La Utopía del Socialismo en América, Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 16 de agosto del 2013, (FCP). Es evidente que la izquierda latinoamericana, en sus múltiples manifestaciones y colores, ha logrado avances significativos en esta región del hemisferio occidental. Los sectores más extremistas de esta ideología política, han logrado unirse con las facciones centrista y con la menos radical, lo que ha conllevado a importantes avances en su marcha hacia el poder.

Los amigos y defensores de la democracia y de los Derechos Humanos no han podido responder adecuadamente a la estrategia política de la izquierda unida. Mientra en las contiendas electorales la izquierda presenta un solo candidato, los partidos que se denominan de derecha van divididos y fragmentados, lo que los inhabilita para la lucha por el poder.

Así ocurre en muchos países de Nuestra América, lo que ha dado la oportunidad a los discípulos de Marx, Lenin, Fidel y Chávez, de llegar a la presidencia en esta área geográfica. Hoy controlan el poder en varios de estos países, y declaran abiertamente que van hacia el establecimiento del régimen social que ya demostró su incapacidad, el Socialismo del Siglo XXI.

Una nueva Internacional Socialista ha surgido, el Foro de Sao Paulo, creación de Fidel y del difunto presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías, el cual agrupa a las tendencias políticas de izquierda. Ellos realizan grandes movilizaciones cada vez que se efectúa una Cumbre del Grupo de los países más desarrollados y emergentes, gritan contra el capitalismo y contra el libre mercado.

Su programa de lucha está recogido en las proyecciones que alientan los sectores que fueron desplazados del poder en la Europa del Este y en la antigua Unión Soviética. Pero existe en todas estas corrientes ideológicas un denominador común, al alcance de cualquier retrasado mental, ser en todas las circunstancias, trátese de lo que se trate, antinorteamericano.

Hoy, en varias naciones del continente, estas fuerzas participan de forma colateral en muchas de las cumbres que se han efectuado por los organismos regionales de integración. En todas las tribunas levantadas por estas organizaciones de izquierda, siempre se han encontrado voces como la de Evo Morales, una especie de historia natural del pensamiento político momificado.

La campaña contra los Estados Unidos, y su política nacional e internacional, permitió el surgimiento de varios gobiernos que aplican una serie de medidas de carácter populista, y de afianzamiento del poder político y económico del Estado. Estos gobernantes, Evo, Correa, Daniel Ortega, Nicolás Maduro y Raúl Castro; son los líderes de esta corriente, enemiga de la libertad individual.

Apoyan a regímenes genocidas como el de Siria, callan ante los atentados terroristas en Irak, se solidarizan con el gobierno iraní y sus planes de producir bombas nucleares. Deforman y tergiversan la situación real que enfrentan muchos países del Medio Oriente, dan una interpretación falseada de la posición política norteamericana en la región.

Emergen como los paladines de la democracia y del principio de no intervención. Urden groseras maniobras para castigar al nuevo gobierno paraguayo. Preparan nuevas violaciones de la Constitución para mantenerse indefinidamente en el poder, como en el caso de Ecuador y anteriormente Nicaragua y Bolivia.

Ajustan sus mecanismos antidemocráticos para aislar al gobierno de los Estados Unidos y a Canadá del resto de los países de la región. Por eso dan nacimiento a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), como anteriormente crearon la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba).

No se detienen allí, sus tentáculos señalan a la utilización de otros organismos de integración regional en su cruzada en contra del Libre Comercio y la Economía de Mercado. En la mirilla de estos decrépitos aspirantes totalitarios están la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), y el Mercado Común de Sur (Mercosur), todo lo que indica que al final fracasarán.

Para el Comando Político, dirigido desde Venezuela, la tarea no resultará fácil. Los EE.UU., en forma lenta pero sostenible, dejan atrás las secuelas de la crisis financiera que enfrentan desde el 2008. Hoy están en condiciones de establecer nuevos tratados económicos con los países latinoamericanos, y echar por tierra la Utopía Socialista de la izquierda en esta región.

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