Los Enemigos de la Libertad, Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 27 de septiembre de 2013, (FCP). Por todas las vías posibles el Gobierno Cubano se autoproclama como un gran paladín que defiende los más elementales derechos de todos los cubanos, y se autodefine como uno de los sistemas más democráticos del Planeta. Paradójicamente este mismo “campeón de la libertad” no puede tolerar el simple desfilar en silencio por nuestras calles, de un grupo de mujeres vestidas de blanco.

Arremeten frenéticamente, cual perros rabiosos con espuma en sus fauces, contra estas corajudas mujeres que su único “delito” es defender y luchar a riesgo de todo por la libertad del pueblo cubano y hasta por la de sus mismos represores. El poder totalitario es capaz de cometer los más vergonzosos actos en su afán de tratar de silenciar cualquier atisbo de libertad.

Aun más triste todavía es el silencio cómplice que guardan la mayoría de las iglesias cristianas de nuestra Isla ante el abuso y el atropello de que son objeto la valiente y abnegada oposición pacífica por parte de los que ostentan el poder en la mayor de Las Antillas. ¿Será posible la existencia de alguna comunión entre el cristianismo y estos despóticos poderes?

Entiéndase por Totalitarismo a las ideologías, movimientos y regímenes políticos en los cuales existe una seria restricción de la libertad, y el Estado ejerce todo el poder sin divisiones ni restricciones. Esto es lo más parecido que existe a una falsa religión donde el Estado pasa a ser un dios al que todos los gobernados deben rendir pleitesía.

Contrariamente a otros regímenes autocráticos, el Totalitarismo se caracteriza por la dirección de un partido político único que, como una mezcolanza satánica, se funde con las instituciones del Estado. Este sistema procura la exaltación de un líder con un poder ilimitado, a la usanza de la antigua religión griega, donde Zeus era el dios del Olimpo.

Jesucristo estableció que “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro” (Lc.16.13), así que un verdadero creyente, por definición, no puede someterse a un régimen totalitario. Y como para que dudas no quedaran sentenció: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Lc.4.8).

En otro sentido, un discípulo de Jesucristo al servicio del Rey de reyes y Señor de Señores estará ineludiblemente en conflicto con todos aquellos usurpadores de poder que solo se relacionan con su prójimo para sacar provecho o esclavizarlos. ¿Podrá un creyente relacionarse sanamente con estos señores que solo buscan saciarse de poder?

Es sabido que el Totalitarismo presupone la existencia y la consecuente vejación de la persona como un elemento individual que posee libre albedrío, y considera al hombre solamente en función de la sociedad. En otras palabras, el hombre es humano solo cuando socialmente les sirve para algún propósito o se pueda manipular, y nunca porque es una persona en sí.

Estos regímenes anhelan el poder para amordazar todo vestigio de libertad y desatan una persecución frenética contra todas aquellas almas donde exista alguna corriente de pensamiento independiente, aunque para ello tengan que invertir grandes recursos. Opuesto al pensamiento bíblico que sostiene: “…, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn.8.32).

El Totalitarismo busca regir toda la estructura de poder en torno al poder político, mientras que en las formas de estado democráticas este es solo una forma más de poder. Al hablar Jesús de los que ejercen arbitrariamente el poder dijo: “Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mr.10.43).

El colmo de estos asesinos de la libertad se manifiesta cuando establecen su propio concepto del derecho donde solo existe un derecho positivo que el Estado otorga a las personas, sin reconocer los derechos naturales. Soberbia concepción, pues ni siquiera el mismo Creador compromete la libertad que Él dio a los seres humanos, hechos a Su imagen y semejanza.

Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt.22.37-39). Ninguna comunión podemos tener con aquellos enemigos de la libertad, que solo buscan que sus prójimos le rindan culto.

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