El Aullido de los Farsantes, Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 27 de septiembre del 2013, (FCP). Las variadas y complejas situaciones que constantemente se presentan en un mundo tan cambiante, obligan nuevamente al comentario. Es noticia diaria las sistemáticas acusaciones que los presidentes de Venezuela, Bolivia, y Ecuador, lanzan contra los Estados Unidos de América (EUA), al cual acusan de estar detrás de los planes de desestabilización que se ejecuta contra los gobiernos de esos países.

No hay un solo día en que la prensa nacional y extranjera no publique alguna declaración de estos gobernantes, donde son reiterativas las acusaciones de planes de golpes de Estado contra esos países. Nicolás Maduro dedica largas horas de su trabajo a presentarse ante los medios de prensa como víctima de una gran conspiración extranjera contra su nación sudamericana.

Igual comportamiento tiene el cocalero Evo Morales, que ha asumido el papel de crítico verbal acérrimo de la política de los EUA. Formó tremendo escándalo, cuando tuvo dificultades en su viaje a Europa. Alrededor de ese incidente se desplegó a una gran campaña, donde culpaban a los países desarrollados de agresión contra un mandatario del Tercer Mundo.

Correa, el presidente ecuatoriano, no quiere quedarse atrás y ha lanzado una campaña cargada de demagogia y engaño. Es un candidato frustrado a sustituir a Hugo Chávez en el liderazgo contra el gobierno americano. Por eso en cada reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños sus pronunciamientos generan frustración.

Evo Morales, como anteriormente lo hiciera Hugo Chávez y hoy lo repite Nicolás Maduro y Rafael Correa, plantean que el occidente representa la cultura de la muerte, mientras los pueblos de raíz indígena la cultura de la vida. Estos gobernantes ignoran que no existe un punto de la historia que esté libre de víctimas y de victimarios.

Estos paladines enemigos de la cultura occidental, desconocen que el imperio Inca y el Azteca crecieron sobre las ruinas de otros pueblos derrotados en combate.¿ Por qué detener los agravios en el perímetro quechua hablante de principios del siglo XVI, para forjar fronteras de la República de Tawantisuyo? ¿Por qué no revitalizar las culturas aplastadas por la implacable máquina militar de los Incas?

Si esta absurda labor de excavación de los precursores del Socialismo del Siglo XXI y de los nuevos anticolonialistas continua, podemos retroceder más y más en el tiempo. Hasta pretender, como afirma un escritor, reconstruir la vida supuestamente idílica de nuestros rudos antepasados trogloditas dedicados a recolectar frutas y a la dulce tarea de decorar las paredes de las cuevas que habitaban.

Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, en el libro el “El Regreso del Idiota “hacen una brillante caracterización de estos personajes. De Rafael Correa ellos afirman que este se equivoca en el diagnóstico y en la terapia de nuestros males. Los resultados podrían ser catastróficos, para un país como el suyo, sometido a un pernicioso juego de ilusiones.

Sobre Correa, más adelante escriben que la fiebre ideológica que padece, su antiamericanismo, enfermedad eruptiva propia de los idiotas de América Latina, es de donde le viene su fobia al Banco Mundial, al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, al pago de la deuda externa, a las bases militares norteamericanas y al dólar mismo.

Alentado por Caracas, según se define en el libro, Evo Morales empezó a pelearse con sus vecinos, ahuyentar inversores, inundar su país con trabajadores sociales y asesores de Cuba y Venezuela, reabrir viejas heridas y minar el sistema electoral. De lo se trata es de aplicar un sistema de control político y social calcado del régimen cubano.

Hoy Rafael Correa, Evo Morales, Nicolás Maduro, y el resto de los presidentes que integran el ALBA, dan aullidos de fieras que parecen acorraladas. Justifican sus constantes fracasos con un lenguaje salpicado de dichos e imprecaciones, que son delirios de la oposición, infundios del imperialismo y conjuras de capitalistas enemigos de la revolución.

Gran desilusión para la opinión pública internacional, resultaron las intervenciones de un grupo de jefes de Estado, cuyo objetivo fundamental era el de atacar la política exterior de los Estados Unidos. La nueva y la vieja izquierda no pueden perdonarle a esta nación el importante papel que jugó en la lucha contra el totalitarismo comunista.

Cuando en el mundo se discute qué medidas o sanciones adoptar contra los genocidas sirios que asesinaron a miles de personas con armas químicas, estos mandatarios persistían en desviar la atención sobre este aspecto. Ellos solo gritan contra la intervención foránea en los asuntos internos de este país del medio Oriente.

Dichos mandatarios siembran la división entre los países para evitar que se adopte una resolución justa y razonable que de fin a la tiranía de la familia al Assad. Lanzan acusaciones para desvirtuar la raíz de los problemas, y que las Naciones Unidas adopte un acuerdo en que se condene a Siria por utilizar contra su pueblo el arma química.

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