La Conquista de lo Imposible (II), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 13 de septiembre de 2013, (FCP). Los creyentes nos encontramos en un conflicto espiritual contra el mal, del cual solo podemos levantarnos en fe. Esta confrontación se refleja en el mundo físico y así sucederá hasta que entremos en la vida venidera. Antes de la toma de la ciudad, Josué recibió la visita de un varón que le dijo: “…como príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué…, le adoró” (Jos.5.14).

Mediante la muerte de nuestro Señor Jesucristo en la cruz, fue asegurada la victoria del creyente contra las fuerzas infernales. Pablo lo deja claro cuando escribió: “…y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col.2.15). Solo la fe del creyente es lo necesario para apropiarse de esta verdad.

Por el poder del Espíritu Santo es que en la actualidad los creyentes podemos enfrentarnos contra los deseos pecaminosos, los placeres impíos del mundo, toda clase de tentaciones, Satanás y todo su ejército demoniaco (cf. Ro.8.13, Ga.5.17). Algunos se enfrascan erróneamente en negar la existencia de esta confrontación en la que no solo los creyentes se encuentran envueltos.

La separación del cristiano no es del mundo sino de la maldad que hay en este, de la corrupción que se presenta y del pecado que lo consume. Jesús dijo en la oración sacerdotal: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn.17.15). El mal está dirigido contra todo el género humano, el cual odia Satanás por ser la imagen de Dios.

Son muchas las formas y los métodos que usa el maligno con el objetivo de denigrar la existencia de los seres humanos. Una de sus más eficaces técnicas es por medio de malvados y terribles gobiernos y regímenes que lejos de buscar el bienestar de sus ciudadanos, los tratan como a esclavos. Cuba es un ejemplo fehaciente de lo anteriormente dicho.

Triste es la posición de un gran sector de la llamada iglesia cubana que, al traicionar los principios cristianos, defiende incondicionalmente a un Gobierno Totalitario que ha perseguido y persigue aún a aquellos cristianos que no se dejan manipular. No son los primeros con los que Dios cuenta para producir cambios sustanciales en la sociedad cubana.

Jericó era una ciudad que se había entregado desenfrenadamente al mal y a la rebelión contra el Altísimo por medio de un sinnúmero de prácticas abominables (cf. Lv.18.1-23). Antes de entrar a Canaán Dios le dijo a los israelitas: “…se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros y la tierra fue contaminada…, y la tierra vomitó sus moradores” (Lv.18.24-25).

Para los israelitas la toma de Jericó y de toda la tierra era una cuestión de fe, un desafío frontal a la realidad de la batalla con una fortaleza prácticamente inexpugnable. La verdadera batalla ocurría en el pueblo que tenía que decidir, ante lo irrealizable, confiar o no en la Palabra de Dios. Jesús dijo: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lc.18.27).

Los opositores al régimen cubano podemos aprender mucho de este cuadro por estar, a mi juicio, en una situación similar a la que estuvieron los israelitas al enfrentar a sus superiores enemigos. David dijo al filisteo Goliat: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; más yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos…, a quien tú has provocado” (1S.17.45).

Dios mandó a que rodearan la ciudad una sola vez los hombres diestros para la guerra, con siete sacerdotes al frente junto con el Arca del Testimonio, los cuales debían hacer sonar sus bocinas de cuernos de carneros. Por siete días harían esto, pero en el séptimo darían siete vueltas a la ciudad y los sacerdotes tocarían los cuernos prolongadamente y el muro caería (cf. Jos.6.1-5).

Muchos seguramente pensarán que todo esto no es más que una tontería o un cuento que alguien inventó para pasar el rato y con un poco de suerte el relato fue incluido en la Biblia y así ha trascendido en la historia. Nada más lejos de la realidad, porque la sola existencia de Israel está para testificarlo, además de las excavaciones arqueológicas.

En la trampa de subestimar la Palabra de Dios ha caído la mayoría del pueblo cristiano en Cuba. Por la constante presión del Gobierno cubano, muchos se han convertido en solo historiadores de los tiempos bíblicos sin traer a nuestros tiempos las enseñanzas de fe. Es hora de que todos los cubanos, no solo los creyentes, sepan de que en Cristo se puede Conquistar lo Imposible.

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