consiguiente también el fluir de la fe. Necesario es tratar con aquello que obstaculiza la bendición, para que la fe sea avivada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s