La Fe Salvadora (V), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 5 de julio de 2013, (FCP). Sabido es que la fe es un don del Todopoderoso, que cada ser humano habitante de este Planeta recibe una medida de este regalo, y que es por medio de la fe que cualquier individuo puede ser salvo. Es necesario llegar al conocimiento de que cuando se nace de nuevo, la misma fe que habitó en los personajes bíblicos también viene a hacer morada en la persona redimida.

Si esta declaración no fuera cierta, tendríamos que retirar varios pasajes de las Sagradas Escrituras que así lo declaran, puesto que el propio Jesucristo desea que sus seguidores hagan las mismas cosas, y más, que Él hiciera. “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” (Jn.14.12).

El Altísimo ha puesto al alcance de la humanidad entera Su Santa Palabra para que sepamos hacia donde dirigir nuestra fe, lo que debemos creer y cómo debemos actuar, y el resto se reduce a si obedecemos, o si seguimos en incredulidad. En esta disyuntiva está el destino eterno de cada alma viviente, cada ser humano puede decidir la perdición o la salvación.

La fe que hablamos es aquella que nos eleva hasta el punto donde, por revelación, sin lugar a dudas podemos entender que la Santa Biblia es la voz del Altísimo que nos habla directamente a los seres humanos para elevarnos a una nueva dimensión. Esta preciosa fe es consumada cuando ponemos en práctica los mandamientos de Dios, los cuales producen vida.

Tristemente hay una multitud de individuos que viven como si no hubiera Dios, no creen lo que la Biblia dice acerca del Creador y se burlan de los principios morales allí contenidos para establecer los suyos propios. Así se conducen día tras día sin buscar de Dios, ni clamar por Su ayuda para que su fe sea activada.

Como un caudaloso río, ha salido la falsa enseñanza de la “confesión positiva”, esta ha llevado a muchos a la creencia fácil de que la fe es una especie de fuerza impersonal, por medio de la cual el hombre puede “manipular” al Todopoderoso. Esta idea resulta atractiva porque “rebaja” a Dios a nuestro nivel para usarlo en nuestras propias metas.

Dicha aberrada enseñanza de la “confesión positiva” ha mutado en otra vertiente en nuestra Isla de Cuba, pues en el círculo de las denominaciones “confiables” que integran el Consejo de Iglesias, la fe solo es funcional solo si se somete al Gobierno Comunista. Triste condición de estos “cristianos” que han preferido traicionar su fe para agradar a un sistema político.

Al ser despertada en un individuo la genuina fe, de la cual hablan las Sagradas Escrituras, inmediatamente se produce una obediencia a Jesucristo y a Su Palabra y no una obsesión por el poder o por una posición de liderazgo. David Wilkerson dijo: “Cristo es hecho un extraño en medio de nosotros cuando queremos Su poder, más que Su pureza“.

Incontables son las personas que se autoproclaman como gentes de fe, pero no pocos de ese grupo también se niegan a obedecer los mandamientos del Altísimo porque les parecen que son muy “gravosos”. Realmente es una distorsión de la fe, pues es solo apariencia y de esa manera no es posible que se produzca el milagro de la redención en una sola alma.

En otro grupo encontramos los que son muy voluntariosos, aquellos que confunden la fe con una total confianza en sí mismos y creen que son completamente autosuficientes para lograr con creces sus objetivos en la vida. Estos tienen un gran ego y en su actuar solo demuestran que son independientes del Todopoderoso, el dador de la vida.

Al analizar los diferentes relatos bíblicos encontraremos un sinnúmero de hombres y mujeres llenos de debilidad, que pusieron toda su confianza en el Altísimo y solo así lograron llevar a cabo grandes obras para la gloria de Dios. La fe que no guía a la obediencia a Dios y a Su Palabra es una presunción, Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Jn.14.15).

Si comparamos esto con el texto que dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios” (Ro.10.17), comprenderemos cuan importante resulta el escuchar la revelación de las Escrituras. Con un sano y amplio entendimiento de la Biblia, entonces estaremos en capacidad de cultivar una fe robusta.

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