La Fe Salvadora (XII), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 23 de agosto de 2013, (FCP). Aquellas instituciones que ostentan el nombre de iglesia, deberían ejercer la fe de tal forma y con tal autoridad, que las personas pudieran tener una visión del cielo y experimentar una genuina experiencia con el Todopoderoso. Pero desafortunadamente muchas denominaciones han transformado los servicios en los templos en encuentros socio-culturales exclusivamente.

No son pocos los actuales “ministros” evangélicos que se han alejado considerablemente, de acuerdo a la función que realizan, del término bíblico para acercarse un poco más al concepto secular como, por ejemplo, el de ministro de cultura. Gran parte del mensaje evangélico solo se ha dedicado a la adaptación del mensaje bíblico desde el punto de vista cultural.

Es necesario establecer la relación de las diferentes culturas, pero cuando se convierte en la médula del mensaje cristiano, este es desvirtuado, torcido y, por lo tanto, incapaz de producir el resultado por el cual fue diseñado. Cuando la prédica no produce fe en Cristo, en Su Palabra y en la salvación, es como cuando se desvanece la sal: “No sirve más para nada” (Mt.5.13).

Desde hace algún tiempo el fenómeno de la secularización en la iglesia ha surgido para sustituir la ausencia de fe en la miserable proyección de la iglesia moderna. Si no ha avanzado la sociedad cubana más rápidamente hacia el progreso y el cambio, una de las razones es que la iglesia cubana no ha cumplido a su cabalidad con el rol que Dios le ha encomendado.

Gran parte del liderazgo cristiano no está dispuesto a correr los riesgos y librar las batallas como los hombres y las mujeres de Dios en los relatos bíblicos, quienes ponían su fe, a pesar de los riesgos, contra los poderes de las tinieblas. Pero desgraciadamente hoy en la iglesia es más importante si se ha pasado un seminario que si tienes fe para enfrentarte a la injusticia.

La poca búsqueda de la genuina fe que opera en el alma humana y que nos transporta al ámbito sobrenatural, nos ha dejado solo la práctica de rituales vacios en los templos que son “como un metal que resuena, o címbalo que retiñe” (1Co.13.1). Son muchos los que creen en sus corazones que han hecho suficiente con ir los domingos al servicio solamente, esto es mala religión.

Debido a la secularización y la corrupción, es sumamente difícil mostrarle al pueblo cubano como funciona verdaderamente la Iglesia de Jesucristo, puesto que en nuestra isla casi la totalidad de las instituciones han sido negativamente influenciadas por el Gobierno. La estrategia del régimen comunista, al no poder desaparecerlas, es ponerlas a su disposición.

Tenemos psicólogos, informáticos, profesores universitarios, económicos, psiquiatras y médicos, lo cual es bueno, pero ellos solo pueden dar soluciones naturales que pueden ser encontradas en cualquier centro profesional sin necesitar de la fe. Si llegamos a ese estado, entonces podemos perder de vista el propósito divino, porque “…sin fe es imposible agradar a Dios” (He.11.6).

De acuerdo a Hechos 12, el apóstol Pedro se encontraba en prisión para ser decapitado a la mañana siguiente como ya había sucedido con Santiago, pero la iglesia hacía oración con fe para evitar lo inevitable. Dios fue propicio a esa congregación y envió un ángel, quien quitó las cadenas, abrió las puertas y Pedro se encontró libre por la intercesión de fe de los creyentes.

Aquella congregación no estaba interesada en lo que el mundo secular pensara de sus oraciones, ni tampoco mostraron curiosidad por las enseñanzas de lo que la iglesia ortodoxa exigía al respecto. Ellos habían comprendido que el peligro era eminente y que solo una intervención sobrenatural del cielo podía cambiar el curso de los hechos.

Pedro escapó por la acción de una fe viva ejercida por un grupo de creyentes, de acuerdo plenamente con la enseñanza bíblica de lo sobrenatural, donde nada es imposible para una iglesia de verdaderos creyentes. El talento, la educación o el genio por sí solo no son la respuesta, Jesús dijo: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Mr.9.23).

Este mensaje ya no es muy popular en el mundo eclesial, es como si hubiera perdido “vigencia” la exhortación a buscar la fe y el ejercicio de los dones espirituales para cumplir la encomienda legada por el Altísimo. Si la iglesia tuviera la fe para creer que Dios puede estar en nosotros, y por nosotros y decir como Pablo: “…el vivir es Cristo“, nada sería imposible.

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