La Fe Salvadora (XI), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 16 de agosto de 2013, (FCP). Entristece ver en Cuba al pueblo llamado evangélico, el cual dice tener fe, aguantar ciegamente la manipulación de un gobierno maquiavélico como el del régimen comunista que impera en la isla por más de 50 años. Un sector de la iglesia ha flaqueado y le ha seguido el juego al enemigo de las almas, que ha logrado que muchos cristianos se muestren indiferentes al verdadero fluir de la vida.

Al menguar la verdadera fe, muchos miembros del rebaño de Dios tratan de suplir este vacío y se involucran en una serie de actividades de tipo religioso, que son infructuosas y que no llenan el alma humana. Desafortunadamente, muchos permanecen de esta manera desenfocados del propósito divino, pues la Iglesia ha sido reducida a un simple esquema.

Demasiados son los predicadores que hacen uso del púlpito de manera indiferente y fría, esto es contrastante debido a que supuestamente ellos van a dar un mensaje de fe y vida. Los mensajeros de Dios están puestos para despertar la fe y hacer arder el corazón de las personas mientras exponen con pasión y audacia el evangelio de Jesucristo.

Según el Dr. Martyn Lloyd Jones, “Predicar es la teología que pasa por el hombre que arde… Repito, el hombre que puede hablar desapasionadamente de esas cosas no tiene derecho de ocupar un púlpito, y nunca debe permitírsele usar uno. ¿Cuál es el fin principal de la prédica? Me gusta pensar que es este: Dar a hombres y mujeres un sentido de Dios y Su presencia“.

La sustitución de la fe bíblica por una tonta ilusión propagada por pregoneros con una mente natural, ha conducido a gran parte de la iglesia a apartase de los principios eternos y ha estimulado a muchos feligreses a prácticas que no aprovechan. Al desviar la fe de Dios y Su Palabra, y ponerla en una persona, idea o confesión, el resultado es desastroso.

Doloroso es ver cómo muchas denominaciones languidecen y aun continúan con el “propósito” de perpetuar sus nombres sin tener nada de qué afligirse. Jesús le dijo a la iglesia de Éfeso: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Ap.2.5).

Verdad es que vivimos en tiempos finales en los que “…algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1Tim.4.1), y por esta causa muchos viven indiferentes al Altísimo. También es real que hay un considerable grupo de personas con hambre de Dios, pero no han podido identificarse con los nuevos cristianos.

Abundancia de predicadores han salido por todo el mundo para hablar del evangelio, y todos sostienen que solo hablan la verdad. Pero cuántos, en realidad, han logrado impactar a sus oyentes de tal manera que los lleven a tomar una decisión con respecto a sus almas, o es que sus prédicas filosóficas tan solo han servido para un poco de entretenimiento.

Pablo, en su ministerio, era convincente porque en sus mensajes siempre le acompañó la plenitud de la bendición, el poder, la gracia y la presencia de Jesucristo. Él mismo escribió cómo su palabra y sus obras fueron “…con potencia de señales y prodigios en el poder del Espíritu de Dios; de manera que…, todo lo he llenado del evangelio de Cristo” (Ro.15.19).

Escasean los predicadores íntegros y comprometidos con la fe bíblica, lo que constituye una de las razones de tanta confusión y crisis de fe en la que se encuentra un gran sector de la Iglesia moderna. Pablo cuando ministraba les impartía la bendición a otros oyentes, y los que servimos al Señor debemos buscar esa misma plenitud en nuestros ministerios.

¿Cuánto cambiaría si muchas denominaciones de la iglesia cubana dejarán de jugar al cristianismo, vencieran el terror al gobierno y ejercieran su fe contra toda maldad y artimaña del mal en el mundo espiritual? Estoy seguro que muchos encontrarían el camino hacia Dios y muchos cambios verdaderamente significativos ocurrirían en esta maltratada nación.

Las Escrituras enseñan que “…el dios de este siglo cegó en entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2Co.4.4). Pero también enseña que en esta batalla contra los poderes de las tinieblas estamos llamados a tomar el escudo de la fe, para que muchos sean salvos (cf. Ef.6.10-20).

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