La Santa Clara que no Conocí, Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 26 de julio de 2013, (FCP). El 15 de julio de 1689 varias familias de Remedios fundaron la villa de Santa Clara, desde entonces, muchísimos son los hechos que adornan la historia local. Sin embargo, puesto que resulta imposible haber vivido todo el periodo que hay entre la fundación y nuestros días, imaginaré como habría actuado ante ciertos eventos.

Hubiese querido ser parte de aquella mudanza y disentir con el cura José González y con el alcalde Manuel Rodríguez sobre el sitio para fundar la villa. Como Rodríguez encarnaba el Estado y González a la Iglesia, y uno prefería el cayo de monte Los Orejanos, cerca de donde se unen los ríos Cubanicay y Bélico, y el otro ir a Guanal, algo más al sur, de seguro habría propuesto una tercera opción.

A la postre el dilema favoreció al alcalde, pero quienes quedaron en Remedios deseaban ser independientes de Santa Clara, y los que vinieron querían mandar sobre su anterior poblado. Aun así, por nada del mundo me habría sumado a la tropa del capitán Luis Pérez de Morales que el 12 de enero de 1691 fue hasta Remedios y obligó a sus moradores a mudarse a Santa Clara. Mucho menos hubiera participado en el incendio que desató en el lugar luego de la negativa de estos.

Me hubiera gustado ver como a finales del siglo XVII la zapatería de Sebastián Vieira y la carpintería de Simón Santos se erguían como los primeros negocios privados. También observar como estos establecimientos forjaban el cimiento del progreso que en breve conoció la nueva localidad.

Si sobre algo no estoy claro como hubiera actuado, es respecto a la declaración de guerra que el 8 de octubre de 1762 le hicimos a Inglaterra, luego que esta tomara La Habana. En parte porque fue más por jurarle fidelidad a España que por otra cosa, si bien es cierto que para entonces apenas existía el sentimiento de Nación. También porque algo ya se sabía del éxito que gozaban algunos territorios ingleses de ultramar, no obstante, aún hoy me cuesta decidir, pues como quiera aquello significaba una invasión.

De buena gana habría ayudado a Manuel de Sed Colón con la imprenta que desde su Camagüey natal trajo a lomos de caballo para que el sábado 3 de diciembre apareciese El Eco de Villaclara, primer diario impreso en Santa Clara. También hubiese seguido a los santaclareños amantes de la independencia, la cultura y el progreso que fundaron el Liceo de Villa Clara en 1867 y que el 7 de febrero de 1869 se pronunciaron en armas en Manicaragua contra el oprobio español.

Sin dudas que entrar el 31 de diciembre de 1898 por el lugar que actualmente conocemos como “La Ceibita”, junto al Ejército Libertador comandado por el general José de Jesús Monteagudo, debió haber sido hermoso. Máxime si ese mismo día el ejército español abandonaba Santa Clara y evacuaba sus tropas por ferrocarril hacia la capital.

Con gusto, y pese a mi postura atea, habría refutado el Art. 1 de la propuesta de ley presentada el 30 de julio de 1916 a la Cámara de Representantes, la cual autorizaba al Ejecutivo Nacional adquirir los terrenos de la Parroquial Mayor mediante la ley de Expropiación forzosa. Más que por el valor religioso que significaba para los santaclareños de aquel tiempo, lo habría hecho por conservar una edificación que para el momento de se demolición, 1923, arribaba a su segundo centenario. Algo que bien pocas construcciones, o ninguna, exhibía entonces.

Idéntico proceder al anterior hubiese mostrado cuando el régimen comunista, una vez que se hizo con el poder en 1959, decidió eliminar varios elementos arquitectónicos que decoraban nuestro bello parque Vidal. Debido a aquel tozudo proceder desapareció la fuente del Niño de la Bota Infortunada que desde 1925 adornaba el lado sur de dicha plaza, también una hermosa Pérgola que existió detrás del monumento a Marta Abreu.

Como bien formulé al principio, es imposible haber tomado parte de todo cuanto ocurrió desde los días de la fundación de Santa Clara hasta hoy. Sin embargo, conocer sobre eventos ocurridos en nuestro pasado provinciano e inclinarnos hacia el lado que creamos más sensato, sí es posible, además de que es un buen argumento para honrar a aquellas familias remedianas que hace 324 años se aventuraron tierra adentro y fundaron la villa que habitamos hoy.

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Vista del parque Vidal en 1915, con la Parroquial Mayor al fondo.

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