Épocas de Cambios y de Grandes Definiciones. Ramón Jiménez Arencibia.

Ramon.jpg El Condado, Santa Clara, Villa Clara, 29 de noviembre del 2013, (FCP). En el mundo contemporáneo los cambios que se producen en la esfera de la ciencia, de la técnica y de su aplicación a través de los experimentos científicos, auguran una era de prosperidad y de progreso para el mundo. Es el resultado de los esfuerzos de la especie humana durante milenios en busca del progreso. Hoy, en el siglo XXI, la humanidad ha entrado en una nueva fase de desarrollo.

La revolución científico-técnica de alcances incalculables, podrían hacer realidad los sueños más hermosos de aquellos hombres y que anhelaron y lucharon por un mañana mejor. Un mundo totalmente libre del azote del hambre y la miseria. Estas enormes posibilidades vienen acompañadas por inmensos desafíos, con énfasis en la supresión de los aislamientos nacionales.

Esto trae aparejado el desarrollo de la competencia a niveles nunca vistos, a través de la interconexión de los mercados. Las sociedades más eficientes y preparadas, dominadoras de los grandes avances científico-tecnico, amplían la brecha existente entre los niveles de vida de los países ricos y las naciones del Tercer Mundo.

Resulta comprensible que las grandes economías desarrolladas necesitan con mayor fuerza mercados para sus sofisticadas producciones y mercancías. Por eso requiere con urgencia el avance en todos los sentidos de las naciones subdesarrolladas, ya que los pueblos con grandes núcleos poblacionales, hundido en la miseria y la ignorancia nunca podrán ser importantes consumidores de esos artículos.

Es de interés de las naciones desarrolladas, como se ve en el accionar de muchos países ricos de Europa, de Asia y de América, los problemas generados por la extrema pobreza. La miseria, estrecheces, ignorancia y penurias que enfrentan muchos países de diversos continentes, son fuente de inestabilidad social, política, y de emigraciones masivas, verdadera amenaza para la humanidad en su conjunto.

Uno de los argumentos preferidos durante años de los sectores de la izquierda de todos los continentes, es el mito de que nuestra pobreza se debe al expolio de los países ricos. Concretamente acusan a los Estados Unidos o como ellos llaman Imperialismo, de apoderarse de las riquezas de nuestras naciones. Estos epítetos, lo repiten con fuerza algunos mandatarios del área, Nicolás Maduro y Evo Morales.

Desde hace siglos los países ricos no se apoderan de las riquezas de los otros, sino las generan mediante el incremento del comercio. Toda esa pertinaz campaña que hoy alimenta la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y la izquierda latinoamericana, tiene como único fin, desatar el odio y la animadversión hacia el pueblo y la nación norteamericana.

Persisten en levantarse contra las inversiones extranjeras de las trasnacionales y contra lo que llaman ellos, injustos términos del intercambio comercial. Al contemplar el paso inevitable de la Globalización, como también los cambios que se producen en todas las esferas de la vida, sus afirmaciones constituyen ejercicios retóricos totalmente de espaldas a la realidad y a la evidencia.

Quienes hayan estudiado con profundidad la historia económica de muchos países tanto de África como de América Latina, llegaron a la conclusión de que aquellos más pobres son los que menos comercian. Estas naciones son las que menos lazos tienen con el circuito económico y financiero de los Estados líderes del planeta.

A pesar de las inobjetables realidades del momento actual, muchos piensan aún, en consonancia con el pensamiento de Evo, Correa y Nicolás Maduro, que la pobreza del Tercer Mundo, es una consecuencia de la riqueza del Primero. Plantean que esto fue logrado mediante violencias y presiones de toda índole, que se sumaba a la injusticia estructural del Capitalismo.

Esa manera de diagnosticar el origen de la pobreza del Tercer Mundo, con diversos matices de lenguaje, adquirió una total hegemonía. Vivíamos en un mundo de víctimas y victimarios, de explotadores y de explotados. Ese era el discurso de los comunistas puros y duros y de los fascistas más o menos esbozados.

Ajenos a esta época de grandes cambios, están los que siguen lamentándose del hundimiento del socialismo real en la Unión Soviética. La ciencia avanza a pasos incontenibles en los países en que cesaron las ataduras a las fuerzas productivas. Hoy se domina el mundo de la física nuclear, la ingeniería genética y la navegación interestelar, pero a pesar de este avance la humanidad apuesta al cambio.

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