Jesucristo, Nuestro Ejemplo (IV), Antonio Raúl Machado García.

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Santa Catalina, Santa Clara, Villa Clara, 25 de octubre de 2013, (FCP). Algunas más moderadas que otras, pero podemos encontrar en las distintas denominaciones cristianas mucha actuación que tiene mucho de los hombres y muy poco del Altísimo, y las personas van a sus casas sin un encuentro con Dios. Esa nunca fue la forma en que Jesús procedió en Su ministerio terrenal, siempre ministró con el ejercicio de la potestad que había recibido de los cielos.

Cuando Jesucristo entraba en escena, con una palabra los muertos eran levantados, los enfermos se sanaban radicalmente y los endemoniados eran liberados de toda posesión satánica, porque nadie hablaba y actuaba como Él. Todo esto era el producto de Su íntima relación con el Padre, la cual era de tal grado que nunca actuaban por separado.

Satanás siempre intentará conducirnos a una condición en la que nos veamos propensos a funcionar por nosotros mismos sin tener en cuenta los principios bíblicos. La tentación siempre va a estar presente, pero si decidimos permanecer en Dios, el Espíritu Santo obrará para que seamos conformados más y más a la imagen de Cristo.

Cada vez que la tentación para pecar venga a nuestras vidas, la decisión a tomar es nuestra: ¿Voy a proceder basado en mi propia capacidad, o voy a permanecer en Dios? Siempre que actuamos por nosotros mismos nos alejamos del Creador, pero si decidimos permanecer en Él, hallaremos la vida abundante. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Jn.14.6).

No somos muy dados a seguir el ejemplo del Maestro, puesto que somos muy diferentes debido a que nuestras obras se basan generalmente en nuestros propios esfuerzos. Con una autosuficiencia casi enfermiza, pretendemos lograr algo sin contar con aquel que creó “…, todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles” (Col.1.16).

Lo simple del caso es que si solo permitimos que la voluntad del Todopoderoso sea parte de nuestras vidas, descubriremos que no tendremos que forzar a la gente a buscar la bendición de lo alto, ni pelear por largas jornadas con personas poseídas por demonios. Las cosas funcionarían al confesar la Palabra de Dios con la autoridad requerida.

Nunca Jesucristo comenzó alguna obra que no pudo concluir por algún error, para luego volverla a empezar. En nombre del llamado Humanismo muchos movimientos, de tipo religioso o no, hacen innumerables marchas, conferencias, y otras actividades, sin embargo la maldad en la humanidad al parecer va en aumento.

Jesucristo vino desde la eterna gloria celestial, enviado por Dios el Padre, para mostrarnos como procede la deidad y a la misma vez revelarnos la imagen del hombre cabal, y así mostrarnos como el Creador desea que se conduzcan los hombres. “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Col.1.15), dijo el apóstol Pablo a cerca de Jesús.

Dios se propone que inmediatamente después del Nuevo Nacimiento, continúe el desarrollo de la nueva creación de manera progresiva, para que el Espíritu Santo continúe en la conformación a la imagen de Cristo. A los cristianos de Galacia, Pablo les escribió: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Ga.4.19).

Está claro que en la predicación del evangelio apostólico, las personas que habían experimentado el Nuevo Nacimiento, fácilmente podían identificarse en virtud del cambio operado en toda su forma de actuar y pensar. La norma era fácil: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2Co.5.17).

Es que el ejemplo del Mesías impacta a todos aquellos que claman a Él por salvación. A sus verdugos, mientras lo golpeaban y le hundían los clavos para crucificarlo, les decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc.23.34), y a los discípulos les enseñaba: “…, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad…” (Lc.6.27-28).

Jesús, quien marcó el inicio de una nueva era, es el modelo que Jehová Dios nos ha revelado para moldear a toda la compañía de los redimidos, a quienes batallan contra el diablo y el pecado para vivir una vida santa. Por tanto, para aquellos que nos llamamos cristianos, el reto es que Cristo debe fluir en nuestras vidas de modo que otros lo puedan percibir.

Pintura El bautismo Cristo.
Pintura El bautismo de Cristo.

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