Cuba Sigue Siendo Blanca, Machista y Homófoba, Alexander Andrade Guimbarda.

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Santa Catalina, Santa Clara, 15 de noviembre del 2013, (FCP). Esa frase se la escuché decir a una señora en cierta ocasión. Esto me llevó a pensar que después de cincuenta y tantos años de, supuestamente, construir una sociedad que postula el igualitarismo entre los seres humanos como su basamento fundamental, esta se ha erigido sobre un terreno pantanoso.

En el tema del racismo se vuelve a develar la hipocresía y la mentira de la dictadura instaurada en Cuba por Fidel Castro. Para entender lo sucedido en este aspecto, habría que buscar en las motivaciones de este funesto personaje, ya que son las que, en esencia, han marcado la línea de acción y pensamiento del régimen cubano.

El principal interés de esta personalidad trastornada ha sido, desde 1959, conservar el poder político por cualquier medio. Instaurar un régimen de corte estalinista, sostener relaciones de vasallaje con la antigua Unión Soviética y enviar mercenarios a infinidad de países como una forma de obtener ingresos económicos, han sido algunos de estos medios.

Mantener en la más completa dependencia a la población del país con respecto al Estado, ha sido quizás el pilar principal que ha permitido al régimen sostenerse en el poder por tanto tiempo. Pero como todas las cosas, esta también tuvo su costo, y bien elevado.

Para convertirse en el dueño único del país y su gente, Castro comenzó por eliminar la propiedad privada. Sin embargo, como es el interés personal lo que produce riquezas, esto provocó un frenazo en el desarrollo de las fuerzas productivas. De ahí que los comunistas, sean como el rey Midas, pero al revés: todo lo que tocan lo destruyen.

Por lo tanto, con los magros recursos de un país y con la iniciativa privada de sus ciudadanos guillotinada, el personaje de marras tenía que buscar extrafronteras un modo de vida que le permitiera un sustento económico. Esto lo constituyó, durante varios lustros, el mercenarismo de Estado.

En los años 60, 70 y aún en los 80 de la pasada centuria, se produciría lo que la Historia registró como proceso de descolonización, donde muchas de las colonias existentes hasta entonces se independizaron de sus antiguas metrópolis. Esto fue algo que vino como anillo al dedo a los propósitos y necesidades financieras del régimen de La Habana.

Otra coyuntura que coadyuvó al éxito del máximo líder, fue la confrontación este-oeste. La necesidad de instaurar regímenes afines a la política de Moscú en los países que recién se independizaban, para que sirvieran como mercados a la ineficiente producción de las industrias socialistas, fue lo que llevó a los rusos a financiar las empresas militares castristas.

Fue así que en aquellas condiciones históricas, se convirtieron las misiones militares en el centro de gravedad de la economía cubana, como hoy en día lo son las prestaciones de servicios o trata de profesionales hacia otros países. Pero para enviar a un pueblo a la guerra se necesitaba desarrollar en este cierta clase de mentalidad.

Este negocio, o modo de vida, requería exaltar la imagen del soldado. Entonces fue que el pillo Fidel les vendió a los cubanos la bobería aquella de que éramos un pueblo enérgico y viril, con un destino histórico y heroico. Pero mientras el poeta decía que las minas del rey Salomón se hallaban en el cielo, el Comandante enviaba a sus tropas al África ardiente.

Para este negocio de exportar carne de cañón no servían ni los homosexuales, ni los religiosos, ni tampoco las mujeres que pretenden siempre mantener al esposo atado a los hijos y al hogar. Tampoco servirían en el frente de combate, a no ser como damas de compañía para satisfacer las necesidades sexuales de los bravos combatientes internacionalistas.

El hombre nuevo y revolucionario, además de ser un macho dominante y mujeriego, si fuera de piel blanca sería perfecto. Claro, esto último había que inculcárselo a la gente de manera muy subliminal pues, supuestamente, la Revolución había erradicado el racismo en la sociedad cubana.

Notablemente, en todos los censos realizados a partir de 1959, se establece que a la composición étnica de la población cubana, corresponde una gran mayoría de blancos, con un porciento mucho menor de mestizos, y otro aún menor de negros. Es lógico que a las personas les guste verse reconocidas como parte de los que son mayoría.

Es de ahí, y de las ventajas sociales y económicas que esto implica, ese afán de los cubanos por verse la piel más clara de lo que la tienen. Incluso, no dudo de que el Comandante no permitiría el desvarío de que “nuestros hermanos soviéticos” fueran a pensar que nosotros éramos un pueblo de negritos, pues con lo racistas que son hasta podrían cortarnos los subsidios.

En fin, si Cuba sigue siendo blanca, machista y homófoba, se debe a la labor realizada por la cúpula gobernante para conservar su estilo de vida parasitario. Si a estas alturas tratan de cambiar esa mentalidad en el seno de nuestra sociedad, es porque en la actual coyuntura histórica, es lo que más conviene a sus mezquinos y malsanos intereses.

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