Motivos para un Aniversario: El Teatro La Caridad, Feliberto Pérez del Sol.

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Sakenaf, Santa Clara, Villa Clara, 13 de septiembre de 2013, (FCP). Sobradasrazones me invitan hoy a escribir sobre el Teatro La Caridad y sus entornos, pero más que nada porque días atrás este bello recinto arribó a su aniversario 128. Construido en el lugar exacto donde existió la antigua Ermita de la Candelaria, ha sido sitio ineludible de la vida cultural de Santa Clara desde aquella maravillosa noche del 8 de septiembre de 1885 en que abrieron sus puertas.

Con su mirada leal hacía al sur de la ciudad, como si quisiera abarcar todo cuanto allí sucede, el vetusto e imponente edificio adorna más que ningún otro el lado norte del no menos hermoso parque “Vidal”. Maravilla del arte arquitectónico español contemporáneo, este coliseo goza de tal atractivo que no escapa a la vista de cuanto transeúnte lo circunde.

Por su tablado han desfilado conocidos artistas foráneos como Enrique Caruso, Sara Bernhardt, Pedro Vargas, Pastora Imperio, y otros. También célebres figuras del patio como los trovadores Frank Delgado, Pedro Luís Ferrer y Diego Gutiérrez, así como la cantante Liuba María Hevia, el grupo humorista La Leña del Humor, la Camerata Romeo, la prima bailarina Alicia Alonso o el trío Trova Rocco.

Pese a este coincidir artístico, y fruto de su arquitectónica sombra, al caer la tarde el ambiente bohemio de la cuidad hace de su lado este un espacio de grata tertulia. Allí, en un muro que le corteja casi desde sus inicios, y que desde hace bien poco le llaman con el surrealista nombre de El Malecón, suele verse a jóvenes y no tan jóvenes converger y compartir inquietudes artísticas, intelectuales y hasta sociales.

Una vez que llegas a él en dicho horario, adviertes como las tribus urbanas punk, emo, folk, orasta, conviven en una armonía tal que hacen del lugar un Babel rítmico, con la sola diferencia que el consumo de alcohol y el don´t worry be happy son denominadores comunes. Algo así como descubrir en esta pieza de hormigón la nostalgia provocada por la lejanía del mar.

Asimismo, e igual a tiempos pasados, los bajos del Teatro La Caridad están ocupados por comercios. El de su lado oeste se dedica especialmente al expendio de bebidas alcohólicas, en una moneda con la que a ningún obrero cubano se le paga, y que para la ampliación de este servicio sus encargados no han tenido reparos en desplazarse casi hasta el borde mismo de la calle.

Allí es común ver a turistas tomar un baño vespertino de sol, mientras el héroe usura por excelencia del régimen, el argentino Ernesto “Che” Guevara, los vigila desde una bandera cubana que sufre debido a la anexión de su retrato a ella. Al otro lateral, en un pequeño centro comercial, la imagen del rosarino en cuanto souvenir allí se vende pretende hacer olvidar a la verdadera gestora de tan caritativo teatro: Marta Abreu.

De esta insigne dama, la cual sufragó con dinero propio la construcción de tan humano recinto, la dirigencia comunista de la localidad jamás ha vendido una prenda de vestir referente a ella. Aun así, los hijos de esta tierra villareña hacen que la filantropía exhibida por tan noble mujer no decline nunca, aunque para ello sea necesario hacer que el sol deje salir cada mañana.

Otra instalación contigua que acompañó al teatro desde sus días inaugurales, pese a no ser parte de él, fue la escuela Santa Rosalía, centro de enseñanza gratuito para niñas pobres, sufragado por la progenitora de Marta Abreu. Si bien el origen caritativo de este plantel desapareció hace décadas una tarja en su frontón aún nos lo anuncia, solo que los servicios que ahora presta contrastan con la idea para que fue concebido, pero de eso me ocuparé en otra ocasión.

Como bien formulé en el párrafo primero, varios fueron los motivos que me hicieron glosar sobre el teatro en este nuevo cumpleaños. No quiero terminar entonces sin recordar que cada vez que se diga Teatro La Caridad debe decirse Marta Abreu, pues este es su mayor y más excelso legado al pueblo santaclareño, y si el Estado hoy aplica en él un sistema turbio de beneficio, sépase que Marta siempre desoyó los concejos del cálculo.

El Teatro La Caridad se erige en el lugar exacto donde existió la antigua Ermita de la Candelaria.
El Teatro La Caridad se erige en el lugar exacto donde existió la antigua Ermita de la Candelaria.

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