La Fe Salvadora (VII), Antonio Raúl Machado García.

Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 19 de julio de 2013, (FCP). Uno de los puntos de crisis del cristianismo moderno sin dudas gira en torno al asunto de la fe, cada vez más es usado este término en relación a acciones y situaciones que nada tienen que ver con la fe bíblica. El ser humano fue diseñado para ejercitar la fe, y de esto se aprovechan muchos parlanchines “espirituales” para sonar agradable a oídos incautos.

Ya dijimos que una acción dirigida al propósito divino y basada en la perfecta voluntad de Dios, es lo que activa la fe para dirigirla hacia aquello que quizás nos parecía imposible, esto es lo que llamamos la sustancia de la fe, según las Sagradas Escrituras. Ahora tenemos una serie de “novedosas” enseñanzas es las cuales la fe bíblica es reducida a un sentimiento o emoción.

Semejante predicación produce muchos feligreses que se sientan en un Templo y dicen que creen, porque fue lo que le dijeron, y nunca actúan. ¿Cómo es posible que alguien diga en Cuba, o en cualquier lugar, que es cristiano, que tiene una revelación de Dios y que tiene fe, y no haga absolutamente nada para el mejoramiento de su nación? Eh aquí una contradicción bíblica.

Tristemente encontramos en la iglesia muchas personas así, y no debemos sorprendernos puesto que Jesús habló de estos individuos al explicar la parábola del trigo y la cizaña, y dijo: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo” (Mt.13.37-38).

Las Sagradas Escrituras aluden al hecho de que junto a los que siembran la Palabra de Dios, también va el Maligno en su afán de sembrar contiendas, divisiones, dudas, resentimientos y todo aquello que produce muerte. Es una realidad que los verdaderos creyentes, la “buena semilla“, serán plantados junto con los seguidores de Satanás, “los hijos del malo“.

Pensar que son cristianos todos los que dicen que lo son, solo puede acontecer en una mente completamente ingenua, la coexistencia de ambos grupos dentro del seno de la iglesia es un hecho innegable. El objetivo del Padre de mentira, entre otros, es socavar la autoridad de Las Escrituras y así crear un terreno de confusión para la fe.

La mayoría de las personas definen la fe como un acto basado en una determinada creencia, pero para Dios y su Iglesia esta acción solo puede estar basada en la Biblia, solo así calificará como fe para el Todopoderoso. O sea, la fe bíblica actúa basada en la creencia firme de que lo dicho por el Altísimo en Su Palabra es verdad y que Él lo hará, porque así lo prometió.

Pablo, el apóstol, en su carta a los cristianos de Roma, desarrolló el tema de la salvación por la fe, y para su exposición se enfocó como ejemplo en el Patriarca Abraham, quien tenía fe en Dios, creyó a Sus promesas y actúo en obediencia. “Porque ¿Qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y… le fue contada la fe por justicia” (Ro.4.3-9).

Así como sucedió con la fe de Abraham, también sucede con el creyente que su corazón se humilla en fe ante el señorío de Jesucristo, Él perdona sus pecados, toma en cuenta su fe como justicia y lo acepta como su hijo. La fe salvadora incluye el perdón de pecados, un sincero arrepentimiento y la entrega a Cristo como Señor.

Tanto David como Pablo entendieron por revelación que la fe que se toma en cuenta como justicia, incluye perdón de los pecados y reconciliación con Dios, que solo es posible por medio de la muerte de Cristo. “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos…, a quien el Señor no inculpa de pecado” (Sal.32.1-2).

La fe que salva es tan vital que siempre va a estar inmiscuyéndose en labores de amor, obediencia a Cristo el Salvador y, por supuesto, asistencia a los demás, o sea, al prójimo. Aquella fe que solo confía en Dios para perdón de pecados sin tener en cuenta el sincero arrepentimiento y la entrega a Cristo, no califica como fe salvadora del Nuevo Testamento.

El término fe es ampliamente usado dentro y fuera del mundo religioso, pero en muchas ocasiones desvinculado del programa de la Redención, lo cual es completamente antibíblico. La salvación por la fe incluye el ser salvo de la condenación, tener comunión con el Todopoderoso, vivir en santidad y nos capacita para hacer buenas obras.

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