La Fe Salvadora (X), Antonio Raúl Machado García.

Antonio.jpg Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 9 de agosto de 2013, (FCP). La Iglesia moderna, aunque posee una apariencia de piedad, la realidad es que divaga entre dos pensamientos, si va a actuar en fe en la Palabra de Dios o si su proceder será en base al temor o la incredulidad. Si escoge la primera opción estaría de acuerdo con el cielo, de acuerdo con el propósito del Altísimo, pero si opta por la segunda, sería solo una caricatura eclesial.

Respecto del profeta Elías, la Biblia dice “…que era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras” (St.5.17), significa que podía dudar, temer y sentir desánimo como lo siente cualquier ser humano. Este mismo mortal “…oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia” (St.5.17-18).

Este hombre de Dios tenía fe en que sus oraciones al Creador lograrían mucho, incluso respecto a la intervención de Dios en el curso de la naturaleza. Tenía este profeta plena certidumbre de que la oración de una persona justa, según Dios la concibe, puede producir mucho, como escribiera el apóstol Santiago: “La oración eficaz del justo puede mucho” (St.5.16).

Los rectos, con sus oraciones, se acercan al Altísimo, se les abre la puerta a una vida llena del Espíritu, reciben el poder para el servicio cristiano, les ayuda a vencer a Satanás, les da clara visión para la voluntad de Dios, y los capacita para recibir dones espirituales. Por medio de ella son librados de las adversidades, glorifican a Dios y les trae sanidad.

Mucha de la falsa enseñanza que se imparte en las iglesias está encaminada a debilitar la fe en el poder de la oración y el creyente debe permanecer alerta contra todo lo superfluo, aunque venga mezclado con la Palabra de Dios. Un ejemplo es el “fatalismo“, la noción de que todo lo que sucede, aún antes de que venga a la existencia, está irrevocablemente establecido.

Un gran número de creyentes creen en la omnipotencia del destino, como hacen los fatalistas, pero esto es contrario a las Escrituras, puesto que conduce a la suposición de que tanto lo bueno como lo malo ya está determinado y es inalterable. Semejante pensamiento distorsiona la fe, paraliza al cristiano y la oración eficaz pierde todo sentido.

Jehová trata con sus hijos, no mediante el determinismo absoluto sino por la providencia divina, por la cual se relaciona con los justos y responde a sus oraciones, las cuales pueden cambiar determinadas circunstancias. Muchas cosas buenas suceden en respuesta a la fe y las oraciones, que de otro modo no ocurrirían (cf. Ex.32.9-14).

Aún en las circunstancias más adversas, la fe de Elías podía ser probada para la gloria de Dios, como es el caso de la viuda de Sarepta, quien había perdido a su hijo debido a una grave enfermedad. “Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió” (1Re.17.22), y así quedó registrado en la Biblia el primer caso en que alguien es resucitado de entre los muertos.

El Altísimo mandó a Elías ante el rey Acab para decirle: “Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra” (1Re.17.1). Los cielos fueron cerrados porque un hombre se atrevió a creerle a Dios, en quien centró su fe y a pesar del temor, de la duda y de circunstancias, decidió obedecer y correr los riesgos requeridos.

Contrariamente, la religión convencional me dice que debo ir a lo seguro, que no debo cruzar el límite de la esfera humana y que lo que se debe hacer es “volver a orar“. Pero, opuesto a esta actitud se encuentra la fe, que cruza los límites de la razón a la esfera de lo divino, para transportarnos a la dimensión donde todas las cosas son posibles (cf. Mr.9.23).

Con una actitud sumamente “racional“, la mayor parte de la iglesia cubana prefiere no dirigirse al “rey”, como hizo Elías, sino que es necesario someterse ciegamente a la autoridad. En realidad lo que buscan es mantener su modo de vida inalterable sin oponerse al gobierno para no perder sus prebendas, y para eso están dispuestos, si es necesario, a manipular las Escrituras.

Estos falsos líderes religiosos podrán bombardear al pueblo de Jehová con sus encantamientos, pero que no olviden que “Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ec.12.14). El creyente enfrentará el temor, el desánimo y el desengaño, pero si se mantiene firme en la fe, podrá disfrutar de la victoria y Dios será glorificado.

Profeta Elías, obra de José de Ribera.

Profeta Elías, obra de José de Ribera.

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