Siguen de Espaldas a la Historia, Ramón Jiménez Arencibia.

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El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 4 de octubre del 2013, (FCP).Una gran parte de la opinión pública internacional conoció, a través de los medios de comunicación que lograron vencer la pesada censura implantada en Cuba, de las atrocidades cometidas por las fuerzas represivas contra opositores pacíficos. No es la primera vez que esto ocurre en este más de medio siglo de poder castrista. Las fuerzas represivas en apoyo del régimen violan sistemáticamente la integridad física del cubano.

Nunca antes la violencia institucional y el terrorismo de Estado han sido empleados con tanta crueldad, como se realiza en el gobierno comunista de los hermanos Castro. Miles de fusilados y miles de presos políticos son testigos de esta aseveración. Gerardo Machado organizó a sus turbas y contó con porristas para atropellar a sus opositores políticos, todo con el objetivo de sostenerse en el poder.

Machado utilizó estas villanías en una escala ridícula, si se compara con el funcionamiento atroz de los actos de repudio organizados por el Partido y la Seguridad del Estado. Con las Brigadas de Respuesta Rápida y sus acciones irracionales, el país vuelve a sentir y vivir los tiempos en que las Tropas SS hitlerianas con sus ejércitos aplastaban a los pueblos de Europa.

El pasado domingo, en varias provincias de Cuba, en especial en Villa Clara, La Habana, Matanzas y Holguín, estas turbas fascistas dirigidas por el Partido y la Seguridad del Estado se ensañaron contra las Damas de Blanco y contra militantes de la oposición pacífica. Frente al grito de ¡Sean tolerantes con las opiniones contrarias!, la respuesta fue un mayor incremento de las agresiones físicas y verbales.

Dignos y valientes militantes de la oposición pacífica, luchadores por la libertad, la democracia y el Estado de Derecho, sufrieron en carne propia el sadismo de estos enemigos históricos de la humanidad. Después de golpearlos fueron sometidos a detención arbitraria por varias horas, y muchos de ellos, como a los opositores de Matanzas, los dejaron abandonados lejos de sus territorios.

Reveladoramente, la historia escrita del ser humano es la historia de sus conflictos. Sobre este particular, Marx decía que era la historia de la lucha de clases. El intelectual liberal Carlos Alberto Montaner plantea que “los acontecimientos que siempre nos estremecen, los que nos marcan, son los que tienen que ver con la lucha por el poder”.

Continúa: “A juzgar por los papeles que se conservan, todo empezó en la antigua Grecia con la Ilíada, y desde entonces no ha habido en el planeta otra cosa que Tirios y Troyanos. Batalla que ya encierra la semilla de todos los conflictos posteriores: quién manda, sobre quién se manda, cómo se manda, y cuáles son los límites de la autoridad”.

Prosigue: “¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué tenemos que ser tirios y troyanos enfrentados en un campo de batalla? Ninguna teoría será nunca capaz de explicar satisfactoriamente la conducta de las personas. Y probablemente ninguna hipótesis política podrá responder con toda claridad a las preguntas antes consignadas…”.

“…Pero de lo que se trata, de lo que siempre se ha tratado, es de evitar los conflictos, porque esa criatura permanentemente en guerra, siempre insurgida contra el resto de las criaturas, sabe que tiene que ponerle barreras a su propia peligrosidad. Porque se conoce a fondo, intuitivamente le teme al yo suelto y revoloteante de los demás congéneres.”.

En otra parte de su enjundioso estudio, Carlos Alberto Montaner hace referencia a la conducta agresiva e irracional de la policía política, las turbas fascistas y los elementos paramilitares, cuyo objetivo es aniquilar a la oposición pacífica. Por supuesto, hay razones para tenernos un profundo miedo.

Afirmaba que “…el etólogo Konrad Lawrence alguna vez desarrolló la triste teoría de que el hombre era extraordinariamente peligroso porque carecía de instintos naturales capaces de frenar su agresividad. Casi todos los animales poseen unos mecanismos biológicos insertados en su código genético que les impide la voracidad destructiva dentro de la propia especie…”.

“…Perro no come perro, dice el viejo refrán, pero debió añadir: Hombre sí come hombre”. Y no hay más que acercarse a los actos repugnantes que las fuerzas represivas del régimen ejecutan todos los domingos contra las Damas de Blanco y los opositores pacíficos para arribar a esas tristes conclusiones.

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