La Conquista de lo Imposible (III y final), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 20 de septiembre de 2013, (FCP). Con el mismo poder que el Todopoderoso dividió las aguas del Mar Rojo para el paso del pueblo de la promesa, lo hizo también con el Rio Jordán para la conquista de Canaán. Esta fue la llave de toda la campaña de Josué y ya no había marcha atrás. “Las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón…, y el pueblo pasó en dirección de Jericó” (Jos.3.16-17).

Este evento sobrenatural fue lo que dio inicio a la toma de posesión de la tierra Prometida junto con la visita del Príncipe del ejército de Jehová, quien no era otro que el preexistente Hijo de Dios, aquel cuyo ministerio vemos desarrollarse más ampliamente en el Nuevo Testamento. Claramente el mensaje de Dios es que la victoria estaba segura si se dejaban guiar por Él.

Otro detalle que resalta es el uso del número siete: siete sacerdotes, siete bocinas, siete días y siete vueltas a la ciudad el séptimo día, todo esto significa obra consumada y perfectamente completada. Interesante también es el uso de las bocinas de cuerno de carnero, o “trompetas de jubileo” como se traduce en otras versiones.

Aparte de las referencias al año de jubileo (cf. Lv.25.8), este vocablo hebreo solamente es usado en este pasaje y en Ex.19.13, cuando los israelitas se encontraban junto al Monte Sinaí para recibir los Diez Mandamientos. El uso de estos peculiares instrumentos solo tiene que ver con una significación de tipo religiosa.

El relato bíblico lo que nos muestra es que tanto las instrucciones dadas por Dios como el uso específico de dichas trompetas que eran llevadas por los sacerdotes, tenían una connotación más ceremonial que bélica. O sea, que aunque pareciera que ellos estaban envueltos en una empresa militar, en realidad era más bien religiosa.

Constituye también un elemento sumamente espiritual la presencia del Arca del Pacto en medio de los guerreros del pueblo de Israel, lo cual sugería la bendita presencia del Todopoderoso junto a la marcha de Sus hijos. Es por esto que al circundar la ciudad “invencible”, los israelitas tenían plena certeza de que no iban solos y que la victoria era alcanzable.

Solamente una mujer con su familia fue salvada de la perdición. “Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahad la ramera vivirá, con todos los que están en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos” (Jos.6.17). Algo maravilloso sucedió con esta mujer que posteriormente fue incluida en la genealogía de Jesús.

Aquellas instrucciones, quizás un tanto extrañas para algunos de nosotros pero precisas, fueron cumplidas palabra por palabra: Siete sacerdotes tocaban sus trompetas junto con el Arca del Pacto, a la vez que marchaban alrededor de la ciudad con un ejército en completo silencio durante siete días para luego regresar al campamento en Gilgal.

Grandioso fue el día séptimo en el cual circundaron la ciudad siete veces seguidas y entonces, entre el grito estruendoso del pueblo y el fuerte toque de las trompetas, sucedió lo “imposible“: “…, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia delante, y la tomaron” (Jos.6.20).

Los incrédulos, en su soberbia, exponen que la “causa” de tal destrucción del muro bien pudo ser un terremoto, no obstante, eso no puede explicar el hecho que ocurriera milagrosamente y más aun en el preciso momento de la conquista de dicha ciudad. El registro histórico-bíblico no deja lugar a dudas en cuanto a que fue la directa intervención de Dios.

Como para que no quedara ninguna incertidumbre al respecto, en el Nuevo Testamento el autor de la carta a los Hebreos declaró: “Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días” (He.11.30). Oro para que la intervención del Altísimo sea de tal magnitud en Cuba, que los muros del totalitarismo se desvanezcan para siempre como los de Jericó.

Por demasiados años, el poder que impera en nuestra Isla ha contaminado y manipulado la mente del sufrido pueblo cubano, el cual es tratado como a un esclavo al que no se le permite ni siquiera pensar que las cosas pueden cambiar para mejorar. Es hora de que los cubanos empiecen a soñar y a ejercitar sus mentes para la Conquista de lo Imposible.

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