Los Cambios que el País Necesita (II), Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 28 de junio del 2013. (FCP). Es lógico que el cambio de actitud en la política represiva del régimen despierte un gran interés, además de preocupación en las filas de la oposición. Y no es para menos, el mundo ha sido testigo durante más de medio siglo de la forma feroz y a veces antihumana, con que el gobierno castrista ha perseguido y combatido a sus enemigos políticos.

Por eso resulta difícil poder comprender este cambio de actitud de la élite gobernante, con relación a las actividades pacificas de la oposición. Existen fuerzas, tanto en el Partido Comunista como en el Estado, que pugnan por efectuar determinadas transformaciones en lo económico y político, sin que se afecte la esencia del sistema.

En la dirección del país predominaron durante muchos años, y aún se resisten a desaparecer, aquellos sectores más extremista de la izquierda, los que se oponen a todo cambio por débil que este sea. Estas fuerzas fueron las mismas que impulsaron la colectivización de la agricultura y la absoluta centralización de la economía.

Estos sectores que forman la élite en la dirección del Partido y del Estado, prometen la abundancia, y con su nefasta política engendran la miseria. Durante años han llorado la desaparición del Socialismo Real en la extinta Unión Soviética y en la Europa del Este, aunque ahora para consuelo de los mismos promueven el Socialismo del Siglo XXI.

Promete esta izquierda dirigente, que se niega aceptar los cambios inevitables, la libertad e impone la servidumbre, la igualdad y desemboca en las menos igualitarias de las sociedades. Cacarea sobre el respeto a la vida humana, y durante este medio siglo ha enviado a los paredones de fusilamientos y a las ergástulas del régimen, a miles de cubanos.

Niega el acceso a una cultura independiente y no comprometida, engendra un embrutecimiento generalizado, fosiliza al hombre con el falso argumento de crear al hombre nuevo, apoyado en el pensamiento utópico y en la falsa ideología. Esta izquierda totalitaria en el poder, en Cuba, se niega a aceptar que el comunismo era, y es, una tiranía odiosa y un modelo económico nefasto.

Argumentan que el Socialismo Real era el único sistema que podía salvarnos del encierro en el consumismo, del liberalismo desenfrenado, del reino del dinero, de la dominación y el desprecio. El remedio comunista transformó en ruinas las sociedades que lo conocieron, como Cuba, ha sojuzgó, embruteció, asfixió y aniquiló a la cultura.

Ahora bien, se han definido pensamientos y criterios opuestos sobre la situación actual y la forma de encontrar una solución a la crisis que abate al país por más de medio siglo. Las fuerzas que se colocan en las posiciones más regresivas de la izquierda apuestan por la permanencia de un régimen cerrado, y la ausencia de cualquier vestigio de democracia.

Son los que consideran que no se debe profundizar en las medidas de apertura económica porque ponen en peligro la esencia del sistema. Por eso colocan miles de obstáculos al desarrollo y ampliación del trabajo por Cuenta Propia, ellos ven en esa actividad no estatal, el mecanismo mediante el cual, dueños ya de su propiedad, dejan de ser juguete del Estado.

Innegablemente, otros dentro del aparato gubernamental quieren los cambios que se recogen en los lineamientos para la Actualización del Modelo Económico y Social Cubano. Todo dentro del contexto del sistema socialista como ello lo denominan perfeccionados. No obstante estas tímidas transformaciones, si se ven en forma objetiva tienen su aspecto positivo.

Romper el cerco no resultó nada fácil, lograr crear grietas en el estatismo cerrado de la economía sólo fue posible por la cantidad de errores acumulados. Estos pusieron en evidencia el desastre que conlleva la centralización absoluta de los medios de producción. Aún persisten en salvar su régimen con las tibias reformas aplicadas.

También en las filas de la oposición existen divergencias sobre la aplicación del Nuevo Modelo Económico. Unos consideran que se deben seguir de cerca, ya que pueden obedecer a una política oportunista y transitoria, en la que se busca ganar tiempo para sortear la crisis. Otros ven en ello el germen de lo que puede ser el inicio de una transición democrática.

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